Este apartado verá pasar nuevos ataques frontales a la ortodoxia montañera; qué le vamos a hacer… Es casi un axioma que, para ir al monte, hay que llevar botas “de montaña” (que para eso son de montaña, ¡si lo dice hasta el nombre!). ¿Quién se atreve a discutir esto? Pues cada vez más gente.
Peso / Protección del tobillo / Pies secos / Tracción / Conclusión
El peso
Puede parecer que el peso en los pies no es algo importante. ¿Cuánto más cuesta dar un paso a medida que el peso del calzado aumenta? Puede parecer que no mucho y, seguramente, no es mucho pero, a lo largo del día, no damos un paso sino muchos, miles de pasos. Y resulta que levantar el peso del calzado en cada paso a lo largo de horas supone un esfuerzo considerable. Y quiere esto decir (¿alguien lo dudaba?) que el beneficio de un calzado ligero es, cuantitativamente, enorme. Ahora, el calzado ligero tiene que funcionar.
El mito de la protección del tobillo
Una caña alta, que cubra el tobillo, se considera algo imprescindible para evitar torceduras. ¿Lo es? Al final, resulta una de esas cosas en las que, como nadie prueba otra cosa, pues no lo sabemos. No sabemos si no nos torcemos el tobillo gracias a la caña alta de la bota o a qué…
Y luego hay gente que se dedica a correr por la montaña… y, claro, como es complicado correr con botas (¡pesan mucho! ¿habéis intentado correr con botas?), llevan zapatillas y parece que no les va mal. Vamos, que no se van torciendo el tobillo constantemente. ¿Será que son grandes atletas y a los meros mortales sí que se nos torcería el tobillo si llevamos zapatillas? Las zapatillas, desde luego, son más cómodas: son más blandas (aunque hay botas bastante blandas, también) y pesan menos.
Parece ya poco discutible (en España vamos también hacia ahí, poco a poco) que para circular por un buen sendero no hace falta blindar el pie. Aún nos falta un poco para ver que incluso en terreno escarpado la caña alta hace relativamente poco para sujetar nuestros tobillos. Es la rigidez del calzado y la sujeción del talón lo que salvará nuestros tobillos. Eso y unos músculos y tendones sanos y fuertes, los de cualquier montañero. Incluso, un calzado no rígido funciona y no nos condena a lesión segura, ni mucho menos. Sigue siendo importante la sujeción del talón, función de la planta y de la plantilla interior.
El mito de los pies secos
Unos pies empapados es una de las cosas más incómodas para caminar. Puede ser hasta peligroso, en el sentido de que, ante tanta humedad constante, la piel se ablanda y aumenta el riesgo de rozaduras, ampollas… Por todo esto, se ha puesto siempre mucho énfasis en que el calzado mantenga los pies secos. Tanto que mucha gente se ha empezado a preguntar si no estábamos exagerando con esto.
Sucedía (sucede) que, a base de impermeabilizar el calzado, los pies, que sudan bastante, acababan empapados desde dentro. ¿Más o menos de lo que lo hubieran estado desde fuera? Pues, seguramente, menos pero esa no es la clave: el problema está en que, una vez mojado, el calzado impermeable tarda muchísimo en secar. En el largo recorrido, se dan habitualmente situaciones en las que secar el calzado es difícil y no es raro tener que caminar durante días con pies mojados.
Volvamos a los corredores: estos han visto que necesitan un calzado que transpire muy bien para no recalentar sus pies y prescinden en sus calzados de parafernalia impermeabilizadora; al contrario, proveen a sus zapatillas de paneles de rejilla que promuevan la evaporación. Muchos senderistas han optado por esta misma estrategia. Es algo así como “si no puedes con tu enemigo, únete a él”. Si no puedes luchar contra la humedad constante a base de blindaje, asume que te vas a mojar y construye el calzado de forma que seque lo más rápido posible.
En el largo recorrido, esto es especialmente importante, por lo expuesto arriba; esas botas mojadas se quedan bajo nuestro refugio y, a la mañana siguiente, siguen igual de mojadas. Y así día tras día.
Unas zapatillas sin membranas impermeabilizantes y con paneles que promuevan la transpiración van a calar enseguida pero, en cuanto cese la causa (lluvia, charcos, vegetación saturada…), será cuestión de minutos que nuestros pies dejen de estar incómodos. Y siempre tenemos la esperanza de que se terminen de secar.
Tracción
Esta es fácil: la tracción depende de la suela. No hace falta una gran bota para montar una suela decente.
Conclusión
Salvo para actividades técnicas específicas, es decir, para todo lo que sea, básicamente, andar, unas zapatillas serán todo lo que necesitemos en la mayoría de circunstancias. Nuevamente, necesitaremos un cierto salto mental para convencernos de que es así y un poco de experiencia positiva para verlo claro pero nada más fácil de probar.
El asunto de la impermeabilidad versus transpirabilidad va por barrios, aún hay quien prefiere la aparente seguridad de la protección frente al agua, a pesar de haber hecho la transición a calzado ligero. Personalmente, pienso que, en el largo recorrido en autonomía, es más seguro y, al fin y al cabo, cómodo maximizar la transpirabilidad pero reconozco la cierta sensación de desamparo que se experimenta cuando a la mínima el agua va para dentro. Es una primera impresión, en cualquier caso.
RSS: Entradas
Di lo que quieras