A diferencia de los hidrocarburos, el alcohol no se obtiene por extracción sino por destilación. Puede ser, por tanto, considerado como una energía más limpia y de carácter renovable. Nuevamente, el poder energético está en los átomos de carbono de sus moléculas. El alcohol, a diferencia de los hidrocarburos, contiene oxígeno, un átomo que no aporta energía pero sí peso. El alcohol es, por tanto, un combustible menos eficaz, por unidad de peso, que los hidrocarburos. Es, también, menos explosivo, quema con menos facilidad pero también de forma más pacífica. No produce apenas sonido alguno y su llama es casi invisible a la luz natural (sí es visible en la oscuridad). El alcohol, al contrario que los hidrocarburos, por tanto, sí puede ser quemado como líquido. No tengo muy claro por qué pero intuyo que la menor cantidad de energía contenida es lo que lo posibilita. El alcohol, huelga decir, es líquido a temperatura y presión ambientes. Desconozco sus temperaturas de congelación y ebullición.Sí sé que una combustión cualquiera permite hacerle hervir, como se verá más abajo, ya que esta es una propiedad utilizada en ciertos modelos de quemadores de alcohol.

Quemador de alcohol y soporte caseros

A causa de estas características, la infraestructura necesaria para quemar alcohol es minúscula: estrictamente, basta un cuenco metálico; verter y encender. No obstante, para conseguir un aprovechamiento energético óptimo e, incluso, disponer de cierto control sobre el hornillo, es necesario un poco de ingeniería.

El alcohol habitualmente utilizado para su uso en hornillos es conocido en España como alcohol de quemar. En los casos que conozco, se trata de alcohol metílico 100%. El alcohol etílico, de fórmula ligeramente diferente, quema, por lo que yo sé, más o menos igual pero no se usa para quemar porque no es tóxico (el metílico sí lo es) y se puede beber. Es, de hecho, el alcohol de beber y, a cuenta de los impuestos que arrastra, es infinitamente más caro que el metílico o que la variante que supone mezclar ambos, de forma que se convierte al etílico en no apto para el consumo (y, por ello, barato; cosas de la economía). El alcohol de quemar, sea 100% metílico o cualquier mezcla, es muy barato.

Hornillos y contenedores de combustible

Como digo, un quemador de alcohol puede ser tan básico como un simple cuenco que no se funda (esto es, metálico). Puede bastar incluso con un molde de pastelitos, de esos aluminizados. Si echamos ahí el alcohol y le prendemos fuego, se quema tranquilamente, produciendo una llama azul sólo visible en la oscuridad. No explota ni arde de forma violenta ni necesita regulación alguna. Bastaría con colocar el cazo encima y ya estamos listos.

Este quemador «a cielo abierto» no ofrece, sin embargo, ningún control sobre la combustión y, aunque no tengo esto demasiado claro ni corroborado con números o experimentos personales, creo que no es la forma más óptima de aprovechar la energía contenida en el alcohol. Para todo ello, se utilizan diseños varios.

Algunos de los más populares son los denominados presurizados ya que emulan la forma de funcionar de los hornillos que usan hidrocarburos: lo que se prende no es el alcohol líquido sino el gas. Se hace hervir al alcohol mediante calor de forma que el gas resultante salga por orificios (similares en concepto a los de un quemador de gas o de hidrocarburo líquido vaporizado) y ahí se prende. Tenemos, así, una llama distribuida y controlada. Cuanto menores sean los orificios, más lenta será la combustión. El quemador es un contenedor cerrado con los citados orificios en su parte superior; una vez llenado, se le aplica calor desde el exterior de forma que el alcohol contenido dentro hierva.Esto se suele hacer, habitualmente, colocando el quemador sobre una bandeja de precalentamiento sobre la que haremos arder, por ejemplo, y ya que está a mano, un poco de alcohol.

Otra forma de controlar la combustión es limitar el aporte de oxígeno. El oxígeno es el comburente universal de todos estos combustibles, el elemento necesario e imprescindible para que se produzca la combustión. Algunos hornillos permiten limitar el aporte de oxígeno como forma de ralentizar la combustión, con el efecto análogo a cerrar parcialmente la válvula de un hornillo de gas.

Los únicos hornillos de alcohol comerciales y fáciles de encontrar que conozco son los populares Trangia. No sé si habrá alguno más, aparte de la multitud de pequeños fabricantes semi-artesanos (o sin «semi») que pululan por América.

En cuanto al combustible y su transporte y almacenamiento, no puede ser más sencillo: basta una botella cualquiera. El plástico sirve. Cualquier plástico, de hecho, aunque conviene no exagerar y elegir uno en el que confiemos que no van a producirse grietas con el uso.

Uso

El alcohol es un combustible limpio y bastante seguro ya que no puede explotar, en condiciones normales. La precaución principal, al manejarlo, es evitar derramarlo y, si se derrama, no dar fuego a nada hasta que se haya limpiado todo. El alcohol obliga a ser muy consciente de la operación que se está realizando porque su combustión no produce sonido y su llama no se ve, salvo en la oscuridad, y es sorprendentemente sencillo olvidar que estamos quemando combustible, con las consecuencias, fáciles de imaginar, que eso puede tener.

Algunos hornillos permiten apagar el fuego y aprovechar el combustible restante, devolviéndolo a su contenedor; otros, más simples, obligan a dejar consumirse todo el combustible que se haya vertido en el quemador. En estos, es importante aprender a usar el hornillo de forma que podamos predecir cuánto combustible se va a usar para no desperdiciarlo. No es tan difícil como pueda parecer.

Si ya he apuntado que la protección contra el viento es siempre importante, en los hornillos de alcohol es crucial. Supongo que el menor poder calorífico del alcohol, comparado con los hidrocarburos, le hace más sensible al viento. Es, prácticamente, inconcebible un hornillo de alcohol sin dicha protección, que se considera, por tanto, parte del hornillo; lo otro sería un simple quemador. El alcohol no explota así que no hay problema en envolver el depósito/quemador con la pantalla. La única precaución debe ser permitir el alimento de oxígeno.

Habitualmente, las pantallas cortaviento integradas de los hornillos de alcohol cubren desde la base hasta algo más allá del fondo del cazo de forma lo más ceñida posible a este, admitiendo una pequeña holgura para la evacuación de gases residuales y tienen agujeros de ventilación junto a su base, para el aporte de oxígeno. Así, la pantalla funciona también, al igual que en los otros tipos de hornillos, como reflectante y contenedor del calor generado, que revierte en el cazo en cierta medida en lugar de dispersarse al entorno.

Problemas

Algunos son comunes a los enunciados para el gas; otros, específicos. Recordando:

Frío

Hay cierto vacío (en mis conocimientos, al menos) en lo que respecta al uso del alcohol en ambientes fríos. Tradicionalmente (esto es, no soy sólo yo), se ha considerado que el alcohol no funciona en dichas condiciones en base a que su poder calorífico es menor que el de los hidrocarburos. Y si ya los hidrocarburos ligeros (gas) tienen problemas, qué no tendrá el alcohol… sin embargo, recientemente, he sabido de experiencias que apuntan al contrario, lo que me ha dado que pensar.

En realidad, el problema de los hidrocarburos ligeros en el frío es que no alcanzan su estado de ebullición espontáneamente pero tampoco es factible forzarles a ello a base de calor por el peligro de explosión. No así con el alcohol. Como ya he explicado, el alcohol se puede quemar en estado líquido y arde plácidamente. En los quemadores presurizados, se utiliza una fuente de calor externa (un poco del propio alcohol, por ejemplo) para calentar el alcohol líquido dentro del quemador y llevarlo a ebullición; a partir de ahí, es el alcohol vaporizado lo que arde y el propio calor de la combustión mantiene la ebullición del combustible líquido. Y, entonces, yo me pregunto: ¿qué problema plantea el frío? Sin duda, dificulta al líquido llegar al punto de ebullición y se necesitará más combustible para conseguirlo pero ¿lo imposibilita? y, más importante, una vez llegados a ese punto ¿se mantiene la ebullición? Si la respuesta es sí, querría decir que el alcohol es perfectamente utilizable en condiciones de frío, a pesar de que la ortodoxia diga lo contrario (pero ya sabemos, hay muchos ejemplos, que la ortodoxia no siempre va por buen camino).

Es posible, a pesar de ser utilizable, que el rendimiento del alcohol baje en condiciones de frío intenso hasta un punto en el que no es lo suficientemente eficaz pero no he corroborado esto con experiencias directas.

En definitiva, el comportamiento del alcohol ante el frío es algo que no tengo nada claro y estoy, en realidad, reflexionando sobre ello más que aportando datos.

Viento

Es un problema y, en realidad, no lo es. La solución es sencilla y sin contraindicaciones pero incluyo este apartado como recordatorio de la importancia crucial de proteger al quemador de alcohol del viento; sin esta protección, nos quedamos con un hornillo inútil ante la más ligera brisa. Pantalla cortaviento obligatoria.

Manejo

El manejo es menos inmediato que con otros tipos de combustible. Creo que la expresión más gráfica y adecuada es “menos aséptico”. Como explico en más profundidad más abajo, este es un inconveniente en parte físico, en parte subjetivo. Con el alcohol, ves el combustible, lo tocas y te manchas con él, a diferencia de los hidrocarburos, encerrados en sus contenedores y alimentados por válvulas, bombas de succión… el alcohol hay que verterlo, como si fuera agua; medir la cantidad, cuidar de que “caiga dentro”… hay a quienes este proceso atrae por lo que significa de conexión con lo que estás haciendo, no hay apenas elementos extraños que nos aíslen del hecho de que estamos quemando un combustible, ves y eres responsable de todo lo que haces. Este es un aspecto casi filosófico.

Por otro lado, algunos diseños (más simples y, normalmente, ligeros), ofrecen pobre o nulo control sobre la llama. Sólo sirven para calentar agua. Suficiente, si eso es todo lo que necesitamos hacer.

Toxicidad

El alcohol metílico es tóxico por ingestión. Esto no debiera ser un problema; eso sí, ¡etiquetar bien la botella donde lo llevemos! Pero también por inhalación o contacto. No es que nos vaya a derretir la piel si cae una gota, no es ácido sulfúrico, pero no conviene estar demasiado expuesto a él. Si se nos derrama encima, limpiarlo bien. Yo he encontrado que me afecta a las mucosas (nariz, ojos…), con irritación y sensación desagradable. Es algo que no me gusta pero no debiera ser un problema en el limitado contacto que se tiene con la sustancia y teniendo un poco de cuidado que, de todas formas, es bueno tener.

Consideraciones

El alcohol es rival directo del gas. Los hidrocarburos líquidos juegan en una división diferente, al márgen de los acérrimos que los usan siempre, pero eso es otra historia. A la hora de evaluar los pros y contras de un hornillo de alcohol y del alcohol como combustible, es útil compararlo con las prestaciones del gas.

Como queda dicho, el alcohol tiene menos poder energético que los hidrocarburos. Esto significa que produce menos energía por unidad de peso, es decir, que para calentar lo mismo que con gas o gasolina tendremos que llevar considerablemente más cantidad (y, por tanto, peso). Como contrapartida, la sencillez del hornillo hace que este sea muy ligero y las características del combustible hacen que se pueda guardar y transportar en un envase sencillo y ligero también. Estos ahorros de peso pueden compensar lo primero. Habitualmente, Los cálculos para ver dónde está la divisoria a partir de la cual el gas resulta más «ligero» que el alcohol son complejos porque hay que tener en cuenta muchos factores: hay pesos consumibles (el combustible), que van disminuyendo a medida que se gasta, y pesos fijos (hornillo y envase), que tenemos que cargar igual todos los días. A grandes rasgos y asumiendo como constantes un montón de variables, para una persona y en periodos cortos resulta más ligero el alcohol; a partir de cierto número de días, es más ligero el gas. Atención: con alcohol, suele ser fácil, una vez se tiene algo de práctica, elegir exactamente la cantidad que se necesita y llevar sólo eso (más un poco, por si acaso) mientras que, con gas, estamos atados a la capacidad de las bombonas que hay en el mercado y a lo que nos vaya quedando en las que tenemos en casa. Ya digo, es complejo.

Luego está el factor subjetivo: el gas es más fácil de usar, más aséptico; no ves el combustible, no lo tocas (como mucho, lo hueles un poco, al acoplar y desacoplar el hornillo, que siempre se escapa algo), no te lo echas por encima por accidente… el alcohol te conecta más con la naturaleza de lo que estás haciendo, para bien y para mal. Se suele decir que el gas es para todo el mundo; el alcohol, no. Cuando estoy preparando el material para una salida de, pongamos, dos días, reúno los elementos del hornillo de gas y los del de alcohol; ante la importante diferencia de peso y lo estúpido de llevar ese pedazo de bombona para hacerme una cena y un desayuno, acabo eligiendo el alcohol. Luego, al final del primer día, cansado, en semipenumbra y según baja la temperatura ambiente, pienso en tener que empezar a cacharrear con el alcohol y, si tengo comida de sobra, acabo comiendo algo frío y pasando de la cena deshidratada. En ese momento, soy consciente de que esto nunca me pasaría con el hornillo de gas. Éste es tan insultantemente sencillo de usar, tan predecible, tan aséptico (de nuevo, ese concepto) que lo utilizo con toda la naturalidad del mundo, casi como la cocina de casa. Lo armo de noche, si hace falta, y hasta desde dentro del saco, si hace frío. Al final, lo más estúpido ha sido llevar un hornillo y combustible que no he usado, por ligeros que fueran.

Esto es sólo un ejemplo, totalmente personal y subjetivo, y considerando que estaba utilizando un hornillo de alcohol hecho en casa y, debo reconocer, un poco engorroso y no muy eficiente; supongo que las cosas no serían así con un hornillo de alcohol comercial o uno, en cualquier caso, mejor hecho que el mío. Aún así, el factor engorro es algo a considerar con los hornillos de alcohol. De nuevo, no son para todo el mundo

Muy importante: el alcohol es infinitamente más fácil de encontrar que el gas. Se puede comprar en supermercados, ferreterías… alcohol de quemar. No sé para qué lo usa la gente pero ahí lo venden. En caso de emergencia, se puede quemar alcohol de desinfección (aunque no quema bien, porque lleva añadida agua), licores (caro combustible) y algunas otras cosas que contienen mayoritariamente alcohol.