Braña de Mumián – Lago del Valle (14 km)
La mañana comienza espléndida, con sol y cielo azul, pero el valle, abajo, está lleno de niebla que enseguida asciende y nos envuelve.

Despejado arriba, niebla en el valle
Braña de Mumián – Lago del Valle (14 km)
La mañana comienza espléndida, con sol y cielo azul, pero el valle, abajo, está lleno de niebla que enseguida asciende y nos envuelve.

Despejado arriba, niebla en el valle
Las Zreizales – Braña de Mumián (13 km)
Por la mañana, la cosa tiene mala pinta. Al contrario que en jornadas anteriores, el día se levanta ya sombrío para empezar. En realidad, el tiempo está siguiendo una cierta evolución lógica: cada día se ponía tormentoso a hora más temprana y cada día el tiempo tormentoso duraba más y era más severo. Hoy, nada de cielo azul mañanero para engañar: comienza ya gris plomizo.
Valle Vallera – Las Zreizales (11 km)

IGN 76-III. 1:25.000
El día amanece con nubes y claros, igual que ayer, aproximadamente fiel a la previsión que habíamos consultado antes de salir de casa y que, a tres días vista, aún es utilizable. Esa misma previsión anuncia más nubes y más lluvia esta tarde y todo indica que así va a ser.
Majada Rudiviechas – Valle Vallera (10 km)

IGN 76-III. 1:25.000
El valle por el que subimos tiene una cómoda pista… hasta que llegamos al fondo y se acaban las majadas. A partir de ahí, el mapa indica un camino que remonta las laderas hasta llegar a la divisoria en el collado de La Llana. Estas laderas que cierran el valle están cubiertas por arbustos de buen tamaño, típico terreno por el que es muy incómodo progresar si no hay un camino. Tenemos oportunidad de empezar a comprobar cómo va a ser esto de buscar la ruta y de si podemos creer lo que dice el mapa o no.
Caboalles de Abajo – Majada Rudiviechas (5 km)

IGN 101-I. 1:25.000
Para variar, sienta estupendamente llegar al punto de inicio de viaje en un autobús para que has comprado el billete un par de días antes y, en lugar de desembarcar en una fría y anónima terminal, lo haces en la acera junto al bar en un pueblo de la cuenca minera de la montaña leonesa. Es media tarde, el cielo está plomizo y suena algún trueno; tras un café de despedida, comenzamos a caminar.
Es nuevo y resulta extraño para mí escribir sobre una historia con desarrollo distinto al esperado. Queríamos ir tan lejos como pudiéramos sobre la ARC y no fue eso lo que sucedió. Pero ¿llegamos lejos o no? No sabemos. Habría que definir «lejos».
Las bombonas de gas que utilizamos en las actividades de aire libre son una caja negra de la que habitualmente sabemos poca cosa: que sale gas al enroscar el quemador y abrir la válvula y que son una cosa que requiere un manejo responsable al contener combustibles. Ambas cosas ciertas.
El torso es un caso complejo de resolver en lo que respecta al aislamiento térmico: es, en el más amplio sentido de la expresión, el corazón de nuestro cuerpo, donde -junto con la cabeza- mantener la temperatura estable es más importante y no se escatimará en energía para hacerlo. La gestión que hagamos del aislamiento térmico en esta zona es un factor clave.

La versión moderna del jersey de lana
Parece claro que no hay que dejar basura en el medio no urbano; es algo sobre lo que, afortunadamente, ya no hay discusión. Sin embargo, todavía se encuentran muchos desperdicios por el campo y, por desgracia, muchos de ellos no son achacables a esa discusión que ya no hay sino a otra, más profunda, en la que las molleras son, si cabe, aún más duras. Y muchas de ellas las tenemos «en casa».
La protección ante la humedad admite estrategias diversas; grosso modo:
Basarse en la impermeabilidad consiste en utilizar prendas inequívocamente impermeables en ambos sentidos, renunciando a la pretendida cuadratura del círculo de la transpirabilidad.

El chubasquero de toda la vida
(O la naturaleza como herramienta educativa y terapéutica)

Viajar a pie te hace feliz
Muchas cosas suceden en el mundo presente que llaman mi atención y sobre las que tengo una opinión pero son de difícil encaje en Viajarapie. Hay casos en los que sólo es cuestión de buscar el nexo entre los asuntos interés y nuestra relación, como especie, con el mundo en el que vivimos.

El senderismo, el caminar para viajar, el viaje a pie están de moda.
A los ojos de nuestro miope sistema socio-económico, caminar era sólo para «ir al monte»; una actividad con cierto sabor a gueto: no aparece como algo que le pudiera gustar a cualquiera. Y, desde luego, no aparece como nada de lo que se pudiera conseguir mucha rentabilidad económica.

Hex 3: sólida, grande, simple y ligera
La Hex 3 de Golite es una tienda piramidal de 6 lados. Con el tiempo, el modelo cambió de nombre a Shangri-La 3 y luego Golite desapareció así que no os ofrezco enlaces ni a marca ni a modelo pero eso es historia. La tienda es fantástica pero tenía algunos detalles corregibles que la harían aún mejor así que me puse con ellos; son estos:
En los Alpes (por desgracia) no hay osos ni otros animales de estos poderosos que, sólo con su presencia invisible, contribuyen a ponernos en nuestro sitio pero esto son las montañas y, por definición, necesidad y no más remedio, los animales no humanos están por ahí y, tarde o temprano, interaccionamos con ellos. Chamois, bouquetin… et marmottes!!!
Hay mucha documentación y varias posibilidades, tanto para planificar como para usar in situ. El juego completo es el siguiente:
Crítica despiadada de algunos elementos clave en la travesía alpina. Puedes también consultar la lista completa de material final.
En un viaje con tanta interacción urbana, parece inmediato hacer un poco de historia al respecto. A título totalmente subjetivo y en unas pocas líneas:
Me cuesta encontrar motivación para escribir sobre los Alpes… ¿qué puedo decir sobre los Alpes que no sepa todo el mundo ya?
El GR5 no ha sido el más memorable de mis viajes. Los Alpes no son el mejor lugar para lo que yo busco en un viaje o, por lo menos, no la parte de la cordillera que he recorrido. Demasiada humanización.
la Minifalda Impermeable fue un experimento de éxito discutible: funcionó muy bien algunas veces; ni se me ocurrió intentar ponérmela en otras. Todo dependía mucho de las condiciones presentes: con frío, viento (y, por supuesto, lluvia) y en lugares expuestos, no era la mejor de las ideas.
El transporte público en Norteamérica no se parece nada al europeo. Las distancias, tampoco. Para volver a Denver, sólo hay un autobús que tarda 12 horas.
El Greyhound es una cosa súper cutre: autobús viejo, oficina decrépita que hace de estación improvisada y pasaje de baja clase social. Nada que me importe, mientras sea decente y me lleve. La asepsia urbana no es algo que me impresione.
Al menos, acerté con el amanecer y pude ver salir el sol y dar color a las nubes. Mereció la pena.

Amanecer en Taylor Lake
Colorado vuelve a la normalidad: mañana de cielo limpio.

Vuelta a la normalidad
No es mal momento. Hoy es mi último día en las alturas y, aunque la altitud media no es especialmente grande, el sendero va casi todo el tiempo por una cresta, un mal sitio en el que estar si el tiempo está violento. Al mismo tiempo, un recorrido espectacular si hay calma. Será una despedida con estilo.
Por la mañana, volvía la incertidumbre: si el tiempo seguía como el día anterior, aún había margen para la miseria. Eché una mirada nerviosa al panorama: seguía gris oscuro pero, al menos, no llovía y se percibía cierta tranquilidad en el ambiente, como si todo fuera a ir bien.
Recojí y volví al sendero.
Por primera vez desde que salí de Leadville, la mañana no está despejada. Muy al contrario, este es el panorama mirando hacia el valle:

Elk Creek en penumbras
Vaya shock. En Colorado, te acostumbras a ese patrón de cielo azul por la mañana, nublado por la tarde. Es tan regular que ni se te pasa por la cabeza que pueda cambiar. Pues sí que puede. Llueve y hace frío.
La tormenta pasó y no dejó bajas. A la mañana siguiente, el cielo no está tan despejado como de costumbre pero todo aparece tranquilo y espectacularmente bonito.
Por la mañana, nunca hay problema, el tiempo está tranquilo, todo está tranquilo, yo estoy tranquilo; el mundo reluce y todo es espectacular. CT y CDT siguen juntos, a un lado u otro de la divisoria, según convenga.
Pub por la noche, café por la mañana para desayunar una pila completa de pancakes antes de volver a las montañas.
El sendero asciende, deja atrás el bosque y cruza la divisoria continental. Fantástica forma de empezar a caminar en otra mañana de cielo limpio.
Cochetopa Creek me devuelve el ambiente emblemático de estas montañas, un valle amplio, rodeado de bosque y cubierto de praderas. Los castores han hecho de las suyas a lo largo del cauce, se aprecian las presas y, especialmente, las madrigueras, que se elevan sobre el estanque y la pradera.
Último día de transición por zonas bajas. Eso, en Colorado, significa alrededor de 3000 metros. Es bonito pero muy seco y enseguida empieza a hacer calor. El sendero toma a menudo pistas a las que llega el sol aunque haya bosque alrededor. Afronto otro día gregario antes de llegar a la siguiente sección de montañas grandes.
Las mañanas luminosas de Colorado invitan a madrugar. Sabes que, después, la cosa se puede poner fea pero las mañanas son de tregua. En pocos sitios como Colorado será más cierta la ortodoxia esta de que, al monte, por la mañana.
Salir de Salida no fue tan fácil como llegar, me llevó un buen rato de autostop bajo un sol que ya quemaba y como, además, no conviene hacer dedo con gorro puesto, me tuve que comer una buena insolación. Es lo que pasa en los pueblos grandes o, casi, ciudades pequeñas como Salida, que todo resulta más impersonal. Al final, me llevó un señor súper-amable que ni siquiera iba para allá pero varió su ruta sólo para llevarme.
Después de los Sawatch, el Colorado Trail parece rutinario en comparación, mucho bosque y poca roca, altitudes modestas (poco más de 3000 m) y mucho calor. Los Catorcemiles quedan demasiado lejos como para hacerles visita y hay que conformarse con verlos de lejos cuando el bosque deja hueco;
El sendero asciende Elkhead Pass de forma directa pero tomo la alternativa que pasa por la cima de Mt. Belford, otro catorcemil. La mañana es el momento ideal para subir picos en el verano de Colorado y, si es tan maravillosa como ésta, mejor.
Repito la escena de la mañana anterior con una luna llena espectacular, sólo cambio el fondo de Mt. Massive por Mt. Elbert:
Después del periodo de tiempo tormentoso, la atmósfera se ha descargado de energía y amanece un día despejado y tranquilo con una luna tan grande que se puede fotografiar hasta con la compacta:
Tennessee Pass tiene un aspecto muy diferente a dos días atrás aunque, probablemente, ayer mismo estaba mucho más nevado. Retomo camino desde aquí.
En mitad de la noche, he oído a los ultramaratonianos levantarse y, esta vez, no les he envidiado nada. De cuando en cuando, se oye rugir el viento y la lluvia caer fuera. Cuando me levanto yo, ya de día, lo de «de día» es casi un decir: está muy oscuro y, justo en ese momento, graniza con fuerza. Creo que no necesito más y es en ese momento cuando decido que estaré feliz de romper mis moldes y quedarme un día entero en Leadville.
La noche ha sido tranquila pero la mañana está lejos del típico patrón de calma chicha y esplendidez; muy al contrario, el cielo está parcialmente nublado pero lo peor no son las nubes sino la sensación de que algo feo va a pasar: viento, frío y ambiente general de inquietud.

El más típico (y confortable) campamento en el bosque
Ahora sí que he hecho las cuentas definitivas y decido intentar llegar a Tennessee Pass el viernes por la tarde, a tiempo de alcanzar Leadville antes de que cierre la oficina postal y no arriesgarme así a llegar el sábado por la mañana y encontrarla ya cerrada hasta el lunes. Kevin opina que debería estar abierta y él debe saberlo porque es de aquí pero tampoco está seguro al 100%.
Por la mañana, hace demasiado frío para los mosquitos y lo mejor es que, aparentemente, me encuentro mejor aunque sé que no podré estar seguro hasta que empiece a caminar así que nada mejor que ponerme en marcha y comprobarlo.
Nueva mañana espléndida aunque a la luz le cuesta alcanzar mi rellano entre los grandes árboles. Hace un frío considerable pero enseguida empieza a calentar el sol.
A la mañana siguiente, la niebla cubría los montes, dándoles un aspecto oscuro y frío muy lejano del calor del mediodía anterior. El Siltoldo, por su parte, tenía un aspecto bastante lamentable debido a la elasticidad del nylon mojado pero no había dejado de cumplir la función de mantenerme protegido aunque es de esperar que, tras la tormenta, no haya llovido nada más (si lo hizo, no me enteré)
Es mi primera mañana en EE.UU. y es momento de empezar a cuidarme bien pero me encuentro, una vez más, con que las cosas suelen ser más complicadas en las ciudades grandes, ¿dónde encuentro un sitio para desayunar en las zonas residenciales de Denver? Pero no desayunar un café y un bollo sino un desayuno de verdad, de esos que entran tan bien con la excusa de que luego hay que caminar muchos kilómetros.
Llego por aire. Las nubes se retiran a tiempo de dejar ver el suelo de las inmensas y aparentemente yermas llanuras que preceden a las montañas. Todo es marrón y aparece seco, pelado y vacío. Una enorme columna nubosa de desarrollo vertical da fe del fenómeno local que más temo y, de hecho, en la dirección de las montañas, el cielo aparece bastante oscuro.
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