En el verano de 2025, volví a Noruega para otro viaje de calidad. En esta ocasión, a la mitad sur, la parte gorda del país, para recorrer la divisoria de aguas, Norges Ryggrad. Empecé en Jotunheimen, la principal región montañosa, para seguir por Skarvheimen, Hardangervidda, las mesetas de Ryfylke y finalizar en la cabecera de Lysefjord, ya en la región de Stavanger.

Esta es la historia de los días 11 a 15, en los que caminé a través de las mesetas de Ryfylke.

Ryfylke

Es la cuarta mañana seguida de cielos azules y me estoy acostumbrando tanto que me va a sentar muy mal cuando me encuentre con algo diferente pero no va a ser hoy.

Amanecer

Una vez en marcha, me queda sólo una cresta por atravesar para empezar el descenso hacia la carretera E134 que, en esta zona, está identificada como Haukelivegen, en alusión a la región geográfica. La ruta cruza la carretera a la altura del refugio guardado Haukeliseter, que es mi primer hito del día.

Haukeliseter y vegen

Me lleva menos de 2 h bajar al refugio, donde llego a tiempo de unirme al turno de desayuno, que es el mejor regalo que me puedo hacer en este punto del viaje.

Desayuno de calidad al otro lado de esa puerta

Es por la cantidad de alimento y variedad disponibles, es por las calorías y el subidón emocional de reponer fuerzas y tengo claro que echar este rato aquí es el mejor uso de mi tiempo, da igual que tenga muchos kms que hacer en el día. Para cuando salgo de Haukeli, me siento capaz de cualquier cosa. No lo soy pero me lo siento.

Entre bocado y bocado, tengo también ocasión de usar la cobertura de datos para actualizar el pronóstico meteo y era hora porque el anterior es de hace varios días y ya no es fiable. Lo que veo es que el patrón de estabilidad toca a su fin y que el resto del viaje va a ser mucho más entretenido, con las primeras lluvias esperadas al final del día. Tenía que pasar.

Por el momento, según salgo de Haukeli, todavía disfruto de cielos despejados y, adicionalmente, el que probablemente es el primer periodo de calma chicha en todo el viaje. La superficie del lago está inmóvil.

Ni nubes ni viento

Dejar Haukeli atrás supone un nuevo capítulo en el viaje. Cuando empecé a planificarlo, lo planteé como una travesía de Jotunheimen y Hardangervidda, más todo lo que quedaba entre ambas regiones, y Haukelivegen aparecía como el punto final perfecto excepto por una cosa: el viaje quedaba demasiado corto. Podría haber planeado algún rodeo interesante, un calendario más relajado, alguna jornada de descanso o incluso algo de turismo urbano al principio o al final pero preferí seguir dibujando ruta sobre mapa hasta llegar al siguiente punto final perfecto. Éste resultó ser Lysefjord, 130 km más al sur, y me gustó.

Esos 130 km tomaron carácter propio y los vi como una unidad aunque, geográficamente, no lo eran del todo. Tendría que abandonar temporalmente las tierras altas en un par de puntos y visitar un entorno completamente diferente.

Antes de que pase nada de eso, y por el momento, sigo en el familiar entorno de agua, roca y vegetación herbosa bajo cielos todavía despejados.

Agua, roca y vegetación herbosa

A media tarde, la luz empieza a desaparecer, tanto la física como la emocional: empieza a haber nubes pero es que, además, la ruta baja un escalón para llegar a un lago represado y corre paralela a un tendido eléctrico. No creo que ni un sol radiante habría arreglado la sensación de bajón.

No mola mucho

Por fin, el sendero desemboca en la pista de grava que da acceso a la infraestructura hidráulica y, por lo menos, puedo avanzar rápido para salir de aquí cuanto antes. Llego a la presa, que tengo que cruzar.

Presa Sandvatnet

Desde la valla, tengo una vista de lo que será la vía de descenso a los valles. No me da buen rollo. Puede tener que ver con el nublado pero creo que también con la sensación de abandonar rutas troncales y meterme en terreno potencialmente difícil.

Hay que bajar por ahí

Como ya he caminado antes por Noruega, tengo alguna pista sobre qué esperar, a la vista del terreno. En las tierras altas, la calidad de los senderos tiende a ser un factor menor porque la vegetación no es un obstáculo y la presencia o no de una trocha física suele significar poco, aunque sí sean importantes la señalización y los puentes sobre los cauces grandes. En zonas más bajas, por el contrario, la calidad física del sendero lo es todo. El terreno silvestre puede ser difícil de atravesar. No imposible porque la vegetación no suele ser bloqueante pero, junto con los fangales, sí puede hacer el avance muy arduo y lento.

Mi ruta está trazada por senderos de grado Rojo en el sistema noruego, que viene a ser el grado más común y garantiza condiciones de habitabilidad pero también me consta que la clasificación puede ser un tanto elástica y una ruta de grado Rojo puede hacerse difícil. No me gusta nada lo que veo por delante y cruzo dedos según me meto en el laberinto verde en un tramo que, de alguna forma, me da la impresión de ser poco frecuentado.

Entre abedules

El sendero resulta, efectivamente, un cierto caos de fangales, roca, árboles y arbustos pero voy viendo, con alivio, que la señalización es buena y que hay infraestructura en puntos clave. Es menos fino caminar por aquí que por las zonas despejadas pero, por lo demás, bien. No parece frecuentado, eso sí.

No estoy abandonado a mi suerte

Sendero poco elaborado

Cuando revisé el pronóstico del tiempo por la mañana y vi que el patrón se volvía inestable para el resto del viaje, hice un desglose rápido de estapas basadas en la red de refugios. El tiempo lluvioso es mucho más llevadero con la perspectiva de un sitio seco al que llegar al final del día. El reto aquí no es tanto encontrar refugios en los que pasar la noche sino cuadrar esto con una media diaria que sea admisible y, a la vez, me permita llegar al objetivo. Aquí es donde queda clara la importancia de haber hecho un colchón de kilómetros durante los periodos de tiempo estable,

Ahora tengo un plan a grandes rasgos para completar viaje pernoctando en refugios y con etapas asequibles. Esto me da mucha tranquilidad.

Está muy nublado pero, por el momento, tranquilo y sin lluvia cuando veo en la distancia un claro en el bosque con algunos edificios que incluyen el refugio Bleskestadmoen, que va a ser el que use esta noche.

Bleskestadmoen

A una altitud de sólo 700 m, es la primera vez en todo el viaje que me encuentro en un bosque con árboles de buen tamaño. Es un cambio importante que trae algunas desventajas: el acceso al agua no está cerca y, en el pequeño rato de tareas al aire libre, me cargo con una garrapata que, por suerte, veo y expulso antes de que tenga ocasión de morder. Una vez instalado, todo perfecto, la calidad noruega habitual para un bien ganado descanso. Ha sido un día largo, 39 km.

Casita

Etapa de transición

Mis recuerdos de secciones de baja altitud en viajes previos son más bien sombríos. Nada de lo que me arrepienta, todo lo caminado fue importante y parte fundamental de cada viaje pero, digámoslo así, el terreno más motivante y que me deja mejor poso es el de las tierras altas. Este viaje estaba pensado para mantener la ruta en altitud salvo por esta breve incursión en un par de valles de la vertiente oeste, sin alternativa por las mesetas salvo que decidiera ir monte a través, cosa siempre posible pero que prefiero evitar. Voy por la ruta establecida y espero volver pronto a los espacios abiertos.

No parece que haya llovido mucho por la noche, quizá nada, lo que está muy bien porque la vegetación empapada puede ser peor que la propia lluvia. Salgo de Bleskestadmoen vía un buen sendero por el bosque de abedules y bajo cielos muy grises.

700 m de altitud en el sur de Noruega

Es muy buena noticia que el sendero de salida del valle sea de buena calidad. Me lleva a un corto tramo montañoso para bajar a otro valle de la misma cuenca en el que enseguida vuelvo a entrar en el bosque mientras comparto camino con las ovejas locales.

Sendero multiuso

En esta ocasión, la ruta desciende hasta los 600 m, donde encuentro un bosque mixto de pino y abedul con árboles de gran porte y campos de pasto de una granja al final de una pista de grava.

600 m de altitud en el sur de Noruega

Empieza a llover justo a tiempo de dejarme mojado antes de poder ponerme a cubierto en Jonstolen, un refugio DNT1 donde había previsto parar a descansar y reponer fuerzas. Una vez allí, hago una comida abundante, pensando en no necesitar parar más en lo que resta del día. Para cuando salgo, ha dejado de llover y la ruta me lleva valle arriba a lo largo de un cauce muy bonito.

Ríos de Noruega

Serán 15 km más hasta el siguiente refugio, donde espero pasar la noche, y mi sensación es que todo va a ir bien, llueva o no.

No me lleva mucho tiempo salir del bosque y encontrarme de nuevo en terreno familiar. La ruta continúa aguas arriba a lo largo de Steindalen, el valle pedregoso, un nombre muy popular en Noruega, por lo que sea. La vía de salida es por Kyrkjesteinskaret, el paso de la iglesia de piedra, un puerto de perfil más alpino de lo habitual.

El Valle Pedregoso y el Paso de la Iglesia de Piedra

Es una ascensión costosa pero muy entretenida y, en buena parte, me agrada el cambio de escenario.

Bloques grandes en la vaguada

La meseta pétrea

El puerto es un punto de acceso a las tierras altas, con poco desnivel y terreno abierto de bajada en la cara sur. Por un momento, parece que, a partir de aquí, va a ser todo fácil y fluído.

De vuelta en las tierras altas

Poco más allá, la vista se abre y la sensación que da el terreno que viene a continuación cambia radicalmente. Es la vista de una inmensa meseta rocosa, de relieve complejo y atravesada por multitud de vaguadas profundas. Es entonces cuando me da la impresión de que pueden venir tiempos difíciles.

Un inmenso bloque de roca

Sigo adelante, esperando que la micro-escala no resulte tan catastrófica como parece desde la distancia y que haya un paso practicable a través del laberinto. Si lo hay, seguro que han llevado la ruta por ahí.

Pues no lo había. Al sendero no le quedaba más remedio que cruzar las abruptas vaguadas, transversales a la dirección de marcha, a base de bajar al fondo y subir de nuevo, y así una y otra vez. Mucho trabajo y progreso lento pero también un escenario espectacular.

Vista amplia de la meseta pétrea

Al final, se trataba de ser paciente. Llegué al refugio Krossvatn a buena hora aunque, debo decir, aliviado de hacerlo. Era de esperar que hubiera más baile sobre roca en los siguientes tramos pero ya sería para el día siguiente.

Refugio Krossvatn

Estaré muy a gusto a cubierto. Afuera, tiempo oscuro, frío y desapacible.

Más roca

Al contrario que otras regiones del mundo con patrones meteo diferentes, en Noruega parece que la noche no significa gran diferencia respecto al día. Puede ser, en parte, porque la noche es muy corta en el verano del norte y si, además, está nublado, que no es raro, tiende a haber muy poca diferencia de temperatura entre día y noche. Cuando me levanto, al amanecer, sigue cubierto y cuando retomo el camino, también, como si fuera a quedarse así para siempre, así que es especialmente bienvenido que, al rato, las nubes se empiecen a romper y los claros dejen pasar algo de luz. Entonces, el mundo rocoso de las mesetas Ryfylke muestra una cara diferente.

Vuelve la luz

Quedan muchas zonas de cielo oscuro pero parece clara la tendencia a la apertura. Me vengo arriba hasta el punto de que me quito los impermeables y me dispongo a disfrutar del camino. Sumando buenas noticias, la micro-escala topográfica parece algo menos compleja que en la tarde anterior. Sigue siendo agreste pero ya es un agreste familiar. Es un mundo de roca y agua, con incontables lagos de todos los tamaños. Todo luce espléndido cuando da el sol.

Mejor, en todos los aspectos

Es una hora válida para parar a comer cuando paso por un refugio en el que esperaba meterme en caso de lluvia pero, en las circunstancias presentes, no hace falta guarecerse. Parar a comer, sí, pero se está bien fuera aunque, para cuando retomo camino, necesito caminar con ganas porque me he quedado congelado. Parece que hace bueno pero aún está inestable, con viento y temperatura baja.

Encuéntrenme el refugio

Con todo, es un buen rato en el sendero. La meseta Ryfylke es un sitio espectacular y me alegro mucho de poderla disfrutar en condiciones mayormente favorables.

Buenos ratos en el sendero

Me cruzo con una pareja de senderistas que me anuncian que está prevista lluvia a última hora, lo que refuerza mi idea de otra noche de refugio, que tengo al alcance al modesto precio de una jornada de 30 km. Antes de llegar allí, tengo que pasar por las infraestructuras hidráulicas de Storevassdammen, que me estropean la tarde. El nublado incipiente tampoco ayuda.

Para cuando dejo atrás la presa y sus accesos, he perdido altitud y ya no estoy en lo alto de la meseta. Las nubes se han hecho más oscuras y empieza a llover cuando tengo ya a la vista el refugio.

Storsteinen

Última foto antes de correr a refugiarme

Por fin un episodio lluvioso como está mandado. Precipitación intensa, persistente y, a ratos, acompañada de viento fuerte. Adivinad: estoy contentísimo de estar bajo techo.

Tiempo de chimenea en Storsteinen

Estoy ya en ese momento del viaje en el que puedo permitirme empezar a pensar en el punto final, que está a sólo 38 km. Con dos días completos disponibles, tiene pinta de que ya casi lo tengo y lo más duro ya ha pasado pero me consta que aún queda terreno complicado por delante y la meteo ya no acompaña. No tengo datos móviles así que no puedo consultar el pronóstico pero sé que va a estar, como mínimo, inestable. Ya veremos mañana.

Último tramo

Me queda una noche más en el sendero y, si quiero pasarla en un refugio, mi mejor y casi única opción es Litle Auradal, que está a sólo 13 km de Storsteinen. Sería un anteúltimo día muy corto. Por primera vez en todo el viaje, no tengo motivación ninguna para madrugar y menos aún para salir pronto porque, cuando me levanto, veo que llueve mucho así que me lo tomo con deliberada calma, esperando que la lluvia amaine.

No hay muchas ganas de salir

La lluvia es a veces fuerte pero también intermitente y aprovecho un momento en el que afloja para salir fuera y cerrar la puerta con intención de no mirar atrás.

El terreno está empapado, charcos y regueros por todos los sitios, y tardo entre poco y nada en tener los pies empapados, como en los viejos tiempos. Es casi una anécdota y, desde luego, el menor de mis problemas. Según subo de vuelta a la meseta, llueve mucho y la visibilidad es escasa. Sigo adelante, consciente de que pueden ser unos 13 km complicados. No hay fotos de este rato.

Para cuando llego arriba, el panorama es mejor. Las nubes ya no llegan al suelo, la lluvia es suave e intermitente y la visibilidad es mucho mejor. Saco la cámara de nuevo.

En la meseta

Contra todo pronóstico, tal como pintaba la mañana, este tramo acaba por ser muy agradecido. El lugar es espectacular y, cuando se cuela algo de luz, la roca húmeda brilla. De alguna forma, el viaje siempre te recompensa.

Oscuro

Luminoso

Para cuando llego al borde de este tramo de meseta, hay incluso algún rayo de sol que alcanza el suelo en puntos selectos. Ya veo el refugio, ahí abajo.

Litle Auradalen

Es sólo primera hora de la tarde cuando entro en el refugio Litle Auradal con la intención clara de tomarme un buen descanso, secar todo lo mojado, comer y ver qué opciones tengo. La meteo ha mejorado mucho y me sienta fatal dar el día por terminado, con lo pronto que es y ahora que las condiciones son mucho más favorables pero continuar significaría que tendría que acampar y no tengo ninguna garantía de que vaya a ser fácil. La cosa es que, además, ¿para qué? Me quedan sólo 25 km para llegar a Lysefjord.

Después de casi dos semanas yendo a tope cada día, parar a las 3 de la tarde requiere algo de adaptación mental pero debo reconocerme que es lo que más sentido tiene. Además, el refugio tiene un porche estupendo donde sentarme a contemplar el mundo.

Litle Auradal

Será una tarde maravillosa, casi de celebración.

Tensión hasta el final

Por la mañana, no llueve pero el ambiente es sombrío. Si tenía esperanzas de un último día tranquilo, que alguna había, tengo que aceptar que aún me queda una última visita al dentista. Me pongo en camino pasadas las 7 h tras un desayuno abundante con el que espero no necesitar parar a comer nada más. Tiene pinta de que mejor me mantengo caminando.

Vuelta a la oscuridad

Tengo una subida corta para salir de la cabecera del valle y volver a la meseta, donde me gano unas amplias vistas de la gran nube gris. Llueve intermitentemente.

La gran nube gris

Llevo caminados más de 400 km seguidos, he pasado por muchos cruces y he leído muchos nombres en las señales. También he pensado mucho en el momento en el que uno de los nombres en la señal no fuera el de cualquier punto intermedio sino el del punto final y aquí está.

Lysebotn, por ahí

Desde este cruce, me queda una breve subida para llegar a los 1000 m por última vez antes del largo descenso hasta la cota cero. Hasta ayer mismo, no era consciente de que este tramo está calificado como difícil en el sistema noruego y no tengo claro por qué va a serlo pero sí que será una dificultad que sumar a las condiciones de frío y lluvia. Al final, se tradujo en un tramo empinado, algún rato de señalización dispersa y un par de pedreras largas a la orilla de un par de lagos.

Bordeando lagos

No parecía nada probable pero se abren algunos claros y vuelve la luz justo a tiempo de decir adiós a las mesetas. El corte profundo que tengo por delante es el inicio del descenso al fiordo.

Aún llevo los impermeables, por si acaso

Y ya sólo queda bajar, bajar, bajar. De la roca a la hierba densa, luego aparecen los primeros abedules y, algo más abajo, helechos. Es un buen sendero.

Descenso hacia el fiordo

Abedular

Por fin, el sendero desemboca en una pista de grava y, poco después, en una carreterilla asfaltada. Según sigo bajando, veo agua al fondo y esta vez no es un lago. La luz no es la ideal y la central eléctrica termina de estropear la foto pero era un hito que tenía que captar.

Lysefjord

Lysebotn

Habría imaginado que iría directo y sin parar hasta el borde del agua para dar el viaje por terminado pero no lo hice así. Paré 200 m antes.

Última noche

Lysebotn

Hacia mitad de viaje, Lysefjord, el fiordo luminoso, pasó de ser un objetivo deseable a ser un compromiso firme. Desde ese momento, empecé a imaginarme a mí mismo presentándome en este mostrador y diciendo la frase:

Hola, tengo una reserva para esta noche

La escena, el hecho de haber llegado hasta ahí, se convirtió en el paradigma de un buen trabajo y la promesa de un descanso bien ganado.

El refugio DNT en Lysebotn estaba poco concurrido aquella tarde-noche de viernes. Hubo una buena cena y, sí, también 200 metros más de camino:

Lysefjord

  1. Den Norske Turistforening, la Federación de Montaña de Noruega