Glacier Peak desde Liberty Cap, Northern Cascades
Viajar a Pie

 

Hornillos y combustibles

El combustible

la necesidad de combustible no es algo absoluto: se puede prescindir totalmente de él, especialmente en la estación cálida o climas benignos pero, en cuanto nuestro viaje se extiende durante varios días, la posibilidad de transportar alimentos deshidratados o liofilizados, para cuya regeneración necesitamos algún tipo de combustible, compensa con creces el peso de este y del material necesario para quemarlo.

No se trata, por tanto, de una cuestión subjetiva del gusto por comer caliente sino de una consideración práctica: el agua que no llevamos (al deshidratar los alimentos) y que, idealmente, podemos recoger del entorno, pesa mucho más que un hornillo y el combustible necesario para calentar el líquido y retornar a los alimentos a un estado comestible.

Establecida la conveniencia de transportar algún tipo de combustible y medios para usarlo, vamos a ver de qué opciones disponemos. Cada opción será discutida según sus pros y contras en lo que respecta a los aspectos básicos de poder calorífico, transporte, modo de uso, disponibilidad, hornillo/quemador necesario, etc.

Gas

Descripción

Cuando hablamos de gas, nos referimos habitualmente a hidrocarburos que, a temperatura ambiente y en condiciones normales de presión, se encuentran en estado gaseoso. Su nombre (hidrocarburos) refleja su composición química, basada en carbono e hidrógeno. Es el carbono el que atesora la energía y, al mezclarse con el oxígeno ambiente, libera calor y productos de residuo (CO2 y CO).

El gas se obtiene por extracción y, para su uso comercial, sufre un proceso de refinamiento. Es un combustible fácil de usar y bastante seguro, limpio en el uso y razonablemente ligero, según condiciones. Su principal desventaja está en sus problemas con las temperaturas bajas. La diferente cantidad y disposición de los átomos de carbono e hidrógeno y la presencia o no de algún otro elemento es lo que diferencia las moléculas de los diferentes gases y también lo que les confiere sus características de poder calorífico, volatilidad, etc. Los gases típicamente usados para su utilización como fuente de energía son el butano y el propano. En ambos casos, el principio de funcionamiento es el mismo: el gas es guardado en una bombona metálica que lo mantiene bajo presión; a causa de dicha presión, el producto se encuentra en estado líquido (cosa que podemos fácilmente comprobar si agitamos una bombona; parece como si estuviera llena de agua). Esto es un aspecto importante: el gas ocupa un gran volumen y, si lo guardáramos a presión ambiente, o bien tendríamos contenedores monstruosamente grandes o cantidades ridículas de combustible. Cuando se abre la válvula correspondiente, el líquido se libera de la presión que sobre él ejercen las paredes de la bombona y ebulle, esto es, se convierte en gas; así, sale a través de la válvula donde, con la conocida operación de causar una chispa, se provoca la combustión, que durará mientras se mantenga el aporte tanto del combustible (el gas) como del comburente (el oxígeno). El butano y el propano tienen fórmulas ligeramente diferentes. No me las sé y aunque es fácil encontrarlas tampoco me interesan, salvo como curiosidad y como razonamiento físico de sus diferentes propiedades. Son estas propiedades las que me interesan y cómo afectan al funcionamiento del producto.

Atendiendo a este criterio, las diferencias fundamentales son: el propano ebulle a una temperatura mucho más baja que el butano y ejerce más presión sobre las paredes del contenedor. La primera juega a nuestro favor; la segunda, en contra. Ahora vemos cómo y por qué. El propano ebulle (esto es, pasa de líquido a gas) a presión ambiente a una temperatura de alrededor de -40ºC mientras que para el butano esta temperatura es de aproximadamente -1ºC. Resulta curioso, acostumbrados a considerar como "ebullición" lo que hace el agua a partir de los 100ºC, de forma que asociamos el concepto de ebullición a dicha temperatura... pues no. Eso es verdad para el agua pero otros elementos tienen otras propiedades y el propano ebulle a -40ºC y el butano a -1ºC. Esto es muy importante: recordemos que, para que podamos usar propano o butano como combustible, debemos prender moléculas de los mismos en estado gaseoso. Debo decir que no sé muy bien por qué es así (esto es, por qué no se puede prender el propano/butano líquido... ¿o se puede? no sé qué pasaría) pero tomémoslo como axioma, así es como funcionan los hornillos convencionales de gas. Problema inmediato: ¿qué pasa con el butano cuando hace una temperatura inferior a -1ºC? esto no es una circunstancia rara en absoluto, según el clima y la estación. Pues lo que pasa es que abres la válvula y... ¡no pasa nada!. El butano no ebulle, no sale por la espita y el hornillo no funciona. El gas no es gas, se mantiene en estado líquido, dentro de la bombona y nos quedamos sin comida caliente... o, directamente, sin comida.

Bueno, pues entonces, usamos propano, ¿no?. Si el propano ebulle a -40ºC, mucho frío tendría que hacer para que no funcionara... el problema del propano es la otra característica mencionada: ejerce más presión que el butano sobre las paredes de la bombona que lo contiene. Esto provoca que las bombonas destinadas a alojar propano sean gruesas y, por tanto, pesadas, lo cual las hace muy inadecuadas para su transporte a la espalda. El propano es el gas típicamente usado como fuente de energía en climas fríos y, en el campo, cuando no hay que transportar la bombona en la mochila (por ejemplo, en campings donde podemos llegar en coche).

En definitiva, en lo que nos interesa, el senderismo de largo recorrido, es el butano el gas más utilizado. De ahí la negativa fama de los
hornillos de gas como no adecuados para la época fría; no obstante, como casi siempre, se trata de llegar a un compromiso: ni sólo butano ni sólo propano. Las bombonas actuales utilizan, habitualmente, una mezcla de tres gases diferentes: butano, propano y/o isobutano (que ebulle a, aproximadamente, -12ºC). El butano suele comprender el 70% del contenido y el resto suele ser propano o éste y el isobutano. De esta forma, se consigue mantener el gas en estado líquido (y, por tanto, a un volumen razonable) con una bombona razonablemente ligera y, en teoría, el gas no dejará de ebullir por debajo de -1ºC, ya que, a partir de ese punto, el propano y el isobutano seguirán haciéndolo normalmente y, repito, en teoría, arrastrarán en su ebullición al butano.

Esa es la teoría. Desafortunadamente, no parece que la práctica la corrobore siempre. Los diferentes gases no están disueltos unos en otros sino mezclados de alguna otra forma no muy uniforme (no conozco detalles) y es conocido el fenómeno según el cual, a temperaturas frías, se consume el propano mientras el butano se queda dentro. Si esto sucede, el hornillo funciona aparentemente bien hasta que el propano se termina y entonces nos empezamos a preguntar cómo es que ya no funciona si ¡aún está casi lleno! Existen posibles soluciones a este problema pero las describiré más tarde, en el apartado de uso y problemas potenciales.

Hornillos y bombonas

Los quemadores de gas son muy sencillos. Su estructura depende de la bombona utilizada pero, básicamente, constan de una columna metálica por la que ascenderá el gas. En uno de sus extremos, se conecta a la bombona y en el otro cuenta con un quemador que actúa también como difusor del gas en ebullición, para distribuir la llama en un área más grande. Finalmente, la columna cuenta con una válvula que permite regular la cantidad de gas que pasa así como cerrar completamente.

El tipo de bombona condicionará el enlace entre bombona y hornillo. Aquí entramos ya en arenas movedizas. Hay varios tipos diferentes y, lo peor, no estoy siquiera seguro de cuántos... sobre todo, cuando empiezo a tener en cuenta las bombonas de propano, que no he usado nunca (por lo dicho antes; no son prácticas para llevar a la espalda por peso excesivo). Centrándome en las bombonas de butano o mezclas de este con propano/isobutano, recopilo cuatro:

  1. válvula autosellante con rosca
  2. válvula autosellante sin rosca
  3. sin vávula
  4. válvula del modelo Extreme Exponent de Coleman
  1. La válvula autosellante con rosca es un cuasi-estándar. Lo es en el sentido de que numerosos fabricantes lo siguen y sus bombonas y hornillos son intercambiables... pero no son las únicas. Es la válvula también llamada tipo Lindal. Se trata de la típica pieza metálica circular en la parte superior de la bombona, con un labio exterior y una depresión, en el centro de la cual está la válvula propiamente dicha, que tiene una rosca en su cara exterior y un pequeño orificio destinado a la salida del gas. Este orificio tiene un mecanismo de cerrado automático y sólo se abre cuando es empujado hacia adentro por la pieza del hornillo que encaja ahí. Más o menos, como las válvulas de las ruedas de una bici. La rosca sirve para asegurar el hornillo en su sitio. Al ser autosellante, cuando desenroscamos el hornillo, la válvula se bloquea, de forma que los podemos guardar, hornillo y bombona, de forma separada.
  2. Es prácticamente igual que la anterior (yo creo que exactamente igual) salvo que no hay rosca. El hornillo se sujeta mediante una abrazadera que se acopla al labio exterior de la válvula de la bombona. Este es el sistema que usa la marca CampingGaz y que hace a sus hornillos y bombonas incompatibles con (casi) todos los demás. El "casi" es porque hay algún hornillo que funciona en ambos tipos de válvulas y hay también un adaptador que permite acoplar hornillos de válvula Lindal a los de válvula tipo CampingGaz. Más sobre esto después.
  3. La bombona no tiene válvula, sólo una pequeña depresión donde es más fina destinada a pinchar el hornillo. El hornillo debe, por tanto, contar con algún sistema para adherirse de forma permanente y estable a la bombona (sólo con pinchar no basta) y no puede ser retirado hasta que se consuma el combustible.
  4. El hornillo Extreme Exponent de la marca Coleman es único en su clase y cuenta con bombonas específicas y válvula específica también... creo! aunque nunca he visto una lo suficientemente de cerca. Más sobre esto después, también.

Al márgen del factor determinante del tipo de válvula, hay bombonas de varios tamaños y también formas. No me voy a meter con las perforables porque no las conozco apenas. CampingGaz hace muchas bombonas diferentes pero no sé si todas están enfocadas al senderismo. Las que sí me consta que lo están (mezcla butano/propano) son, al menos, dos, de tamaños medio y grande (aprox. 250 y 500 gr. de combustible, respectivamente). Entre las bombonas con válvula Lindal, las hay de (aprox.) 125, 250 y 500 gr. de combustible. Los hornillos son todo un mundo. Los hay más grandes, más pequeños, más ligeros o más pesados... en el fondo, tampoco hay mucho que diseñar si se acude a lo básico. Un quemador más grande contribuirá a distribuir la llama en un área más grande, lo que lo hará eficiente para cazos más grandes, pero también hará al conjunto más pesado. Los hornillos más ligeros del mercado pesan menos de 80 gr. y, con quemador grande, los hay por unos 130 gr. Algunas consideraciones de diseño interesantes:

Uso

Los hornillos de gas son lo más sencillo del mundo: acoplar, abrir válvula, prender y listo. Son limpios (no dejan residuos sólidos de combustión), razonablemente silenciosos y bastante seguros. Además, su llama puede regularse con mucha precisión, desde fuego muy bajo hasta plena potencia. Son muy rápidos de montar y desmontar y, unos más que otros, compactos para el almacenaje.

Problemas

1. Frío

Ya ha quedado explicado el asunto: a bajas temperaturas, el combustible no ebulle espontáneamente y esto inutiliza el artefacto.

Tradicionalmente, se ha considerado a estos hornillos no aptos para condiciones invernales, allá donde regularmente se esperen temperaturas por debajo de cero C, pero hay alguna solución. Por un lado, lo ya apuntado sobre las mezclas de gases en el combustible. Utilizar propano puro no es una opción ya que la bombona pesaría demasiado. Hay una serie
de trucos para conseguir que un hornillo de gas funcione hasta temperaturas bastante más bajas que cero C:

Un fenómeno curioso del que no conozco los detalles es que el combustible, al evaporarse, produce un enfriamiento de la bombona. En temperaturas benignas, no tiene mayor importancia pero, si hace frío, es un factor que juega en nuestra contra, añadido al frío ambiental. No conozco el razonamiento físico pero supongo que el combustible, al vaporizarse, absorve cierta cantidad de energía en el proceso.

Los hornillos de gas remotos (conexión por mangera) ofrecen algo más de flexibilidad para proteger a la bombona del frío. Podemos, por ejemplo, aplicarle calor corporal. Estrictamente, es posible también con los tradicionales acoplados sobre la bombona pero es más complicado. Creo que es autoexplicativo.

Hay, al menos, un combo bombona-hornillo de gas que funciona perfectamente en tiempo frío: es el modelo Extreme Exponent de Coleman. Se basa en que la vaporización del combustible no se deja al albedrío de un fenómeno natural (que depende de presión y temperatura) sino que se realiza de forma activa, mediante un tubo vaporizador. Es un hornillo con conexión remota, por manguera. El combustible sale de la bombona en estado líquido y así llega al tubo vaporizador, situado junto al quemador. No conozco más detalles pero supongo que utiliza el propio calor de la combustión para favorecer la ebullición del combustible. Es un hecho que funciona.

2. Viento

Cualquier llama es sensible al viento. Supongo que, dependiendo del combustible utilizado, algunas lo serán más que otras pero es evidente que si el viento tumba la llama y esta (o parte de esta) no alcanza su objetivo, el fondo del cazo, no cumple su misión. El viento es un gran enemigo de los hornillos y es imprescindible protegerse de él, de alguna forma.

Tradicionalmente, se ha considerado a los hornillos de gas muy sensibles al viento. No conozco del todo la sensibilidad intrínseca de la llama con respecto a la de otros combustibles, aunque creo que esto depende de la potencia energética y de combustión y, en ese sentido, el gas es casi tan potente como los hidrocarburos líquidos y considerablemente más que el alcohol. En cualquier caso, no es este el factor principal. El problema asociado a los hornillos de gas ante el viento es la supuesta imposibilidad de añadir una pantalla cortaviento. Este es, en mi opinión, uno de los más estúpidos bulos del mundo del material de aire libre.

Los fabricantes lo imprimen en veinte idiomas y cuatro colores, tanto en bombonas como en libretos de instrucciones de uso de hornillos: no apantallar la bombona por peligro de explosión. Y bien: ¿quién quiere apantallar la bombona? es la llama lo que necesitamos proteger. Incomprensiblemente, se ha extendido la idea de que, como no se puede apantallar la bombona, no hay forma de montar un cortaviento. Es un aviso que aparece en catálogos, libros, sitios web... sólo me lo explico como resultado de la inercia del mercado: los fabricantes advierten hasta la saciedad, por cuestiones legales, y el mensaje cala tanto que nadie se molesta en pensar en diseñar una pantalla adecuada. No es tan difícil. Es más, es insultantemente fácil, es seguro y funciona bien, no sólo como cortaviento sino como mecanismo de retención del calor para un mejor aprovechamiento. Ver aquí.

Sea como sea, es fundamental proteger la llama del viento. Si no se dispone de una pantalla ex-profeso, apañar algo: abrigos naturales, piedras, una colchoneta aislante, la mochila... y cuidado de no quemar nada. El peligro de derribo del hornillo se multiplica pero queremos calentar las cosas y, sin cortaviento, podrá ser hasta casi imposible, según condiciones.

3. Disponibilidad de combustible

Este es uno de los grandes problemas del gas como combustible. Paradójicamente, uno no relacionado con nada intrínseco al propio gas, las bombonas o los hornillos sino a su especificidad. Puede ser difícil encontrar gas. En España, habitualmente, sólo las tiendas de montaña especializadas lo tienen. Tiendas que, habitualmente, abren 8 horas al día y cierran los domingos y que sólo se encuentran en ciudades o, como mucho, en alguna zona de montaña popular. No es sólo cuestión de encontrar gas sino de encontrar el formato que necesitamos. Lo más estándar son las bombonas que montan válvula Lindal pero siguen siendo algo muy especializado. En Francia, casa del CampingGaz, es posible encontrar estas bombonas en supermercados pero no tengo muy claro en cuáles ni si tienen todos los modelos. La cosa se complica mucho más si usamos algo tan específico como el mencionado hornillo Extreme Exponent de Coleman.

Un problema común se da cuando, para llegar al destino de nuestra ruta, necesitamos coger un avión: los combustibles no se pueden transportar en avión, ninguno de ellos (no estoy seguro ahora sobre las pastillas de combustible sólido), con lo que hay que comprar el combustible en destino, cosa tanto más difícil cuanto más específico es. Conviene buscar nuestro gas en destino *antes* de llegar allí y verificar que lo vamos a encontrar, horarios de apertura del comercio correspondiente... en el caso del gas, el problema se acentúa por la multiplicidad de formatos y presentaciones, no todos ellos compatibles. No basta con llamar a la tienda en cuestión y verificar que tienen gas, hay que asegurarse de que es el formato que necesitamos. Esto suele ser complicado porque, muchas veces, el comerciante no conoce del todo lo que vende, especialmente si no se trata de una tienda especializada y, sin ver la bombona, suele ser difícil imaginarse si nos va a servir o no. Lo de "válvula Lindal" les suele sonar a chino y hay que empezar a indagar con preguntas muy básicas: ¿de qué marca es la bombona? ¿es "de pinchar" o "de enroscar"? ¿de qué color? ¿qué pone?. El problema se multiplica por mucho si, encima, se viaja al extranjero porque hay que hacer esta verificación en una lengua que no es la tuya y, a veces, tampoco la de tu interlocutor, con lo que todo se va pareciendo a un diálogo para besugos. A veces resulta un poco desesperante pero es una comprobación que he aprendido a no dejar de hacer jamás. No se puede confiar en encontrar gas allá donde vayas, tienes todos los boletos para acabar llevándote una mala sorpresa en el peor momento.

4. Inestabilidad

El montaje del hornillo enroscado sobre la bombona coloca el cazo a una altura considerable. El cazo, una vez lleno, es el elemento más pesado del conjunto y, por tanto, este se torna inestable, al estar su centro de gravedad bastante elevado. No es un gran problema si se tiene cuidado pero... hay que tener cuidado. Conviene exagerar en este aspecto y no caer en el "ya vale así". Un hornillo volcado puede significar problemas graves. Lo de menos es perder el agua empleada y la comida (aunque esta se puede recuperar), lo peor puede ser originar un incendio. Colocar la bombona en una superficie plana y firme y cuidar de no golpear el conjunto al movernos. Sentido común pero, insisto, conviene exagerar un poco las precauciones; no cuesta nada.

5. Transporte y cantidad

Los combustibles líquidos a temperatura ambiente son más sencillos de manejar para el almacenamiento y transporte (otra cosa es para quemarlos): podemos meterlos en una botella, echar la cantidad que queramos... en el gas, el almacenaje es más complejo y no es algo que podamos manejar en casa. Estamos limitados a adquirir bombonas, que no se pueden rellenar, y simplemente ir consumiendo el gas. No es inmediato saber cuánto gas queda (aunque hay trucos para esto) y, si tenemos menos de lo justo para una salida, no hay más remedio que llevar otra bombona.

Consideraciones

El gas es, probablemente, el combustible más sencillo e inmediato para su uso en naturaleza y suele ser la primera opción de los que se acercan a las actividades que requieren su uso por primera vez. Resulta tan eficaz que, a la larga, muchos seguirán utilizándolo. Comienza a ser menos idóneo según las temperaturas bajan hasta un punto en el que probablemente merece la pena pasar a otra cosa; este punto es difuso y depende mucho de las condiciones particulares de uso pero se considera que está entre 0 y -10ºC, aproximadamente.

El gas tiene un alto poder calorífico en relación a su peso. El hornillo es, además (o puede serlo) extremadamente ligero. El único elemento pesado de todo el combo es la bombona, que debe ser metálica (las hay de acero y, más ligeras, de aluminio) para poder contener el gas bajo presión y mantenerlo en estado líquido.

En uso, es conveniente seguir una serie de directrices que harán al conjunto mucho más eficiente:

Hidrocarburos líquidos

Descripción

Se trata de compuestos más pesados y menos volátiles que lo que hemos venido a llamar gases (ya ha quedado claro que los conceptos de líquido, gas y sólido no son absolutos sino relativos a las condiciones de temperatura y presión) y, a temperatura ambiente, son líquidos. Su poder calorífico, al igual que en los gases, viene de los átomos de carbono en su molécula, en la que se encuentran asociados a hidrógeno y, de nuevo al igual que en los gases, de ahí su nombre de hidrocarburos.

Se obtienen por extracción y refinamiento y, dependiendo de este último proceso, el producto final es uno u otro: gasolina, keroseno, gasóleo... son todos hidrocarburos líquidos.

Existen productos finales específicos para su uso en hornillos. Aquí me encuentro con un cierto vacío dado que no conozco la terminología. Esto es, básicamente, porque no uso este tipo de combustible. En realidad, todo lo que voy a decir en este apartado es pura teoría y cosas que he aprendido de la gente que sabe pero nada que venga de mi propia experiencia.

Existen, también, hornillos capaces de quemar casi cualquier cosa, en cuanto a hidrocarburos líquidos se trata. Los diferentes productos surgen de procesos de refinamiento más o menos intensos. Los productos menos refinados suelen tener más impurezas, son más difíciles de quemar y dejan más residuos pero, a veces, son lo único disponible en según qué sitios.

Los hidrocarburos líquidos son altamente explosivos y su manejo es delicado.

Hornillos y contenedores de combustible

Al ser un combustible líquido, el manejo es relativamente sencillo pero es, también, muy delicado. Las especificaciones para los contenedores no las conozco pero sí sé que se transportan en botellas metálicas. Los hornillos son mucho más complejos que los de gas. Son siempre de conexión remota al depósito, por manguera. El combustible es líquido y, por tanto, no sale espontáneamente. El hornillo dispone de una bomba de succión. Además, para quemar el combustible, hace falta vaporizarlo. Aunque, como digo, no he usado nunca uno en persona, sé algo de la teoría: el encendido del hornillo es una operación con cierta complejidad que implica bombear una cierta cantidad de combustible, encenderlo y precalentar así el conjunto, de forma que el sucesivo aporte de combustible se ebulla y mantenga la combustión. Los hidrocarburos líquidos tienen en su molécula elementos extra variados (no me los sé; creo que depende de la finura del proceso de refinación que sean más o menos) y esto provoca que produzcan bastantes desechos en la combustión.

Los hornillos suelen ser bastante pesados, alrededor del medio kilo, aunque hay modelos más ligeros en torno a los 300 gr. Al ser de conexión remota, tienen sus propias patas y se apoyan sobre el suelo. Son por tanto, fáciles de apantallar.

Uso

No puedo comentar mucho aquí. Sé que hacen un ruido tremendo (los he visto, y oído, funcionar), como el de un avión al despegar. Son muy fiables en el sentido de que son mucho más inmunes que cualquier otro tipo a las inclemencias meteorológicas: el quemador puede ser fácilmente aislado del viento y, dado el alto poder energético del combustible, no es afectado por el frío, quema a cualquier temperatura de las que podamos encontrar; supongo que tendrán su límite pero no creo que lo encontremos en este planeta.

Problemas

1. Peso

El hornillo es el mayor handicap. En menor medida, la botella. Por el peso de sólo estos dos elementos, podemos tener uno de gas, con bombona y combustible para semanas.

2. Complejidad

Quemar hidrocarburos líquidos no es tan simple como quemar gas. Más piezas, más partes móviles... mas cosas que romper. El uso no es tan simple como enchufar, abrir espita y encender y presentan el peligro inherente al uso de un combustible muy explosivo. Los hornillos suelen ser "temperamentales" en el sentido de que su comportamiento no es tan lineal y predecible como los de gas o alcohol. Controlar el aporte de líquido no es tan sencillo como controlar el de un gas y es conocido que, sobre todo durante el encendido, pueden provocar llamaradas.

3. Fiabilidad

Son muy fiables, sí, por lo apuntado arriba, pero sufren de problemas de atascos a causa de los residuos de la combustión. Suele ser posible desmontar y limpiar los conductos atascados pero esto añade complejidad al manejo.

4. A piñón fijo

Comúnmente, estos hornillos tienen un nivel: máximo. Es difícil regular la llama a niveles más bajos, aunque algunos modelos modernos lo intentan y hay quien opina que lo consiguen. Esto es así porque regular el nivel de paso de un líquido no es tan sencillo como con un gas a presión. No es gran problema si todo lo que queremos es calentar agua.

Consideraciones

El hueco de los hornillos de combustible por hidrocarburos líquidos está en las condiciones invernales y cuando hay problemas potenciales de disponibilidad de combustible. Por un lado, como ya he apuntado, los derivados del petróleo contienen mucha energía y es posible hacer funcionar los hornillos que los utilizan a temperaturas muy bajas. Son, por tanto, la mejor opción cuando esto vaya a ser la norma.

Algunos de estos hornillos sólo pueden quemar derivados concretos y específicos y, por tanto, van a sufrir de un problema similar, si no peor, que los hornillos de gas; otros, sin embargo, están preparados para quemar casi cualquier cosa. Suelen ser más complejos y pesados pero casi garantizan que se encontrará combustible. Allá donde haya "civilización" es casi seguro poder encontrar algún derivado del petróleo que se use comúnmente como fuente de energía. Es por esto que estos hornillos son la opción por excelencia para viajes a zonas remotas, particularmente donde la civilización no sea la europeo-occidental. No vamos a encontrar sofisticaciones tipo bombonas de gas con válvula autosellante pero seguro que hay algo de gasolina, keroseno o algo similar.

En España y, en general, Europa, donde la civilización siempre está cerca y no es habitual depender de un hornillo por más de una noche, a no ser que sea lo que se busque, estos modelos se usan poco y se asocian más a grandes expediciones a sitios muy altos o muy fríos. Quizá en escandinavia sea diferente. En América, por contra, donde los espacios son mucho más grandes y remotos y en cuyas montañas suele hacer mucho frío en invierno, son muy populares; tanto que hay mucha inercia de parte de gente que se niega a abandonarlos por opciones más óptimas porque "siempre me ha funcionado", con lo que es habitual que en pleno verano los senderistas vayan cargando con un monstruo de estos. Son, en parte, víctimas del mito del equipo pesado.

Dado su alto poder calorífico, funcionan bien para cocinar para grupos.

 

Alcohol

Descripción

A diferencia de los hidrocarburos, el alcohol no se obtiene por extracción sino por destilación. Puede ser, por tanto, considerado como una energía más limpia y de carácter renovable. Nuevamente, el poder energético está en los átomos de carbono de sus moléculas. El alcohol, a diferencia de los hidrocarburos, contiene oxígeno, un átomo que no aporta energía pero sí peso. El alcohol es, por tanto, un combustible menos eficaz, por unidad de peso, que los hidrocarburos. Es, también, menos explosivo, quema con menos facilidad pero también de forma más pacífica. No produce apenas sonido alguno y su llama es casi invisible a la luz natural (sí es visible en la oscuridad). El alcohol, al contrario que los hidrocarburos, por tanto, sí puede ser quemado como líquido. No tengo muy claro por qué pero intuyo que la menor cantidad de energía contenida es lo que lo posibilita. El alcohol, huelga decir, es líquido a temperatura y presión ambientes. Desconozco sus temperaturas de congelación y ebullición.Sí sé que una combustión cualquiera permite hacerle hervir, como se verá más abajo, ya que esta es una propiedad utilizada en ciertos modelos de quemadores de alcohol.

A causa de estas características, la infraestructura necesaria para quemar alcohol es minúscula: estrictamente, basta un cuenco metálico; verter y encender. No obstante, para conseguir un aprovechamiento energético óptimo e, incluso, disponer de cierto control sobre el hornillo, es necesario un poco de ingeniería.

El alcohol habitualmente utilizado para su uso en hornillos es conocido en España como alcohol de quemar. En los casos que conozco, se trata de alcohol metílico 100%. El alcohol etílico, de fórmula ligeramente diferente, quema, por lo que yo sé, más o menos igual pero no se usa para quemar porque no es tóxico (el metílico sí lo es) y se puede beber. Es, de hecho, el alcohol de beber y, a cuenta de los impuestos que arrastra, es infinitamente más caro que el metílico o que la variante que supone mezclar ambos, de forma que se convierte al etílico en no apto para el consumo (y, por ello, barato; cosas de la economía). El alcohol de quemar, sea 100% metílico o cualquier mezcla, es muy barato.

Hornillos y contenedores de combustible

Como digo, un quemador de alcohol puede ser tan básico como un simple cuenco que no se funda (esto es, metálico). Puede bastar incluso con un molde de pastelitos, de esos aluminizados. Si echamos ahí el alcohol y le prendemos fuego, se quema tranquilamente, produciendo una llama azul sólo visible en la oscuridad. No explota ni arde de forma violenta ni necesita regulación alguna. Bastaría con colocar el cazo encima y ya estamos listos.

Este quemador "a cielo abierto" no ofrece, sin embargo, ningún control sobre la combustión y, aunque no tengo esto demasiado claro ni corroborado con números o experimentos personales, creo que no es la forma más óptima de aprovechar la energía contenida en el alcohol. Para todo ello, se utilizan diseños varios.

Algunos de los más populares son los denominados presurizados ya que emulan la forma de funcionar de los hornillos que usan hidrocarburos: lo que se prende no es el alcohol líquido sino el gas. Se hace hervir al alcohol mediante calor de forma que el gas resultante salga por orificios (similares en concepto a los de un quemador de gas o de hidrocarburo líquido vaporizado) y ahí se prende. Tenemos, así, una llama distribuida y controlada. Cuanto menores sean los orificios, más lenta será la combustión. El quemador es un contenedor cerrado con los citados orificios en su parte superior; una vez llenado, se le aplica calor desde el exterior de forma que el alcohol contenido dentro hierva.Esto se suele hacer, habitualmente, colocando el quemador sobre una bandeja de precalentamiento sobre la que haremos arder, por ejemplo, y ya que está a mano, un poco de alcohol.

Otra forma de controlar la combustión es limitar el aporte de oxígeno. El oxígeno es el comburente universal de todos estos combustibles, el elemento necesario e imprescindible para que se produzca la combustión. Algunos hornillos permiten limitar el aporte de oxígeno como forma de ralentizar la combustión, con el efecto análogo a cerrar parcialmente la válvula de un hornillo de gas.

Los únicos hornillos de alcohol comerciales y fáciles de encontrar que conozco son los populares Trangia. No sé si habrá alguno más, aparte de la multitud de pequeños fabricantes semi-artesanos (o sin "semi") que pululan por América.

En cuanto al combustible y su transporte y almacenamiento, no puede ser más sencillo: basta una botella cualquiera. El plástico sirve. Cualquier plástico, de hecho, aunque conviene no exagerar y elegir uno en el que confiemos que no van a producirse grietas con el uso.

Uso

El alcohol es un combustible limpio y bastante seguro ya que no puede explotar, en condiciones normales. La precaución principal, al manejarlo, es evitar derramarlo y, si se derrama, no dar fuego a nada hasta que se haya limpiado todo. El alcohol obliga a ser muy consciente de la operación que se está realizando porque su combustión no produce sonido y su llama no se ve, salvo en la oscuridad, y es sorprendentemente sencillo olvidar que estamos quemando combustible, con las consecuencias, fáciles de imaginar, que eso puede tener.

Algunos hornillos permiten apagar el fuego y aprovechar el combustible restante, devolviéndolo a su contenedor; otros, más simples, obligan a dejar consumirse todo el combustible que se haya vertido en el quemador. En estos, es importante aprender a usar el hornillo de forma que podamos predecir cuánto combustible se va a usar para no desperdiciarlo. No es tan difícil como pueda parecer.

Si ya he apuntado que la protección contra el viento es siempre importante, en los hornillos de alcohol es crucial. Supongo que el menor poder calorífico del alcohol, comparado con los hidrocarburos, le hace más sensible al viento. Es, prácticamente, inconcebible un hornillo de alcohol sin dicha protección, que se considera, por tanto, parte del hornillo; lo otro sería un simple quemador. El alcohol no explota así que no hay problema en envolver el depósito/quemador con la pantalla. La única precaución debe ser permitir el alimento de oxígeno.

Habitualmente, las pantallas cortaviento integradas de los hornillos de alcohol cubren desde la base hasta algo más allá del fondo del cazo de forma lo más ceñida posible a este, admitiendo una pequeña holgura para la evacuación de gases residuales y tienen agujeros de ventilación junto a su base, para el aporte de oxígeno. Así, la pantalla funciona también, al igual que en los otros tipos de hornillos, como reflectante y contenedor del calor generado, que revierte en el cazo en cierta medida en lugar de dispersarse al entorno.

Problemas

Algunos son comunes a los enunciados para el gas; otros, específicos. Recordando:

1. Frío

Hay cierto vacío (en mis conocimientos, al menos) en lo que respecta al uso del alcohol en ambientes fríos. Tradicionalmente (esto es, no soy sólo yo), se ha considerado que el alcohol no funciona en dichas condiciones en base a que su poder calorífico es menor que el de los hidrocarburos. Y si ya los hidrocarburos ligeros (gas) tienen problemas, qué no tendrá el alcohol… sin embargo, recientemente, he sabido de experiencias que apuntan al contrario, lo que me ha dado que pensar.
En realidad, el problema de los hidrocarburos ligeros en el frío es que no alcanzan su estado de ebullición espontáneamente pero tampoco es factible forzarles a ello a base de calor por el peligro de explosión. No así con el alcohol. Como ya he explicado, el alcohol se puede quemar en estado líquido y arde plácidamente. En los quemadores presurizados, se utiliza una fuente de calor externa (un poco del propio alcohol, por ejemplo) para calentar el alcohol líquido dentro del quemador y llevarlo a ebullición; a partir de ahí, es el alcohol vaporizado lo que arde y el propio calor de la combustión mantiene la ebullición del combustible líquido. Y, entonces, yo me pregunto: ¿qué problema plantea el frío? Sin duda, dificulta al líquido llegar al punto de ebullición y se necesitará más combustible para conseguirlo pero ¿lo imposibilita? y, más importante, una vez llegados a ese punto ¿se mantiene la ebullición? Si la respuesta es sí, querría decir que el alcohol es perfectamente utilizable en condiciones de frío, a pesar de que la ortodoxia diga lo contrario (pero ya sabemos, hay muchos ejemplos, que la ortodoxia no siempre va por buen camino).

Es posible, a pesar de ser utilizable, que el rendimiento del alcohol baje en condiciones de frío intenso hasta un punto en el que no es lo suficientemente eficaz pero no he corroborado esto con experiencias directas.

En definitiva, el comportamiento del alcohol ante el frío es algo que no tengo nada claro y estoy, en realidad, reflexionando sobre ello más que aportando datos.

2. Viento

Es un problema y, en realidad, no lo es. La solución es sencilla y sin contraindicaciones pero incluyo este apartado como recordatorio de la importancia crucial de proteger al quemador de alcohol del viento; sin esta protección, nos quedamos con un hornillo inútil ante la más ligera brisa. Pantalla cortaviento obligatoria.

3. Manejo

El manejo es menos inmediato que con otros tipos de combustible. Creo que la expresión más gráfica y adecuada es “menos aséptico”. Como explico en más profundidad más abajo, este es un inconveniente en parte físico, en parte subjetivo. Con el alcohol, ves el combustible, lo tocas y te manchas con él, a diferencia de los hidrocarburos, encerrados en sus contenedores y alimentados por válvulas, bombas de succión… el alcohol hay que verterlo, como si fuera agua; medir la cantidad, cuidar de que “caiga dentro”… hay a quienes este proceso atrae por lo que significa de conexión con lo que estás haciendo, no hay apenas elementos extraños que nos aíslen del hecho de que estamos quemando un combustible, ves y eres responsable de todo lo que haces. Este es un aspecto casi filosófico.

Por otro lado, algunos diseños (más simples y, normalmente, ligeros), ofrecen pobre o nulo control sobre la llama. Sólo sirven para calentar agua. Suficiente, si eso es todo lo que necesitamos hacer.

4. Toxicidad

El alcohol metílico es tóxico por ingestión. Esto no debiera ser un problema; eso sí, ¡etiquetar bien la botella donde lo llevemos! Pero también por inhalación o contacto. No es que nos vaya a derretir la piel si cae una gota, no es ácido sulfúrico, pero no conviene estar demasiado expuesto a él. Si se nos derrama encima, limpiarlo bien. Yo he encontrado que me afecta a las mucosas (nariz, ojos...), con irritación y sensación desagradable. Es algo que no me gusta pero no debiera ser un problema en el limitado contacto que se tiene con la sustancia y teniendo un poco de cuidado que, de todas formas, es bueno tener.

Consideraciones

El alcohol es rival directo del gas. Los hidrocarburos líquidos juegan en una división diferente, al márgen de los acérrimos que los usan siempre, pero eso es otra historia. A la hora de evaluar los pros y contras de un hornillo de alcohol y del alcohol como combustible, es útil compararlo con las prestaciones del gas.

Como queda dicho, el alcohol tiene menos poder energético que los hidrocarburos. Esto significa que produce menos energía por unidad de peso, es decir, que para calentar lo mismo que con gas o gasolina tendremos que llevar considerablemente más cantidad (y, por tanto, peso). Como contrapartida, la sencillez del hornillo hace que este sea muy ligero y las características del combustible hacen que se pueda guardar y transportar en un envase sencillo y ligero también. Estos ahorros de peso pueden compensar lo primero. Habitualmente, Los cálculos para ver dónde está la divisoria a partir de la cual el gas resulta más "ligero" que el alcohol son complejos porque hay que tener en cuenta muchos factores: hay pesos consumibles (el combustible), que van disminuyendo a medida que se gasta, y pesos fijos (hornillo y envase), que tenemos que cargar igual todos los días. A grandes rasgos y asumiendo como constantes un montón de variables, para una persona y en periodos cortos resulta más ligero el alcohol; a partir de cierto número de días, es más ligero el gas. Atención: con alcohol, suele ser fácil, una vez se tiene algo de práctica, elegir exactamente la cantidad que se necesita y llevar sólo eso (más un poco, por si acaso) mientras que, con gas, estamos atados a la capacidad de las bombonas que hay en el mercado y a lo que nos vaya quedando en las que tenemos en casa. Ya digo, es complejo.

Luego está el factor subjetivo: el gas es más fácil de usar, más aséptico; no ves el combustible, no lo tocas (como mucho, lo hueles un poco, al acoplar y desacoplar el hornillo, que siempre se escapa algo), no te lo echas por encima por accidente... el alcohol te conecta más con la naturaleza de lo que estás haciendo, para bien y para mal. Se suele decir que el gas es para todo el mundo; el alcohol, no. Cuando estoy preparando el material para una salida de, pongamos, dos días, reúno los elementos del hornillo de gas y los del de alcohol; ante la importante diferencia de peso y lo estúpido de llevar ese pedazo de bombona para hacerme una cena y un desayuno, acabo eligiendo el alcohol. Luego, al final del primer día, cansado, en semipenumbra y según baja la temperatura ambiente, pienso en tener que empezar a cacharrear con el alcohol y, si tengo comida de sobra, acabo comiendo algo frío y pasando de la cena deshidratada. En ese momento, soy consciente de que esto nunca me pasaría con el hornillo de gas. Éste es tan insultantemente sencillo de usar, tan predecible, tan aséptico (de nuevo, ese concepto) que lo utilizo con toda la naturalidad del mundo, casi como la cocina de casa. Lo armo de noche, si hace falta, y hasta desde dentro del saco, si hace frío. Al final, lo más estúpido ha sido llevar un hornillo y combustible que no he usado, por ligeros que fueran.

Esto es sólo un ejemplo, totalmente personal y subjetivo, y considerando que estaba utilizando un hornillo de alcohol autoproducido y, debo reconocer, un poco engorroso y no muy eficiente; supongo que las cosas no serían así con un hornillo de alcohol comercial o uno, en cualquier caso, mejor hecho que el mío. Aún así, el factor engorro es algo a considerar con los hornillos de alcohol. De nuevo, no son para todo el mundo

Muy importante: el alcohol es infinitamente más fácil de encontrar que el gas. Se puede comprar en supermercados, ferreterías... alcohol de quemar. No sé para qué lo usa la gente pero ahí lo venden. En caso de emergencia, se puede quemar alcohol de desinfección (aunque no quema bien, porque lleva añadida agua), licores (caro combustible) y algunas otras cosas que contienen mayoritariamente alcohol.

 

Combustibles sólidos

Descripción

A medida que desciendo en la lista, desciende también mi conocimiento por el producto y, supongo, mi interés por él. En el apartado de combustibles sólidos me refiero a estos bloques de material combustible a los que basta dar fuego para que ardan. La presentación habitual, en los usados para aire libre, es en pastillas y, además, tienen un nombre comercial bastante hegemónico: las pastillas Esbit.

No sé mucho del tipo de combustible del que están hechas ni de los elementos que usan para ponerlo en forma de pastilla. Tampoco sé si hay otras marcas de la misma cosa y no tengo en cuenta otros productos similares cuyas prestaciones no conozco y que nunca he visto utilizados para el uso del que aquí trato (sí para encender barbacoas y cosas así) ni cosas más mundanas como la cera.

Hornillos y contenedores de combustible

Más simple no puede ser. El combustible es autocontenido, una pastilla, la puedes llevar en el bolsillo. El “hornillo” lo entrecomillo porque es demasiado simple, también, para nombre tan pomposo: basta una simple pieza metálica (para que no se funda con el calor) sobre la que quemar la pastilla e, idealmente, con unos soportes para mantener el cazo unos centímetros por encima de aquella. A pesar de tanta simpleza, existen modelos comerciales y son casi de risa (pero son muy serios), se pliegan de forma que ocupan casi menos que una tarjeta de crédito.

Uso

Parece ser que, antiguamente, este tipo de combustible tenía una combustión sucia y maloliente y dejaba restos sólidos en la base del cazo pero ya no es así… o eso he leído porque nunca los he usado. La combustión, por tanto, es limpia, silenciosa y segura. Al márgen de que tenemos un fuego encendido, con todo lo que ello conlleva (y que sucede con cualquier hornillo y combustible, claro), ninguna precaución especial. No explota. Se va quemando hasta que se consume y, si sobra, se puede apagar y guardar para más tarde.

Problemas

Dado que no conozco este combustible de primera mano ni es muy popular (y, por tanto, no hay mucho flujo de información sobre él), no soy muy consciente de sus problemas potenciales pero, si no es popular, alguno habrá. Intuyo que no es un combustible muy eficiente en relación energía/peso aunque esto puede ser compensado por el casi nulo peso del resto de elementos (el “depósito” puede ser la caja de cartón en la que vienen envasadas de fábrica o, simplemente, una bolsa de plástico; y el hornillo es casi testimonial).

Supongo que el viento, nuevamente, será el enemigo a batir pero el apantallamiento es inmediato y sin contraindicaciones, no hay problemas potenciales de sobrecalentamiento.

La disponibilidad de combustible puede ser un tema importante; no sé muy bien en qué tipo de establecimientos se venden estas cosas (los he visto en alguna tienda de montaña) pero intuyo que no serán fáciles de encontrar a lo largo de una ruta

Consideraciones

Poco tengo que decir aquí; quizá que, si no se usa mucho, será por algo… pero a lo mejor estoy cayendo en esa misma inercia que tanto suelo denunciar según la cual se obvian, olvidan o incluso rechazan opciones muy válidas (y, a veces, mejores que las que dicta la ortodoxia) sólo porque “si nadie lo hace…”.

Hay un aspecto positivo bien claro: más simple, no puede ser y eso, en la naturaleza, suele ser buena cosa. Cuanto más simple, más difícil es que falle. No hay nada que romper, ningún mecanismo que estropear.

Madera

Descripción

La madera es el combustible natural por excelencia. Prácticamente olvidado en Europa a causa de los pocos bosques que quedan y de la gran sensibilización social contra el fuego en el bosque, con cierta razón. En América, por ejemplo (y, sin duda, muchos otros sitios del mundo), donde la situación es diferente, a ese respecto, no es descabellado e incluso puede ser habitual y normal utilizar madera como combustible, sea para montar un fuego de campamento en el que reunirse y charlar, sea para calentarse o incluso secar material mojado en situaciones menos lúdicas y más serias. Normalmente, cuando el entorno natural admite sin problemas estas prácticas, también, en cierto modo, las requiere, ya que, ante una situación complicada (frío, humedad, material mojado), la civilización puede no estar cerca.

En este tipo de ambiente, mucha gente utiliza madera para hacer fuegos pero no mucha los usa para cocinar. Existen elementos que sistematizan y facilitan esta tarea, hornillos específicos para su uso con madera. Comento lo poco que sé de todo esto en los párrafos que siguen.

Hornillos

Nunca he visto en persona un hornillo para madera pero sí en foto. Por lo que sé, se asemejan a una gran lata abierta por arriba. Se coloca la leña dentro, se prende, y el cazo encima. Necesitan orificios para ventilación y aporte de oxígeno.

Uso

No hay mucho que decir aquí, es bastante obvio e intuitivo.

Problemas

1. Disponibilidad de combustible

Para usar un hornillo de madera, necesitamos, obviamente, madera. No la vamos a llevar encima, eso sería muy ineficaz, la madera pesa mucho para la energía que tiene y, si esa es la idea, vamos listos… mejor elegir cualquier otra opción de combustible. Conclusión: sólo es práctico si vamos a transitar por zonas donde hay madera.

2. Humedad

La madera está tirada por el suelo y, si llueve, se moja; y la madera mojada no arde bien y es difícil de prender. Hay técnicas para conseguir encender un fuego durante tiempo lluvioso y los que tienen práctica lo hacen sin despeinarse. En Europa, normalmente, no la tenemos. Yo no contaría con conseguir encender un fuego en tiempo lluvioso (ya me cuesta en tiempo seco). Es importante tener esto en cuenta si se va a contar con el hornillo de madera como opción única para cocinar.

3. Residuos

La madera produce abundantes residuos sólidos en su combustión y dejará todo (hornillo y cazo) ennegrecido. Supongo que esto no es un gran problema, a no ser que tengas mucho aprecio por tu cazo. No sé si la mugre afecta a la capacidad de difusión del calor del cazo pero, eso sí, nos pringará todo lo que toque (nuestra manos, por ejemplo). Tampoco debiera ser esto gran problema, en la naturaleza.

Consideraciones

La madera es un combustible natural y renovable. Allá donde abunda (y no abunda la gente que la consume), puede tener todo el sentido del mundo utilizar las minúsculas cantidades que se necesitan para cocinar como nuestro único combustible. Sé que, en España, o en Europa, por extensión, esto es bastante poco concevible pero no así en otras partes del mundo donde la situación física es diferente.

Huelga decir que sería temerario depender exclusivamente de madera si no estamos seguros de poder encontrarla y no tenemos la experiencia para ser capaces de montar un fuego en condiciones adversas (especialmente, lluvia).

Fundamental: se usa sólo y exclusivamente madera muerta. No se arranca madera viva: quema peor y daña a seres vivos. En los bosques hay, habitualmente, abundancia de madera muerta.

Conviene tener en cuenta que el fuego necesario para cocinar es uno muy pequeño, que utiliza muy poca madera, produce muy poco humo y, si se usa hornillo, no deja huellas en el terreno. Los que defienden esta forma de cocinar argumentan (con, probablemente, su parte de razón) que es más ecológico que cualquier otro combustible, a pesar de la imagen negativa. Supongo que tiene su razón de ser en según qué lugares y situaciones pero es bueno considerarlo de forma abierta y racional.

Como consideración subjetiva, el fuego y el calor producidos por la madera tienen un atractivo especial para los humanos, son más agradables que cualquier otro descrito en este artículo y usar madera como combustible contribuye a acercarnos un poco más al entorno que recorremos, a conectarnos a esa naturaleza que visitamos. Insisto, esto puede tener o no su razón de ser, dependiendo del lugar.

El combustible idóneo. Consideraciones finales

La respuesta, como de costumbre, es que depende. Depende de las circunstancias de cada salida, del lugar recorrido, plan particular, número de personas, tiempo atmosférico previsto, duración, posibilidades de reaprovisionamiento, si es este necesario… y muchas variables más que sería muy largo enumerar pero que están, implícita o explícitamente, citadas a lo largo del artículo.

A muy, muy grandes rasgos, se puede decir que la ortodoxia actual diferencia fundamentalmente entre condiciones invernales y resto. Para las primeras (temperaturas regularmente por debajo de 0ºC), el estándar son los hidrocarburos líquidos, con ese guiño al gas en el modelo que consigue prestaciones en dicho ambiente. Para el resto de estaciones y condiciones, gas o alcohol. El otro gran criterio es la disponibilidad del combustible, con destinos donde es conocida la presencia y/o ausencia de unos y otros.

Por lo demás, resulta, en buena parte, una cuestión de gusto personal y la casuística es variada, como ya ha quedado reflejado a lo largo de la parrafada.
Personalmente, siempre he usado gas y sólo recientemente he empezado a utilizar alcohol, con resultados cuestionables aunque, como ya he dejado claro, dichos resultados dependen tanto de uno mismo (especialmente, si el hornillo es autofabricado) como del combustible y tienen bastante de subjetivo. Acabo, prácticamente, de empezar a practicar condiciones en las que se consideran más aptos los hidrocarburos líquidos y, de momento, me he apañado con el gas. Aún no he visto la necesidad de cargar con el monstruo ruidoso.

El gas es el estándar local de facto y, sin duda, la razón básica por la que he llegado a él. Funciona bien y, con un hornillo ligero y un uso racional como el descrito en el apartado correspondiente, se consigue una eficiencia enorme. En su contra, los dolores de cabeza que nos ha provocado una y otra vez encontrarlo en destino cuando ha habido un viaje de avión por medio. Por otro lado, no está claro que con el alcohol hubiera sido más fácil… probablemente, sí…

Referencias

Zen Backpacking Stoves

Aún no he acabado de leérmelo. Ya me sabía casi todo pero este fantástico sitio me ha (casi) acabado de llenar los huecos: zenstoves.net

Oz Bushwalkers

Estas páginas son más espartanas que las mías pero cada palabra, cada letra está ahí por algo. Información con mayúsculas. Yo quiero ser así, de mayor. Y, no, no me he copiado: www.bushwalking.org.au/FAQ/FAQ_Cooking.htm