En el verano de 2025, volví a Noruega para otro viaje de calidad. En esta ocasión, a la mitad sur, la parte gorda del país, para recorrer la divisoria de aguas, Norges Ryggrad. Empecé en Jotunheimen, la principal región montañosa, para seguir por Skarvheimen, Hardangervidda, las mesetas de Ryfylke y finalizar en la cabecera de Lysefjord, ya en la región de Stavanger.
Esta es la historia de los días 7 a 10, en los que caminé a través de Hardangervidda.
La parte mala de pasar la noche en un refugio guardado es que hay que elegir entre salir pronto y el bufet de desayuno, las dos cosas no pueden ser. El desayuno es innegociable así que tengo que renunciar a madrugar. Puede parecer muy cagaprisas pero es que, emocional y físicamente, ya he descansado la tarde-noche anterior y lo que ya me piden cuerpo y mente es hacer kilómetros. Y es que, aunque lo tengo todo empaquetado y listo para salir tras el último café, son dos horas perdidas respecto a un día estándar pero tengo claro que ese desayuno es más importante que ese tiempo, a ambos niveles, físico y emocional. Salgo de Finse a las 9 h.
Voy un pelín ansioso por hacer distancia y compensar el tiempo gastado pero, por lo demás, todo va estupendamente: buen tiempo, terreno sencillo y un entorno espléndido, estilo rutina noruega, la típica serie de roca y lagos. La motivación es alta.
La tarde me resulta menos gloriosa, no estoy seguro de si porque el terreno es menos atractivo, según transiciona hacia la gran meseta, o si porque ya voy más cansado. En caso de que esto último tuviera algo que ver, hago una parada para comer algo y refrescar los pies. Ambas medidas funcionan siempre, incluso cuando no soy particularmente consciente de que me hagan falta. Concluido el descanso, es un corto descenso hasta el cruce con la carretera 7.
Esta carretera marca una frontera física. Hasta aquí, desde Finse, aún había montañas. Desde aquí y hacia el sur, la meseta Hardangervidda.
No es que la densidad de carreteras sea alta en ningún sitio del país y menos aún en las regiones de montaña pero, a la vista de un mapa de carreteras noruego, es fácil notar una zona vacía más grande de lo habitual y eso es Hardangervidda. Ya había caminado antes por ambientes similares en Noruega pero nunca a esta escala. Hardangervidda es, según la literatura, la alto-meseta silvestre más grande de Europa. A mí, como todo todo lo silvestre a gran escala, me intriga y tengo muchas ganas de atravesarla a pie.
El relieve es muy suave, incluyendo esa micro-escala que no siempre es apreciable en el mapa. En Noruega, y por experiencias previas, estoy acostumbrado a tomar esto como garantía de terreno mal drenado y, consecuentemente, fangoso pero, aquí, para mi sorpresa, el piso es seco. Nunca antes en Noruega lo había tenido tan fácil. Junto con la meteo estable y la luz de atardecer, es un gran momento en ruta.
Sigue haciendo viento y bastante frío, con lo que el ambiente es poco acogedor cuando llega el final de jornada y necesito acampar. El terreno es tan suave que parece difícil encontrar siquiera un micro-relieve que proteja del viento. Veo sobre mapa un drenaje entre dos colinas que podría servir pero, qué va, cuando llego allí, el viento sopla más o menos igual que en cualquier otro sitio. Resignado, planto la tienda sin darle más vueltas. Bien anclada, no va a dar problemas y, una vez dentro, estoy cómodo. Estoy contento de volver a acampar.
A pesar de haber empezado relativamente tarde, ha sido una jornada de 40 km.
La gran meseta
Amanezco envuelto en niebla pero es inmediato ver que es un fenómeno muy local y que el tiempo se mantiene estable. Cuando la nube se diluye, el gran espacio abierto vuelve a hacerse evidente.
En esta región con escasos puntos de referencia, agradezco la buena calidad del sendero y la presencia reconfortante de la señalización. Las cuencas de ríos y lagos son tan someras que es difícil evaluar para dónde van los drenajes, incluso en el mapa. Confío en que el agua sepa para dónde tiene que ir.
En este contexto de vacío generalizado, es particularmente impactante ver un brillo antinatural en la distancia, como el reflejo de la luz del sol en vidrio o metal. Según me acerco, veo que es un aparcamiento con vehículos. En retrospectiva, veo que no había ninguna otra opción lógica porque esto es Noruega y las naves extraterrestres siempre aterrizan en Norteamérica. Supongo que mi cabeza estaba en modo asilvestrado y me costaba imaginar encontrarme con tal símbolo de impacto humano.
Sí que había visto en el mapa que había una pista de grava pero no se me ocurrió que pudiera servir como punto de acceso motorizado a Hardangervidda. Empiezo a unir puntos y me doy cuenta de que es domingo y probablemente haya gente por ahí fuera pasando el fin de semana. Según continúo hacia el sur, empiezo a encontrarme de frente con numerosos senderistas, muchos de ellos con material de pesca, y todo cobra sentido.
Avanzada la tarde, paso junto al refugio guardado Sandhaug, situado en una amplia cuenca lacustre donde quienes no trabajan el lunes siguen ocupados en labores de pesca y ya voy viendo de dónde venía el flujo senderista que me he ido cruzando. La buena noticia es que la popularidad de la ruta es, sin duda, la razón de que las zonas fangosas tengan infraestructura que facilita el paso. No invierten en esto en rutas poco frecuentadas.
En contra de mis expectativas poco informadas, no había muchos fangales en mi ruta por la gran meseta y los que encontré en los alrededores de Sandhaug estaban todos provistos con las típicas hileras de tablones. Salgo de allí con pies secos.
La otra noticia es que, pasado Sandhaug, el terreno cambia y se hace más rocoso y quebrado. El relieve sigue siendo suave pero la sensación de pradera eterna ya no está presente. Según avanza la tarde, entro en un ambiente que me es más familiar.
El viento se hace fuerte otra vez, o quizá es que siempre había estado ahí y me preocupa más según va llegando la hora de buscar campamento. En realidad, no, parece claro que ahora sopla más. Empiezo a buscar zonas a cubierto sobre mapa pero da la impresión de que la búsqueda a gran escala no es de mucha ayuda, el viento lo barre todo. Al final, la micro-escala sí que funciona y decido parar cuando paso por un punto que parece tranquilo. Apenas paso de las 20 h pero siento que no me importa dar el día por terminado tan relativamente pronto, he caminado 41 km en lo que será la jornada más larga del viaje y el lugar es muy bonito. Me da tiempo incluso a tomar alguna foto de campamento antes de que deje de dar el sol.
De vuelta a las montañas
Por la mañana, la temperatura era bajo cero y, una vez más, tuve que sacudir la escarcha de la tienda pero el ambiente era muy tranquilo y el sol enseguida lo hizo confortable. No hay tiempo para echar el rato, de todas formas, hay mucho trabajo por delante y estoy en el sendero para las 7.30 h.
Según me acerco al refugio Litlos, hay ya montañas cerrando el horizonte y está claro que la meseta ya queda definivamente atrás. Cumpliendo el pronóstico, para bien, el cielo está espléndidamente azul.
Litlos es el último en la serie de refugios guardados de mi ruta por Hardangervidda, relativamente remotos pero grandes y que me alegro de haber podido evitar. Debo decir que hice un intento de desayuno intermitente en Litlos antes de seguir adelante pero ya había terminado el turno. Otro día sin caprichos.
El terreno ya es definitivamente montañoso según avanzo hacia el final de sección en Haukelifjell pero, emocionalmente, para mí, este tramo de viaje sobre la gran meseta no se ha cerrado todavía así que atendedme un rato más mientras transito por el típico laberinto de crestas y drenajes para llegar a la cuenca del Hellevatn, donde hay un refugio no guardado.
Ese final emocional de final de sección está para mí en el cruce con la carretera E134, a continuación, pero no pretendo llegar allí antes del final del día; primero, porque está aún demasiado lejos; segundo, porque no me hace falta y, tercero, porque prefiero aprovechar la meteo favorable para acampar en algún lugar bonito, es decir, en cualquier lugar. Incluso así, será un día muy largo y, hacia el final, empiezo a sentir que quiero parar ya según bajo hacia otro grupo de lagos, otro más. No es que sea aburrido, es que estoy cansado.
Llego al destino previsto a última hora y ya no da el sol, a pesar de todo lo que tarda en ponerse en estas latitudes. Ambiente ventoso y frío una vez más.
Serán sólo 7 km más hasta la carretera y un refugio guardado. Madrugaré con muchas ganas y la idea clara de llegar allí a tiempo del bufet de desayuno.




















RSS: Entradas
Di lo que quieras