Caminar para viajar. El mundo a escala humana

Etiqueta: Nordlandsruta

Norge Midt

LugarNoruega Centro-Norte
ÉpocaJulio/Agosto
Distancia825 km
Duración29 días

Saltfjellet

La idea fundacional de este viaje era atar cabos. Había caminado por el norte de Noruega en el pasado y había vuelto al país para recorrer algunos de los nombres más icónicos de su mitad sur. Era inmediato que me llamara la atención el espacio que quedaba enmedio y del que no sabía nada. Es esa estrecha franja de terreno entre la divisoria escandinava y el Mar del Norte donde las montañas llegan hasta la costa.

En el verano de 2023, caminé durante un mes para llenar ese largo hueco en mi historia y, al tiempo, reafirmar mi pasión por recorrer el territorio por mis propios medios.

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Norge Midt Notas sobre Material

Todo lo que me parece destacable en cuanto a técnica y material utilizado en Noruega en el verano de 2023.

Shelter – Locus Gear Khufu

La Khufu es una tienda piramidal de una plaza. Es un diseño modular en material DCF y que se puede montar sustentada en bastones de caminar. En este viaje, la utilicé con una tienda interior con paredes de rejilla y cobertura en planta de 2/3 y llevé también la pieza extra para un montaje con dos bastones en forma de V invertida.

Locus Gear Khufu

Viento

Por defecto y costumbre, utilizaba siempre los 12 puntos de anclaje, aunque el viento no fuera fuerte en el momento del montaje pero nunca se sabe qué va a pasar a lo largo de la noche y las localizaciones eran casi siempre expuestas. Por suerte, nunca tuve episodios de viento intenso en campamento y, al mismo tiempo, por desgracia, no tengo experiencia que comentar al respecto. La Khufu, bien montada y anclada, tiene un aspecto muy sólido pero habrá que esperar a otro viaje para un test serio.

Vista frontal con todos los anclajes

Lluvia

Pasé por varios episodios de lluvia fuerte y la Khufu los soportó muy bien. El factor en el que noté una mejora más importante respecto a mi anterior tienda por defecto para la larga distancia, un Trailstar de MLD en Silnylon, fue que la Khufu mantuvo, de media, un ambiente interior menos húmedo. Tuve condensación pero nunca precipitación desde las paredes, que recuerdo como un problema notable con el Trailstar.

Los factores más probables de esta diferencia importante entre ambas tiendas son la mayor inclinación de las paredes en la Khufu y el hecho de que la usaba con tienda interior, aunque fuera de paredes de micro-red. Se suele argumentar que el DCF condensa menos que el Silnylon aunque no veo ninguna razón convincente que sustente tal cosa.

Soy consciente de que las comparaciones pueden ser injustas porque las condiciones nunca son idénticas pero sí creo que he usado ambas tiendas, Khufu y Trailstar, lo suficiente como para concluir que la Khufu me mantiene más seco. Esto es importante siempre pero especialmente en sitios húmedos como Noruega donde, más allá de la incomodidad, un ambiente saturado de forma reiterada puede llegar a comprometer la función de las prendas aislantes, especialmente las de pluma.

Lado corto

Impermeable Torso – Houdini The Shelter Anorak

Recordaba bien lo vulnerable que me había llegado a sentir en Noruega en tiempo lluvioso con mis prendas impermeables ligeras habituales y tenía claro que necesitaba hacer algo al respecto así que, por primera vez en décadas, me compré un top impermeable de 3 capas, esperando mejor protección. No estoy seguro de hasta qué punto funcionó.

Este anorak es un diseño que me gusta, estilo pulóver, con corte amplio y lo suficientemente largo como para cubrir el torso bien pasada la cintura. A principio de viaje, era prácticamente nuevo.

Houdini The Shelter Anorak

Mis reservas son respecto a la impermeabilidad. Yo habría esperado que una prenda nueva, de 3 capas y una columna de 20.000 mm sería seriamente impermeable, sea lo que sea lo que eso signifique, que eso es otra. Me quedé con la impresión de que quizá no tanto.

El primer problema que noté, desde la primera prueba, es que la capa textil exterior no hacía de primera barrera, las gotas impregnaban el material inmediatamente y se difundían en superficie y hacia el interior de las fibras. Esto me sorprendió mucho. Cualquier corta-viento barato que he tenido, que ni era impermeable ni lo pretendía, gestionaba mejor esta parte. Ya sabemos que lo impermeable es la membrana pero un textil exterior saturado de humedad no es un buen comienzo.

En términos prácticos, el anorak me mantuvo razonablemente seco. Cuando me lo quité tras algún episodio serio de lluvia, tenía zonas húmedas en la prenda que llevara debajo, principalmente en la zona de los codos, pero nada catastrófico. Funcionó mejor que las prendas ligeras que venía usando. Al mismo tiempo, no cumplió expectativas.

Admito mi escasa experiencia con prendas de 3 capas y asumo que quizá esto sea lo que hay.

Impermeable Pantalón – Rab Downpour Eco

Igual que con la prenda para el torso, mi impresión era que las versiones ligeras no eran suficientes para las condiciones de Noruega y que, para tener autonomía en la larga distancia, necesitaría algo más, siempre consciente de que las piernas son menos críticas que el torso, máxime cuando el anorak cubría bien por debajo de la cintura. Dicho esto, quería sentir que podría caminar bajo la lluvia durante horas, si hacía falta, sin dar una caladura completa por garantizada.

Tampoco me compliqué mucho con la búsqueda de unos pantalones y me quedé satisfecho con un modelo con buenas críticas que pude encontrar localmente. Los pantalones Downpour Eco de Rab no son ultraligeros pero tampoco muy pesados, son un diseño simple y sin sobrecargas. El único extra que incluyen es una cremallera en la parte baja de cada pierna para poder poner y quitar por encima del calzado. Es lo único que no me gustaba, a priori, y tampoco lo hace a posteriori. Reconozco la mayor comodidad del quita-y-pon pero es algo de lo que podría prescindir. Esas cremalleras no sólo son un poco de peso extra, sucede también que están en un sitio muy propenso a ensuciarse, cosa muy mala para las cremalleras y que las puede estropear a la larga.

La solapa ayuda pero no es suficiente

Entiendo que unos pantalones impermeables no son una prenda que vaya a estar en uso continuo, con lo que, por muy mala vida que se dé a esas cremalleras, probablemente no sea por ahí por donde la prenda empiece a fallar, con lo que este aspecto negativo puede tener poca importancia real. De todas formas, de ponerles una abertura ahí, yo usaría velcro.

Doble capa impermeable

La idea aquí era llevar no una sino dos prendas impermeables para el torso, algo que pudiera usar por debajo o por encima del anorak cuando la lluvia fuera especialmente fuerte o de larga duración. Puede parecer exagerado y poco práctico pero tenía muy presente la sensación de desprotección y de estar a merced de los elementos en viajes anteriores por la zona y sentía que tenía que hacer algo más que comprar prendas convencionales de calidad. Se me ocurrió esto.

La lógica es la siguiente: todas las prendas impermeables que he usado, sin excepción, han acabado siendo superadas tarde o temprano y no esperaba que las nuevas que llevaba para este viaje fueran a ser una excepción; como mucho, esperaba que aguantaran más tiempo. Al usar una segunda pieza impermeable en el torso, que es la parte más crítica, esperaba no sólo posponer más la caladura generalizada sino quizá también buscar algún tipo de valor añadido o sinergia entre prendas.

Era un experimento del que sacar conclusiones. Soy consciente de que un viaje de alto compromiso no es el mejor escenario para hacer experimentos pero es que las condiciones del test son difíciles de reproducir fuera del contexto de un viaje de alto compromiso. La lluvia puede ser la misma y hasta puedes reproducir el tamaño de la mochila pero no la necesidad de autonomía y la dependencia de tus propios medios y eso lo cambiaría todo. En cualquier caso, se trataba de sumar, ¿qué podía salir mal?

Era un experimento interesante. Me preguntaba si la suma de las dos capas mantendría el resto seco más tiempo de lo que lo haría cada una de las capas por separado. En el menos bueno de los casos, esperaba sentirme mejor protegido, con más recursos para soportar lluvia prolongada y con la impresión de que el peso extra había merecido la pena.

Valoré diferentes opciones para la segunda pieza impermeable y me decidí por un poncho con una lógica que me parecía sólida: siendo diferente del anorak, había potencial para sinergias porque ambas prendas tienen fortalezas y debilidades diferentes. El poncho iría colocado por encima de la mochila, con lo que se la protege mejor que con cualquier cubre-mochila y, al haber mucho espacio entre poncho y persona, se potencia la ventilación. Esto último puede llegar a ser un problema en según qué condiciones si el poncho es el único impermeable pero quizá no tanto cuando es sólo la primera de dos barreras.

Elegí un poncho Frogg Toggs que tenía por ahí. El material del que está hecho es frágil pero muy ligero. El roce con vegetación que podría destruir rápidamente un poncho como éste no suele ser un problema en Noruega.

La lógica me parecía sólida. Aparte del peso adicional, ¿qué podía salir mal?

Varias cosas salieron mal. Achacables a la puesta en práctica más que a la idea.

Primera, y es una muy tonta pero importante, ponerse un poncho por encima de una mochila a plena carga puede ser ridículamente difícil para una operación tan aparentemente simple. Puede tener que ver con el alcance de mis brazos. El caso es que siempre me costaba varios intentos y una buena dosis de frustración. Es un problema que ya conocía de ocasiones anteriores usando un poncho sobre mochila grande pero es que, además, en este caso, la naturaleza del material del Frogg Toggs lo hizo peor: no es un tejido sino un material monolítico con apariencia de papel. Pesa muy poco y desliza mal, con lo que era difícil conseguir que la parte de atrás cayera por gravedad por detrás de la mochila. Con un poncho de nylon habría sido más fácil.

Segunda, el poncho que usé no era lo suficientemente grande. No tanto en longitud, que no es algo crítico, siendo que llevaba también anorak y pantalones, como en volumen, que me resultó escaso. Esto me lleva de vuelta al factor del tamaño de una mochila de larga distancia y de cabeza a la siguiente cosa mal.

Tercera, los corchetes que permitían cerrar los laterales del poncho no aguantaban mucho tirón. Esto, unido al limitado volumen de la prenda, provocaba que esos laterales se abrieran frecuentemente, dejando mis costados expuestos y, a menudo, el frente y espalda del poncho a merced del aire. Cerraba los corchetes una vez más y sólo me quedaba respirar bajito y cruzar dedos.

Todos estos problemas se manifestaban especialmente cuando la mochila estaba llena. En esas condiciones, acabé por usar el poncho como cubre-mochila sobredimensionado, dejando de lado la doble capa impermeable y sintiéndome profundamente estúpido.

Mi mochila, con el disfraz de ET

Cuando el volumen de la mochila bajaba, volvía a la idea original y mi impresión es que entonces funcionó bastante bien pero no la pude probar el tiempo suficiente como para sacar conclusiones claras sobre la validez del plan.

Selfie fantasma con ropa de lluvia

Espero volver a probar la idea la próxima vez que viaje por Noruega o un lugar/periodo con condiciones similares pero, sin duda, cambiaría el Frogg Toggs por un poncho de material tejido, con amplitud suficiente para cubrir una mochila grande y con un sistema de cierre lateral más robusto. Alternativamente, podría elegir una segunda pieza impermeable que cubriera sólo el torso, es decir, renunciar a que tape también la mochila, algo que parece una buena idea pero puede empezar a no serlo cuando la mochila es de gran tamaño.

Pantalones – Ternua Ward PT

La marca y modelo son lo de menos pero quería comentar sobre el diseño porque tenía mis dudas sobre si irían bien para caminar en verano por Noruega.

Estos pantalones son soft-shell, de doble capa, con elasticidad en todas direcciones y de color negro. A pesar de lo poco que me gustan los pantalones elásticos, estos me sentaron bien desde el primer momento en que me los probé. Aparte de eso, son de buena calidad en materiales, patronaje y construcción y son lo más cercano que puedes encontrar en ropa de montaña a una estética de estrella del rock. Mis reservas venían por la combinación del tejido de doble capa, el color negro y la falta de posibilidad de desmontar las piernas. Podían dar demasiado calor. Incluso en Noruega.

El material de doble capa y elástico, además, tarda más en secar cuando se moja que uno más fino y rígido, que es lo que ya había usado el verano anterior en la misma Noruega sin que en ningún momento sintiera que iba desprotegido.

El caso es que estos pantalones me gustaban demasiado como para no darles una oportunidad. Aparte de los problemas potenciales comentados, el resto de elementos de diseño me parecían perfectos.

Lo de estrella del rock era esto

Funcionaron muy bien y nunca me hicieron pasar calor. Cuando se mojaron, efectivamente, tardaron en secar más de lo imprescindible pero también es cierto y conocido que el material de doble capa tiene un tacto más agradable y cálido cuando está húmedo que un tejido simple.

La cuestión más importante sobre los pantalones es si los materiales de doble capa son lo mejor para el verano noruego. No tengo una conclusión clara. Quizá lo mejor es no tenerla, en el sentido de que la zona de las piernas no es muy exigente y cualquier opción razonable va a funcionar bien.

Norge Midt sección 2: Umbukta a Royrvik

Entre julio y agosto de 2023, caminé durante 4 semanas y 825 km en Noruega entre Sulitjelma, región Nordland, y As i Tydal, región Trondelag. Sobre el terreno, dividí la ruta en cuatro secciones. Ésta es la historia de mi segunda semana en el sendero, en la que recorrí la distancia entre el hotel de montaña Umbukta y la localidad de Royrvik.

Segunda semana

Pasar la noche es un concepto un tanto difuso en el verano noruego así que, digamos, lo que hago en mi habitacioncita en Umbukta es descansar, dormir bien y recuperar fuerzas físicas y mentales para continuar. Hecho esto, lo único que me queda pendiente antes de dejar Umbukta atrás es un gran desayuno, ese momento clave de cualquiera de mis días y más aún de los días en el sendero. No dejo ni las migas.

A continuación, me calzo la mochila que, con 7 días de provisiones, vuelve a ser un monstruo peludo y salgo a encontrarme con cielos azul brillante.

Gresfjellet y Storakersvatnet

La ruta roza la línea fronteriza entre Noruega y Suecia que, por lo que sea, está trazada en líneas extrañamente rectas, cortando por la mitad valles, cordilleras y lagos sin ningún criterio geográfico aparente. Hago un corto desvío para acercarme a un hito fronterizo que me recuerda aquellos idénticos que crucé en 2007 en el Nordkalott.

Hito fronterizo

Más adelante, alcanzo mis primeras vistas del Okstindan, un gran campo de hielo que cubre las cimas de la cordillera que tengo enfrente y del que fluyen varias lenguas glaciales, que son las que mi perspectiva me permite ver.

El hielo Okstindan

Pasaré el resto del día bordeando Okstindan mientras disfruto de condiciones meteo perfectas para caminar y me frustro con el trazado diabólico del sendero en un tramo en ladera que me cuesta mucho tiempo y esfuerzo así que no me quejo cuando emerjo en un valle y me encuentro con los inevitables fangales traga-pies. A Noruega hay que quererla como es. Ahora, bordeo la cara este de Okstindan.

Okstindan cara este

En los valles, nunca terminas de salir del terreno pantanoso pero, una vez en la ladera de enfrente, es fácil encontrar algún tramo seco y ya sólo tengo que buscar hueco para plantar la tienda entre los pequeños abedules con la puerta orientada hacia los glaciares.

Campamento abedul y hielo

Luz muy diferente en el mismo lugar a la mañana siguiente:

No se me ha pegado el saco, es que se hace de día muy pronto

Retomo camino y paso junto a uno de los muchos lavvu que me iré encontrando: es el refugio tradicional de pastores y cazadores locales, una estructura cónica de troncos y ramas cubierta por materia vegetal para impermeabilizar y aislar. Sería difícil interpretarlo como una construcción si no fuera por la puerta.

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La ruta abandona el fondo de valle buscando terreno seco, donde se camina mejor, aunque el objetivo final sea seguir aguas abajo. Luz y oscuridad a partes iguales.

Luz y oscuridad

Por fin, alcanzo el punto desde el que puedo ver mi siguiente objetivo, el extremo norte del gigantesco Rosvatnet:

Del catálogo de lagos noruegos, Rosvatnet

Una vez abajo, desemboco en una pequeña carretera que termina sólo un poco más alante y da acceso a unas cuantas granjas. Por debajo de los 400 m, el bosque es denso y no deja ver nada más.

Carretera terminal

Es en esta zona cuando empieo a ser consciente de un notable cambio de escenario; hasta aquí, el ambiente me resultaba familiar en relación a lo que recordaba de mi anterior viaje por el norte de Escandinavia: zonas de motaña, altiplanos desolados, dicho en el mejor de los sentidos, ocasionales visitas a valles con vegetación densa e incluso árboles para volver a subir al mundo de hierba y roca. Contadísimos encuentros con vías de comunicación modernas. Tal día como éste, según avanzo hacia el sur a lo largo de la frontera con Suecia, la altitud media es menor, las travesías de zonas altas son más cortas y me voy a encontrar una carretera que viene del oeste casi en cada valle.

Esta nueva rutina será mi realidad durante los próximos 100 km, hasta llegar al Parque Nacional Borgefjell. Caminaré realtivamente cerca de zonas rurales aunque, dicho sea todo, el ambiente rural de Noruega no tiene nada que ver con el del sur de Europa pero será lo menos remoto que haya atravesado en esta parte del mundo. Al mismo tiempo, me sentiré menos arropado, siquiera porque estaré fuera de la red de refugios.

Con todo esto en mente, cruzo una zona de montaña para bajar al siguiente valle donde, de nuevo, encuentro un par de granjas y una carretera de acceso; esta vez, de grava.

Famvassdalen

Aquí encuentro también cobertura de datos y puedo consultar la previsión meteo, que anuncia lluvia para la mañana siguiente. Por el momento, se limita a un gris uniforme poco amenazador. Busco y encuentro un trozo de terreno seco entre los abedules para plantar la tienda sobre el brezo, descansar y hacer planes de contingencia para evitar mojarme mucho al día siguiente.

Campamento abedul y brezo

Por la mañana, el nublado es intenso y ciertamente tiene pinta de llover. Salgo pronto para intentar llegar a un sitio a cubierto antes de que la cosa se ponga fea.

De vuelta a la oscuridad diurna

Al hilo del comentario previo, cabe mencionar que estaré fuera de la red de refugios DNT1 durante aproximadamente una semana. Habrá refugios de emergencia y pasaré por lugares con alojamiento básico en granjas y campings pero nada parecido a la confortable regularidad de las zonas cubiertas por los refugios DNT, en las que lo habitual es encontrar uno cada 15 o 20 km. En ese plan, un episodio de lluvia se puede prever con escasa preocupación porque nunca estará lejos la opción de ponerse a cubierto. No va a ser así durante prácticamente dos semanas.

En esta ocasión, por suerte, hay un refugio abierto a sólo 4 h de camino desde campamento. Cuando llego allí, después de una última hora bajo la lluvia, me alegro de ver que sigue los estándares de confort noruegos, incluyendo un buen porche en el que dejar todo lo mojado.

Buen sitio para un día lluvioso

Sólo es media mañana pero no tendría problema en quedarme aquí todo el resto del día si sigue lloviendo. El pronóstico para la tarde no es concluyente así que aún espero que mejore lo suficiente para que me lo ponga fácil si quiero seguir. Mientras, aprovecho el tiempo de secado para descansar y comer.

Irán llegando más senderistas mojados, hasta tres, todos ellos en ruta NPL2 en dirección norte. Encienden la chimenea, cosa que yo no había hecho. Por eso y por lo que comentan, parece que piensan en dar el día por amortizado y quedarse a pasar la noche, cosa que comprendo. Caminar la longitud completa de Noruega es una empresa difícil y justifica descansar en un refugio cuando te dé la gana. Yo aún no lo había descartado pero, si no había encendido la chimenea, era porque prefería seguir listo para salir a la menor oportuidad.

Pasado mediodía, la lluvia era más suave y el cielo, claramente menos gris. Me pareció suficiente para decidir continuar. Tenía por delante una travesía larga por terreno expuesto pero también el colchón de una granja con alojamiento a menos de 20 km. Podía salir regular pero no mal.

Esta sección de la gran ruta a lo largo de Noruega tiene nombre propio, Nordlansruta, aunque es una denominación que aparece poco en la señalización. Es sólo la segunda vez que la veo nombrada y la propia señal tiene una pinta más artesanal que normativa:

Por la hierba

Cruzo otra carretera, esta vez no terminal sino una de asfalto que cruza hacia Suecia, cuya frontera está a menos de 3 km. Estrecha y muy poco frecuentada.

Mientras, ha dejado de llover y el cielo está menos oscuro. Para cuando subo a las montañas, las nubes ya tienen agujeros y el sol ilumina la hierba.

Última parte del ascenso

Me alegro mucho por las condiciones benignas porque esta travesía es muy bonita y habría sido una lástima pasar por aquí encapuchado y sin ver nada. Mientras dura el sol, apoteosis brillante de verdes y azules por terreno herboso con poca roca por el que es muy agradable caminar.

Hierba y agua

Buen terreno para caminar

Las nubes se juntan y oscurecen de nuevo y me cae un buen chaparrón en el descenso, lo que me ayuda a decidirme por el comodín de la granja Tverrelvnes, que tiene albergue. Caerá algún chubasco más pero, para entonces, ya estaré a cubierto.

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Seré el único inquilino esa noche.

Tverrelvnes está al final de una pista de grava que da acceso a varias granjas. Hay cobertura de datos y puedo consultar las únicas noticias que me importan por el momento, las del pronóstico meteo, y parecen concluyentes: lluvia intensa y persistente a partir de mediodía del día siguiente así que busco planes para estar a cubierto para entonces. No será difícil, el siguiente valle está a sólo 12 km y allí tengo el camping Grannes. No tengo ni idea de cómo es pero siempre suele haber cabañas de madera en los campings.

Con esta previsión y plan tranquilizador, paso una mañana muy agradable caminando bajo una luz espectacular por el contraste con las nubes negras.

Nubes oscuras, luz brillante

Señal Nordlandsruta

Garsmarkelva

Todavía luminoso

Éxito total. Llego a Grannes a media mañana antes de que empiece a llover.

Grannes Camping

El lugar no tiene mucho glamur, por decirlo suave, y aunque la localización es hermosa, el cesped estupendo y los chalets grandes tienen buen aspecto, las dos o tres cabañas pequeñas están bastante decrépitas pero la mía tiene todo lo que necesito, incluyendo un pequeño porche para ver llover y una chimenea para estar calentito y secar cosas mojadas. Tengo claro que no me voy a mover de aquí hasta el día siguiente y cruzo dedos para que la lluvia haya pasado para entonces.

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Llovió durante el resto del día y gran parte de la noche. Pasé una tarde agradable estudiando mapas y echando el rato en el porche, con la única pega de que en Grannes no había ningún servicio de nada y eso significaba que no podía darme a la comida, que es lo que me pedía el cuerpo. En el sendero, comer lo justo es lo natural; en un alojamiento, es contraintuitivo. Hattfjelldal, un pueblo grande, estaba a sólo 25 km pero ni había transporte público ni la carretera tenía apenas tráfico así que intentar ir allí y volver en el día parecía más problema que solución. No me moví de Grannes.

A a la mañana siguiente, seguía lloviendo pero, según el pronóstico, amainaría más tarde. Con esa esperanza, salí a esquivar charcos, intentando mantener el calzado seco, aunque fuera sólo los primeros minutos.

Grannes mojado

La lluvia paró y el mix de nube y luz que vino a continuación fue de esos que dan sentido a un paseo por las montañas, empezando por las vistas hacia el valle del que había partido y siguiendo por otro precioso paso de montaña.

El valle en proceso de secado

Torrente de las tierras altas

En el descenso hacia el siguiente valle, tengo un primer encuentro con la que va a ser mi realidad durante los próximos 10 días: un sendero inexistente en zonas con mucha vegetación donde el progreso es lento y pesado. Sería un pequeño infierno con tiempo lluvioso pero, en condiciones favorables, sólo requiere algo de adaptación mental y aceptar que aquí no es posible caminar a 4 km/h.

Con todo, y por el momento, sigo en la red de senderos y no faltan infraestructuras clave como un este pequeño bote de sirga para salvar un canal entre lagos demasiado ancho como para poner un puente:

Sin remos

Un valle transversal más y otra pista de grava que, esta vez, necesito seguir durante varios km antes de retomar sendero. Acampo en la última zona elevada que me queda antes de meterme en fangales a las puertas del Parque Nacional Borgefjell.

22:30 h

6:30 h

Borgefjell es una extensa área sin infraestructuras, no hay senderos ni señalización. Acostumbrado al punto de apoyo que suponen las rutas marcadas, da cosica meterse ahí pero soy consciente de que la clave de la dificultad o su ausencia está más en la meteo que en cualquier otra cosa. Salvo los puntos de acceso, es todo terreno elevado, lo que suele significar suelo firme, vegetación escasa y progresión sencilla, aunque también mucha exposición, lo que hace que el factor meteo sea especialmente importante. Mejor que no te pille un gris ahí arriba.

De momento, mis últimos kms en la red de senderos son de los peores que haya caminado, lo tienen todo: roca, vegetación, fango y más tráfico del que puede soportar, lo que es extremadamente inhabitual en Noruega; de hecho, es la primera vez que lo veo. Los pozos de barro tragan la pierna entera.

Barrizal profundo

El sendero acaba en la orilla del Tiplingelva. Al otro lado, Borgefjell. Cruzo el puente colgante en una mañana soleada.

Río Tiplingelva, frontera de Borgefjell

Río Tiplingelva, Picos de Borgefjell

La travesía de Borgefjell fue uno de los momentazos del viaje. Una vez en las zonas altas, es un paraíso montañero de belleza ininterrumpida que me trae recuerdos de paisajes similares a lo largo del Nordkalott, allá al norte.

Paisajes de Borgefjell

Paisajes de Borgefjell

Aparte del potencial de problemas meteorológicos, el único obstáculo significativo en lugares como éste son los ríos. Aunque sea el cauce alto, pueden ser grandes y difíciles de cruzar. El Ranserelva es el único importante que me encuentro y tiene un puente pero necesitaría un desvío de varios kilómetros y prefiero vadear. Con mucho cuidado.

Vadeo del Ranserelva

Me llevó el día completo cruzar esta esquina de Borgefjell. Me lo tomé con calma. Después del último collado, me llovió un poco pero nada serio. Mi mejor día de montaña en mucho tiempo.

Austero y remoto, mi mejor día de montaña en mucho tiempo

Más paisajes de Borgefjell

Aún más paisajes de Borgefjell

Sigo caminando en Borgefjell

Para cuando llegó la hora de acampar, hacía frío y bastante aire. Una plataforma de brezo seco cerca de la orilla del enésimo lago.

Campamento junto a Virmavatnet

El amanecer es muy desapacible, con viento, frío, chubascos y, a ratos, niebla.

Virmavatnet con niebla

Mi itinerario es ya valle abajo y de salida. Cambio de región, de Nordland a Trondelag aunque, evidentemente, sobre el terreno no hay ninguna señal, ni de esa frontera ni de nada más. El ambiente va cambiando, como de costumbre al descender, y van apareciendo los árboles y los fangales. Alterno la elección de ruta entre la libertad de la línea recta por el terreno fangoso pero abierto y, cuando me canso de esto, las elevaciones donde piso tierra firme pero hay más vegetación. Seguiré campo a través por lo que resta de día y me alegro de comprobar que, aunque trabajoso, el terreno es practicable.

Setas coloridas

Hacia mediodía, alcanzo Namsvatnet y el final del descenso hasta la frontera sur de Borgefjell:

Virmaelva desembocando en Namsvatnet

El mundo humanizado está en el extremo opuesto del lago, 21 km de camino que preveo muy duros porque serán campo a través en altitud relativamente escasa, por debajo de los 500 m.

Esperaba dificultades aquí. Sobre mapa, es una mezcla de bosque y zonas pantanosas y tenía en mente un ejercicio continuo de elección entre malo y peor, sin tener muy claro cuál era cuál. Ciertamente, hizo falta adaptación emocional a las circunstancias pero, dicho esto, no fue tan mal y me alegré mucho de haber recorrido este tramo que, por lo que comenté con otros senderistas, muchos evitan, aprovechando que hay embarcaderos en ambos extremos de Namsvatnet para hacer el trayecto en barca.

Tras la mañana plomiza, el cielo se aclaró y tuve un tiempo estupendo durante la tarde, lo que, sin duda, ayudó. Los bosques de coníferas eran densos pero una cosa interesante de la vegetación a nivel de suelo es que es siempre de tallo blando y nunca espinosa, así que siempre se puede pasar. Incorporo esta parte de cultura senderista noruega a mi bagaje.

Vista atrás hacia el norte

Bosque denso

Playa en Namsvatnet

Vista atrás a través de Namsvatnet, Borgefjell al fondo

Algodón silvestre

Denso pero transitable

En el extremo opuesto de Namsvatnet, alcanzaré una pista que me llevará a una carreterilla y, finalmente, a la localidad de Royrvik. Antes de todo eso, un campamento más.

Otro campamento junto a un lago

Puesta de sol a las 21:30 h

Una mañana luminosa y pacífica:

Amanecer a las 5:30 h

Sólo quedan 17 km hasta el pueblo y son fáciles: en cuestión de minutos, llego a una pista de grava que me lleva a una carreterilla que luego me lleva a otra. Qué fácil es caminar por asfalto.

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Royrvik es el único pueblo por el que pasaré en todo el viaje. Es un sitio pequeño y sin una trama urbana tal cual la conocemos en el sur de Europa. Tiene un supermercado y un hotel, que es prácticamente todo lo que necesito. Llego allí a media mañana de un domingo y tengo que esperar al día siguiente para las compras así que todo lo que me queda por hacer es nada, que es una gran cosa que hacer tras una semana de mucho trabajo en el sendero.

Iglesia y cementerio en Royrvik

Limingen Gjestegard es el lugar. Gjestegard es el equivalente al término anglófono Guesthouse y Limingen es el nombre del inevitable lago local. Es un sitio encantador. Una vez más, continuando la tendencia de este viaje, está muy poco concurrido. Principios de agosto tampoco parece ser temporada alta en esta región.

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El descanso me sienta genial. Soy consciente de que la semana siguiente puede ser durísima y la parte clave de este viaje así que dejadme que reponga fuerzas:

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El pronóstico del tiempo es de lluvia fuerte y persistente para el día siguiente. Tomo la decisión consciente de no preocuparme. No por el momento.

Norge Midt sección 1: Sulitjelma a Umbukta

Entre julio y agosto de 2023, caminé durante 4 semanas y 825 km en Noruega entre Sulitjelma, región Nordland, y As i Tydal, región Trondelag. Sobre el terreno, dividí la ruta en cuatro secciones. Ésta es la historia de mi primera semana en el sendero, en la que recorrí la distancia entre la localidad de Sulitjelma y el hotel de montaña Umbukta.

Primera semana

Sulitjelma es un enclave minero en una localización típicamente noruega, la estrecha franja de terreno llano entre la pared del valle y el lago que ocupa todo lo demás. A 67 grados norte, está medio grado más allá del círculo polar. Había llegado allí a media tarde de un sábado tras un par de buses desde la costa, la ciudad de Bodo, donde había aterrizado por la mañana en un vuelo desde Oslo.

En Sulitjelma, el ambiente era gris oscuro y el pronóstico, de lluvia pero con dos refugios a corta distancia, la opción obvia era comenzar a caminar inmediatamente, no sin antes darme un último atracón en el supermercado. Pasaría una semana antes de poder volver a hacer algo así.

Parada obligatoria antes de partir

Se puso a llover a los pocos minutos de empezar a caminar y ahí tuve mis primeros conflictos, con la meteo noruega y con mi toma de decisiones. En lugar de hacer las cosas bien, lo que hubiera implicado ponerme toda la ropa de lluvia, tiré por esa calle de enmedio del «bah, si sólo es un rato» y sólo me puse una parte. Habría sido suficiente si me hubiera limitado a los primeros 4 km hasta el primer refugio disponible pero decidí también seguir una hora más hasta otro más pequeño y remoto. Salió de aquella manera.

Menos mal que la ruta estaba bien señalizada porque la montaña se había fundido con la nube y no se veía nada.

Langvatnet y Sulitjelma

Mucha niebla

Llegué a Lomihytta mojado, congelado y muy descontento con la experiencia, al mismo tiempo que aliviado de estar bajo techo y de haber encontrado el refugio, que estaba apartado de la ruta lo suficiente para ser indetectable en la niebla. Me costó hasta con GPS.

Refugio en la niebla

Lomihytta era un refugio pequeñito pero a la altura de los estándares noruegos de confort y me rescató del malhumor que llevaba. Me fui a dormir esperando mejores condiciones para el día siguiente.

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Por la mañana, sigue nublado y lúgubre pero no llueve y la niebla ya sólo cubre las cimas. No es el ambiente más acogedor posible pero, técnicamente, son buenas condiciones para caminar. Inicio mi primer día completo en el sendero.

Mañana gris en Lomi

Al sur de Lomi, la ruta atraviesa la típica zona alta noruega, muy rocosa y donde prácticamente no hay sendero físico aunque sí una correcta señalización. Claro que, para ver las señales, hace falta visibilidad. En condiciones como las de la tarde anterior, en este tramo, habría ido a tientas. Más o menos necesaria, me alegro de volver a la compañía de esos viejos amigos que son los hitos con la marca DNT1. Me voy a pasar un mes siguiéndolos.

Hito con marca DNT

La ruta desciende en un par de puntos a la zona cabecera del mismo valle en el que comencé viaje el día anterior, en ambas ocasiones alcanzando el bosque de abedules y sendos refugios DNT. Paso de largo de ambos y continúo adelante todo lo que me parece razonable para un primer día completo. Siempre hay que tener cuidado con las jornadas iniciales de viaje, cuando el cuerpo aún no está acostumbrado a las tensiones y esfuerzos de la actividad, para evitar lesiones que, aunque leves, te dan luego la lata durante todo el viaje. En el verano de Noruega, además, como tarda tanto en hacerse de noche, es fácil pasarse.

Acampo en los páramos que rodean Ballvatnet, nombre propio con la marca geográfica que denota que se trata de un lago, apenas visible al fondo de la escena. El suave relieve no da para mejores perspectivas.

Primer campamento del viaje

Mi estado de ánimo va con el gris del ambiente pero, objetivamente, puedo estar contento: todo va bien y puedo celebrar que estoy aquí, haciendo esto.

La noche es corta, no muy oscura y no parece suponer ninguna inflexión en el ambiente: cuando salgo de la tienda, todo sigue igual.

Primer amanecer en campamento

La ruta abandona el campo abierto que rodea Ballvatnet y cruza un collado somero para empezar a descender por un valle. Vegetación cortita y terreno cómodo para caminar. Por un momento, el nublado parece aclararse pero la idea no le dura mucho y pronto vuelve al gris oscuro.

Vegetación corta y terreno cómodo para caminar

Valle abajo, la vegetación es más alta y densa y eso son malas noticias: está saturada de agua y es imposible no rozarse con ella continuamente, con el resultado inevitable en estos casos: empapado de la cintura para abajo. Ni siquiera parece que haya llovido, tiene más pinta de condensación en ambiente opresivo. Es como si el propio aire fuera pesado. Con todo, el entorno es bonito, especialmente el río, al que he visto nacer y un rato antes y ya se va haciendo grande.

Skaitielva

Voy tan calado que siento que tengo la excusa perfecta para otra noche de refugio. Me viene bien porque pasaré por uno al final de la jornada y, además, tampoco sería fácil acampar en este entorno tan frondoso sin una segadora, no hay apenas suelo acampable. Que luego siempre se encuentra algo pero, como el bienestar emocional suele depender mucho de las perspectivas sobre el futuro inmediato, pensar que puedo terminar el día a cubierto, seco y cómodo, me anima mucho y camino más contento que hasta entonces.

Curiosamente, según avanzo aguas abajo, la vegetación está más seca, hasta el punto de estarlo del todo y mi ropa se va secando también. Para cuando llego al refugio Trygvebu, la sensación de incomodidad ya ha desaparecido pero seguiría siendo complicado buscar hueco para acampar y me meto dentro sin dudar. Estaría mal no poder fiarme de mis propias auto-promesas.

Refugio Trygvebu

Trygvebu es un refugio al borde de zonas habitadas, hay una pista de grava y una granja en las proximidades, incluso tiene tendido eléctrico. En una noche de lunes, hay otros montañeros ya instalados y la chimenea está encendida. Estaré muy bien allí.

Chimenea en marcha en Trygvebu

A la mañana siguiente, veo, por fin, el sol por primera vez desde que llegué a Noruega. En la vida urbana de la meseta ibérica, el sol es algo que no celebro especialmente, es algo que casi doy por descontado. La vida en el sendero es diferente y, en Noruega, más aún. En estas condiciones, me alegro por la presencia del sol y me pone de buen humor.

Cielo azul por fin

Mi valle desemboca en Junkerdalen, arteria troncal este-oeste donde cruzo mi primera carretera. Hacia el este, la frontera con Suecia está a unos pocos kms. También cruzo Graddis Fjellstue3, donde me había hecho la peli de que quizá tuvieran una cafetería donde hacerme una ronda de café y tarta, ese clásico del sendero, pero, aunque el lugar parece en funcionamiento, no veo ninguna puerta abierta ni indicio de lo que busco así que paso de largo. Siendo finales de julio, me pregunto cuándo será la temporada alta en sitios como éste.

Junkerdalen, a su vez, desemboca en Lonsdalen, el principal corredor norte-sur de la región, aunque la ruta senderista ataja por tierras altas, con estupendas vistas a las montañas de Saltfjellet hacia el oeste, antes de bajar al valle principal, con la carretera E6 y la línea de tren entre Trondheim y Bodo.

Buen camino, magníficas vistas

En Lonsdal hay estación de tren. Podría haber aprovechado para acercarme a Rognan, unas pocas estaciones al norte, para reaprovisionar pero deseché la idea desde el principio, es una línea de larga distancia en una zona poco habitada y no hay muchos servicios, probablemente habría tenido que hacer noche en el pueblo y no merecía la pena.

Pasado Lonsdal, inicio la subida hacia Saltfjellet y el punto más alto de toda la ruta mientras se va nublando. Desaparecen los árboles y la vegetación va siendo más corta. Doy por terminado el día antes de la ascensión final y de que el ratio hierba/piedra decrezca demasiado y planto la tienda en el que resultaría uno de los sitios de acampada más bonitos de todo el viaje.

Campamento en Saltfjellet

Una mañana más y las nubes, en esta ocasión, aparecen rotas, dejando mucho hueco para cielo azul. Retomo camino en un escenario magnífico.

Montañas de Saltfjellet

La zona alta es típicamente escandinava: un collado somero, amplio y muy largo. El lugar es impresionante de por sí pero, además, la luz coopera para ponerlo bonito así que dejadme que pegue no una imagen sino una serie:

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El descenso es sobre un relieve también muy suave. La ruta entra en el dominio de Saltfjellet pero no se dirige hacia los picos y campos de hielo en el oeste sino que gira hacia el sur a lo largo de un valle donde pronto alcanza el límite del bosque de abedules y cruza un par de veces el Kjempaelva, el río de rigor, sobre los típicos puentes colgantes.

Kjempaelva

Puente sobre el Kjempaelva

La ruta abandona el fondo de valle para volver a zonas más elevadas donde hay más exposición pero la vegetación es menos densa y se camina mucho mejor. Con meteo tranquila, es un cambio a mejor y la luz sigue ayudando con las fotos.

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Visto mapa, sé que me estoy acercando al Círculo Polar pero no tengo ni idea de si estará señalizado. Cuando veo al fondo un letrero de madera a modo de puerta sobre el sendero, intuyo que va a ser ahí. No sólo eso sino que hay franjas herbosas perfectas para acampar y, aunque no parezca que es tarde, llevo más de 12 h caminando y 38 km, más que suficiente para que sea el momento perfecto para decidir parar y pasar una última noche al lado norte de la línea esa.

Círculo Polar

Campamento del Círculo Polar

Lo de pasar la noche era un decir pero sí que hay un ciclo de cena/sueño/desayuno. No es la primera vez que cruzo el Círculo Polar pero sí la primera que lo hago a pie, lo que da más lustre al simbolismo.

La ruta me lleva de nuevo al valle principal, donde cruzo la E6 y la vía de tren una última vez. El nublado ligero de la mañana ha evolucionado hacia el oscuro pero con nubes rotas que dejan pasar el sol.

La siguiente sección en altura es muy estética y fácil de caminar, con mucho cesped y poca roca. Hacia el este, a un par de kms en línea recta, la línea extrañamente recta que marca la frontera con Suecia.

Hierba, sin roca

No hay tregua en la meteo noruega. Incluso en un día tranquilo como éste, se juntan nubes y cae un chaparrón. A veces, el fenómeno es tan local que lo puedes ver en el horizonte cercano y esperar que no te alcance. Desciendo hacia Virvatnet4

Chubasco bajo los focos

En las orillas del lago, paso por mi primer episodio, en este viaje, de apocalipsis-mosquito. Me apresuro a salir de allí, esperando que alejarme del agua, ganar altitud y una posible brisa hagan que los insectos desaparezcan pero tienen el día tonto y nada de eso parece suficiente. Tras 37 km, planto la tienda en un sitio cómodo y bonito pero no puedo estar cómodo hasta que me encierro dentro. No todo iba a ser perfecto en Noruega.

Perfecto excepto por los mosquitos

Nubes y claros al inicio de la siguiente jornada, transicionando a cubierto según cruzo un collado secundario, rocoso y con lago panorámico. Sigo rumbo al sur.

Un poco de luz

Lago sin nombre

Por la tarde, el cielo se polariza: grandes claros pero también grandes nubes con desarrollos verticales típicos de situaciones de tormenta así que no me sorprende del todo cuando, mientras descanso un rato para comer algo, suena un trueno. No voy a correr más que la tormenta pero, si la cosa se va a poner fea, mejor estar en sitios expuestos el menor tiempo posible así que recojo rápido y sigo adelante. Aún tengo que cruzar un collado elevado.

Independientemente del tiempo, tengo claro que esta próxima noche será bajo techo. El refugio Sauvas me cuadra perfecto, tanto para terminar la jornada presente como para dejar un día corto para la siguiente, final de sección, y sobre mapa tiene muy buena pinta: altitud elevada y en zona lacustre. Con esta previsión imbatible, no me enfado mucho con la meteo cuando los chubascos me empiezan a rodear.

No me cojes

Era cuestión de tiempo que me acabara lloviendo y lo hizo en la zona del paso de montaña pero fue precipitación suave y me mojé pausadamente. Luego, los claros y la luz:

Luz tras la tormenta

Para cuando llegué al refugio, ya casi me había secado, el tiempo se había tranquilizado y no tenía ninguna razón objetiva que justificara meterme dentro por delante de mi opción por defecto, que siempre es la acampada, pero está bien darse un lujo alguna vez porque sí y el sitio es muy especial:

Ostre Sauvatnet y los refugios

Me puse cómodo en la casita pequeña. El cielo se despeja y, a casi 1000 metros de altitud, la temperatura baja mucho, lo que da especial sentido al fuego de la chimenea.

Sauvasshytta

Me tuve que quedar levantado hasta muy tarde pero esperé a la puesta de sol.

Puesta de sol en Sauvas

Esta vez sí que hay diferencia entre anochecer y amanecer: por la mañana, niebla intensa y no se ve nada aunque, para cuando salgo a caminar, se ha levantado lo suficiente para despejar el suelo y poder ver a dónde voy. Serán sólo 12 km.

Sauvasskardet

A media mañana, llego a la carretera E12 a la altura de los edificios de Umbukta Fjellstue, de donde no me pienso mover hasta el día siguiente. Me he ganado un descanso.

Umbukta Fjellstue

Umbukta es un sitio acogedor, de tamaño pequeño y aspecto austero, muy lejos de la mayor parte de Fjellstue por los que he pasado en otros viajes, que solían ser más grandes y pintones. Es un sábado y el lugar está muy poco animado. Una vez más, me pregunto si la temporada alta es en algún otro momento o si esto es lo normal.

Sea cual sea el ambiente, tengo todo lo que necesito y las prioridades muy claras: comer, recoger mi envío postal, ducha, colada, comer otra vez, relax, comer algo más. La caja con provisiones que envié una semana antes nada más llegar a Bodo está esperándome en el sótano. Su no presencia es casi lo único que podría haber ido mal.

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El menú no es nada sofisticado pero sobra decir que no necesito exquisiteces, me va perfecto con dos rondas de la misma hamburguesa, una para comer y otra para cenar. No dejé una miga.

Segunda ronda

Umbukta fue una estación maravillosa. Tuve ocasión de coincidir con otros dos senderistas en ruta NPL5 y comentar cosicas del sendero, un rato estupendo. Me gustan mis medios-días de descanso.

La primera parte del viaje quedaba atrás y me sentía muy bien, física y emocionalmente.

Norge Midt: cifras varias

Al final de cada jornada, hago algunas anotaciones. Como mínimo, me sirven para saber en qué día estoy si la electrónica me deja tirado. Los datos que acompañan a la fecha son muy básicos pero, cuando los pongo todos juntos, salen algunas cifras interesantes.

Notas de campo

Primero, la ruta final; después, la estadística.

Ruta final

Seguí el itinerario E1 casi al pie de la letra, con variaciones en los tramos campo a través demasiado pequeñas como para que merezca la pena intentar dibujarlas. El punto de partida, como estaba previsto, en Sulitjelma, región Nordland. El punto final resultó As i Tydal, región Trondelag

Distancia: 825 km

Ésta fue la distancia efectiva de viaje si me fío de las mediciones de las aplicaciones de cartografía. La distancia caminada es de 10 km más a causa de quedarme bloqueado ante un río crecido, peligroso de cruzar, en medio de una tormenta, el día 26 de viaje. Tuve que retroceder hasta el refugio más cercano y repetir al día siguiente, ya sin problemas.

Días: 29

Días efectivos de viaje a pie. Caminé todos los días salvo los de llegada y salida del país.

Media: 28.5 km/día

Calculada en base a la distancia efectiva de viaje. Me quedé algo por detrás de mi intención de promediar 30 km/día. Si saco de la cuenta el día 1, en el que empecé a caminar a última hora de la tarde, la media llega a 29 km/día.

Distancia más larga: 38 km

Acontecida el día 5 de viaje. Hubo también varias jornadas de 37 km.

Días completos: 21

En los que no hice nada más que caminar.

Días cortos: 8

Incluyo aquí aquellas jornadas en las que caminé menos distancia de lo habitual, caminé durante menos horas o ambas cosas, desglosados así: los días inicial y final, los dos días que incluyeron una parada para reaprovisionar y cuatro en los que di la tarea por terminada pronto debido a la meteorología. Algunos de estos últimos fueron más difíciles que muchos días normales.

Días con lluvia: 19

Estos incluyen cualquier tipo y cantidad de lluvia. Dicho de otra manera, hubo sólo 10 días en los que no llovió nada. De los 19 en los que sí, la lluvia fue intensa o de larga duración en 11.

Noruega es un sitio húmedo por todos los flancos.

Lluvioso y oscuro

Acampadas: 18

Acampar era, como de costumbre, mi por-defecto y en este viaje ha sido la opción en casi 2/3 de las noches, el ratio más alto de todos mis viajes en Noruega hasta ahora. Por lo que sea.

Saltfjellet-Svartisen

Pernoctas en refugio: 7

Siempre que sentía que me hacía falta una noche en refugio, me la concedía, sin hacerme muchas preguntas. Siempre solía ser por razones meteorológicas pero a veces también porque me apetecía el confort de un refugio o me parecía que necesitaba un descanso de la exposición que supone estar ahí fuera durante mucho tiempo seguido en un sitio que no siempre lo pone fácil. Alivio instantáneo para el cansancio por acumulación.

Refugio Holden

Noches en alojamientos: 3

Dos de éstas fueron planeadas, coincidiendo con un día corto que incluía reaprovisionamiento y descanso. La otra surgió sobre la marcha al final de una jornada lluviosa.

Limingen Gjestegard, Royrvik

Reaprovisionamientos: 2

El primero, un envío por correo a Umbukta, un hotel de montaña, en el día 8. El segundo, una compra en supermercado de buen tamaño en la localidad de nombre Royrvik, día 16. Ambas localizaciones directamente en ruta.

Supermercado en Royrvik

Las provisiones para la última semana de viaje fueron saliendo de la despensa de algunos de los refugios por los que pasé, a falta de una opción mejor y habida cuenta que, en Trondelag, muchos de los refugios contaban con despensa.

Días en los que no me encontré con nadie: 1

Esto sucedió en el día 19, al norte del Parque Nacional Skjaekerfjella. Paradójicamente, ese día comencé camino desde un refugio tipo albergue, localizado en una pequeña población, pero madrugué mucho y no había nadie por allí. Nadie en los senderos ni fuera de ellos en todo el día.

Días en los que me arrepentí de estar haciendo esto

Esto no viene de mis notas, esto es un recuerdo y uno muy claro: ninguno. Que no se me olvide.

Norge Midt: Aspectos Destacados

Durante el verano de 2023, recorrí la franja fronteriza entre Noruega y Suecia allí donde la vertiente noruega es más estrecha, a veces sólo unas pocas docenas de kilómetros entre divisoria y mar. He dejado reposar los recuerdos y ahora los desentierro. El resultado es esta selección.

Norge Midt

Una línea continua de pasos

Hay una especial sinergia en el hecho de seguir una línea ininterrumpida por un tiempo relativamente largo, empezando en un sitio y terminando en otro diferente con la sensación de que éste está a medio mundo de distancia de aquel.

Además, hay algo único en esto. En su aspecto más básico, se trata de que caminar no sea sólo ir de acá para allá por sitios bonitos, que está muy bien, sino que signifique algo más, el propósito del viaje. Profundizando más, me topo con esta idea, que me gusta, de afrontar lo que el terreno y sus condiciones propongan: transitar por el medio ambiente en sus propios términos.

Nada de esto es exclusivo de este viaje, aplica en cualquier sitio, pero sí hay un matiz interesante: en Noruega, puede no ser fácil. Esto le da un valor especial.

Escenario

Iba a usar como título el más obvio «Paisajes» pero, según desarrollaba lo que quería expresar, acabé poniendo este otro, un cambio sutil pero lleno de significado. La gracia de este viaje ha estado no tanto en el espectáculo de una región inherentemente espectacular como en el discurrir por el territorio normal, un escenario en que el viaje sucede.

Mesetas de Borgefjell, donde el viaje sucede

Esto no es algo que me resulte nuevo pero quizá sí en un viaje por Noruega, cuyo estereotipo es de lugar de postal permanente y así había sido en mis anteriores visitas. En esta ocasión, parte de la idea era intentar ir más allá del tópico y ver qué pasaba, lo que me hace pensar más en escenario que en paisajes y me lleva al siguiente punto.

La Noruega menos obvia

Resulta que no se trataba sólo de valles glaciales, lagos y paredes de roca, caminar por Noruega también puede ser rutinario y lo mejor es que, incluso entonces, resulta muy atractivo e interesante.

Éste era mi tercer viaje en esta parte del mundo. En los anteriores, la mayor parte de los recorridos habían sido por altas latitudes, zonas elevadas o ambas cosas a la vez. En las cifras más bajas había un mundo diferente con elementos como bosques de coníferas o de abedules, granjas, páramos infinitos y mucha más agua de la que el terreno puede asumir. Caminar por allí ha sido, de media, menos espectacular y más dificultoso que en zonas de viajes anteriores pero me ha parecido que tenía el valor añadido de lo auténtico y me he alegrado mucho de haber visitado esta otra cara del país.

Región Sylan

Fuera de los senderos

Esto está aquí sobre todo porque tiene un significado importante, ya apuntado en el comentario sobre la línea ininterrumpida de pasos: el significado de caminar por el territorio en sus propias condiciones, las que se presenten. En lo que afecta a la ausencia de senderos, no es sólo por lo obvio, que no haya traza física o señales, sino también, y casi más aún, por la disponibilidad limitada de refugio a cubierto por periodos bastante largos. En un sitio como Noruega, esto lo cambia todo.

Caminar campo a través es algo que, probablemente, no habría elegido, de haber tenido opción, pero también me intrigaba ver qué tal se daba. El hecho de que se tratara de secciones de una ruta establecida ayudaba a saber que, como mínimo, sería caminable, sin obstáculos insalvables, que es lo único realmente importante para quienes, viniendo de fuera, no tenemos conocimiento profundo del territorio como para poder saber qué esperar. El resto no es más que el incentivo adicional.

Por aquí

Me pasé la parte central del viaje, aproximadamente un tercio del total, caminando mayormente campo a través. La vuelta a la red de senderos se convirtió en mi faro, ese objetivo por el que seguir adelante cuando la cosa se ponía fea.

Todo sea dicho, el monte a través en Noruega puede no ser muy diferente de las rutas marcadas pero sí es un aspecto más, y uno de mucho peso, que añadir a la lista de dificultades potenciales. Si todos los demás factores estaban de cara (meteo estable, terreno seco, vegetación baja, sin obstáculos orográficos importantes), caminar campo a través podía ser sencillo y agradable pero esa alineación de planetas, si se da, no suele durar mucho en Noruega. Cuando la cosa se ponía complicada, si había que añadir a la lista habitual de dificultades la falta de senderos, marcas y refugios, se hacía duro. Para mí, fue difícil, a veces.

En retrospectiva, me ha parecido importante haberlo caminado todo, incluso lo difícil. Ha sido una parte integral del viaje sin la éste habría sido algo muy distinto.

Acampar

Es un aspecto clave, siempre lo es pero, en este caso, amplificado por lo bonito del entorno y por la sensación acogedora de que acampar al final de cada día es lo natural. Hacer hogar en las montañas y descansar tras de una jornada de mucho trabajo.

Un giro interesante que aplica especialmente a la acampada es el de hacerte con el lugar y, en Noruega, tiene más truco del que pueda parecer a primera vista. Para alguien nativo de regiones donde la tierra firme es algo que das por garantizado, no deja de ser un impacto inicial, aunque no sea la primera vez, caminar y acampar en un lugar donde todo parece un infinito y gigantesco fangal. A veces parece que ¡no hay tierra firme! Pero siempre hay algo y ahí viene esa pequeña parte de aprendizaje progresivo para leer el terreno, identificar los sitios buenos desde la distancia e incluso saber qué esperar a vista de mapa. Más allá de lo meramente técnico, esto es también una maravillosa forma de conectar con el lugar por el que caminas.

Buscar tierra firme

Refugiar

Sé que aquí me voy a repetir con respecto a textos similares de viajes anteriores pero dejadme enfatizar (otra vez) lo importante que es la infraestructura de refugios en un sitio como Noruega. Añadiría que «para mí» porque sé que esto va mucho con el carácter de cada cual pero me he cruzado con suficientes compas de sendero con quienes he compartido la misma sensación como para no sentirme solo en esto.

En verano, las condiciones son, en general, buenas para el viaje a pie, la acampada es maravillosa y todo lo que queráis pero es que, simplemente, había momentos en los que sentía que necesitaba estar a cubierto, fuera por algún episodio meteorológico traumático o fuera por acumulación. En tales momentos, contaba con la red de refugios de Noruega y el simple hecho de saber que estaba ahí hacía la vida en el sendero mucho más llevadera.

Pasé algunos de mis mejores momentos del viaje tomando un café caliente junto a la chimenea. Eso es mucho decir para una experiencia cuyo objetivo principal era estar ahí fuera.

Lo que sea junto a la chimenea

Diversión de Tipo 2

Viajar a pie por Noruega es duro, nada que no supiera ya, pero sigo volviendo a por más. Parece claro que me gusta el lugar. Con sus cosas.

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