PlanteamientoDiseñoMaterialesEstrategia / El sueloLocalización del campamentoAnte la lluviaAnte el vientoAnte la condensaciónPiquetasConclusiones

Planteamiento

En el tema del sistema de acampada, arrastramos habitualmente una enorme inercia, mayor, si cabe, que con otros elementos del equipo y en el que hay muchos mitos que desmontar. Reduzcamos el asunto a lo básico: necesitamos algo que nos proteja de los elementos (básicamente, lluvia y viento). Que mantenga la lluvia alejada del lugar donde descansamos, que no se venga abajo con el viento. Que nos permita un mínimo espacio vital y que evite que acabemos bañados en condensación. Y ya está. Necesitamos un techo; quizá, unas paredes… y alguna forma de sostener todo esto de forma estable. Y tenemos que buscar una forma de conseguir esto por el menor peso posible.

Diseño

Una tienda es tela y armazón. ¿Qué podemos hacer, desde el punto de vista del diseño, para aligerar? Por un lado, simplificar: huir de diseños complicados y sobredimensionados. Ajustar las herramientas a la tarea. Las tiendas himaláyicas, para el Himalaya y las polares, para el polo. Las invernales, para invierno y, para nuestras 3 estaciones… habitualmente, bastará con algo muy sencillo. Una simple lona, con el tamaño suficiente para ofrecernos amplia cobertura. La elección del material de la lona (expuesto a continuación) determinará que su tamaño no vaya a ser demasiado gravoso ya que el material será ligero. El armazón es algo de lo que podemos prescindir. Una lona plana se puede colocar sin más estructura que la aportada por la tensión aplicada en los puntos de anclaje. Dicha tensión, si se aplica en los puntos correctos y acompañada de una geometría y perfil adecuados, es más que suficiente para soportar vientos fuertes.

Aún así, todavía necesitaremos algún tipo de sistema de soporte vertical, esto es, algo que se levante una cierta altura desde el suelo para poder suspender nuestra lona. Si utilizamos bastones para caminar, no tenemos que buscar más, son perfectos para la tarea; si no, siempre podemos usar árboles, si están disponibles, o alguna rama caída que tenga el grosor necesario. Si no hay nada de esto, la cosa se empieza a complicar pero los teóricos de estas cosas dicen que siempre encuentran algo. No sé yo… yo uso bastones y camino tranquilo, sabiendo que por la noche me espera un refugio seguro, sí o sí.

Para los anclajes, lo ideal son lazos de cinta plana de nylon cosidos en los puntos adecuados. La localización de estos puntos depende de la forma de la lona pero para el típico caso de lona rectangular hecha de dos paneles unidos longitudinalmente, suelen ser:

Básicos: las cuatro esquinas y el punto central de cada lado corto (extremo de la costura longitudinal).

Auxiliares: 2, 3 ó 4 a lo largo de cada lado, uniformemente distribuidos.
Estos puntos de anclaje pueden ser utilizados directamente para anclar la lona, introduciendo la piqueta en el lazo pero es más conveniente evitar esto: las piquetas de sección circular pueden girar sobre sí mismas y liberar el anclaje y las de sección en V o Y (que no pueden girar sobre sí mismas) suelen tener una muesca en la cabeza demasiado pequeña para sujetar una cinta plana. En definitiva, conviene usar cordajes. Una sección de cuerda en cada anclaje permite mayor seguridad y flexibilidad en la colocación de las piquetas. Por un lado, seguridad porque, a base de usar un nudo autobloqueante, se asegura que la piqueta no se mueva ni gire, aunque sea muy fina. El nudo debe ser fácil de hacer y deshacer; típicamente, un Ballestrinque. Por otro lado, la sección de cuerda ofrece mucha versatilidad porque permite situar el borde de la lona más o menos elevado sobre el suelo, regulando así la ventilación; finalmente, permite también elegir el lugar donde se clava la piqueta, lo cual es extremadamente útil cuando el suelo es pedregoso y es difícil clavarlas.

Finalmente, para unir cada sección de cuerda a su anclaje, es útil usar un sistema que permita quitar y poner cada una fácilmente; esto es porque hay puntos de anclaje mutuamente excluyentes (si usamos uno, no usamos el otro) y, por tanto, no necesitamos tantas secciones de cuerda como anclajes. Sobre la marcha, podemos decidir dónde van las cuerdas. Lo ideal es formar un pequeño bucle en uno de los extremos (un nudo en 8 va perfecto) y pasarlo por el lazo de cinta plana con un nudo de alondra. También es útil un segundo bucle en el extremo libre y así podemos introducir la piqueta ahí directamente, si nos cuadra bien, y evitamos incluso el Ballestrinque (que sigue siendo una opción, en cualquier caso)

Parece mentira todo lo que se puede hacer con una simple lona rectangular… silnylon-flexia!

Materiales

Lona

Nylon antidesgarro impermeabilizado. Hay algunos intentos por usar poliéster (que es menos elástico y no da de sí cuando se moja) pero el poliéster es menos resistente, con lo que hay que hacer el tejido más grueso para igualar prestaciones.

Idealmente, usaremos un nylon fino y ligero. El material no va a estar rozándose contra rocas o vegetación (como puede suceder con la ropa), con lo que no necesita una alta resistencia a la abrasión. La resistencia que sí necesita es a la tracción, que es la fuerza a la que le vamos a someter cuando tensionemos la lona o a la que le va a someter el viento cuando sople.

El antidesgarro es una cualidad obvia; un tejido que no lo tenga y que sufra, pues eso, un desgarro, se nos puede, literalmente, desintegrar en las manos. El trenzado antidesgarro evita esto.

La impermeabilización es un tema importante. Tradicionalmente, se hace con una impregnación de poliuretano; sin embargo, resulta mucho más eficaz, en varios sentidos, utilizar un impregnado de silicona. El resultado de mezclar nylon con silicona se suele conocer popularmente como silnylon y el resto de teoría tras este material está ya cubierto en el enlace provisto. Utilizaremos silnylon o, en su caso, procuraremos hacernos con una lona (o incluso una tienda, si es una tienda lo que usamos) de silnylon.

Lazos de anclaje

Típicamente, cinta plana de nylon cosida sobre la lona en los puntos necesarios. Deberá ser una cinta densa y fuerte pero no muy gruesa ni demasiado ancha (entre 1 y 2 cm de ancho). Puedes ver una buena ilustración.

Cordajes

Los cordajes van a tener que soportar tensiones considerables pero normalmente no demasiado traumáticas; no es necesario que tengan una sección muy grande. 2 mm. es suficiente, incluso menos si se utilizan cuerdas de Dyneema. Dyneema es absolutamente recomendable, un material extra-fuerte. Si no, el más mundano nylon es suficiente. Polipropileno y poliéster son otras opciones, aunque menos óptimas; el poliéster es menos fuerte y menos elástico que el nylon; el polipropileno no absorbe agua pero eso no es demasiado importante para esta aplicación. La elasticidad del nylon es aquí un factor deseable, al igual y por la misma razón que en las cuerdas de escalada. Con la mencionada sección de 2 mm. será ya probablemente más fuerte que el propio silnylon, no necesitamos más.

Cuerda de dyneema de 2 mm

Es importante también que la cuerda sea capaz de sostener los nudos que vamos a utilizar. Hay cuerdas con un acabado exterior resbaladizo que no lo hacen bien y no queremos que algún Ballestrinque se afloje con un golpe de viento. Hay quien dice que Dyneema falla en esto; la versión que uso yo, hasta el momento, no me ha dado problemas en ese sentido.

Estrategia

Aquí hay varias escuelas en el mundo ligero/ultraligero. Poca gente usa tiendas aunque hay algunas (casi ninguna de ellas de grandes marcas) construidas de forma minimalista y utilizando materiales ultraligeros que se consideran asumibles. El cuasi-estándar son las lonas sujetas de alguna forma (bastones, árboles…) pero incluso aquí hay muchas variedades: desde quienes prefieren la amplia protección y seguridad de una lona grande, sobredimensionada (donde incluso se puede permitir que el viento o las salpicaduras introduzcan agua porque la zona central siempre va a quedar fuera de su alcance) hasta quienes utilizan una lona muy exigua, habitualmente a la par que una funda cubre-saco (nombre oficioso de las fundas de vivac minimalistas, ultraligeras y, habitualmente, no impermeables) para librar a este del agua que se pueda colar.

Para estos últimos (o para cualquiera que se anime), una opción muy interesante es utilizar una lona que durante el día sirva de poncho para la lluvia, con lo que hemos integrado la ropa impermeable de durante el día con el sistema de acampada de durante la noche. Fácil de decir desde casa pero no tan fácil de usar con éxito en el sendero cuando el tiempo se tuerce. Hay, de todas formas, gente que practica esta técnica hiper-minimalista con buenos resultados.

Siltarp tamaño mínimo razonable: 2.40 x 1.50 m., 135 gr. más piquetas y cuerdas

Otra opción interesante son los híbridos entre tienda y lona; habitualmente, lonas de formas algo más complejas que un simple rectángulo; muchas veces, con un suelo integrado pero que aún carecen total o parcialmente de armazón y se montan con algún sistema de soporte vertical; suelen tener provisión integrada para el uso de algún mástil ex-profeso o un bastón. Un buen compromiso entre peso y prestaciones.

¡Parece una tienda! Etérea y translúcida Tarptent Rainshadow: 1125 gr., 3 plazas (o palacio para 2)

Yo, personalmente, y tras haber probado casi todas estas opciones (salvo la de la lona-poncho, aunque sí he usado una lona del tamaño de un poncho), prefiero una lona grande. Especialmente en rutas largas, donde te puede pasar de todo (y, si puede, pasará), me hace sentirme más tranquilo saber que cuento con un sistema de acampada que me mantendrá seco y seguro en prácticamente cualquier circunstancia, especialmente teniendo en cuenta que mi saco es siempre pluma. Para rutas cortas, me puedo encontrar cómodo con una lona más pequeña.

El suelo

Estrictamente hablando, no hay. O sí… pero no un suelo en el concepto más ortodoxo, integrado en el conjunto, con forma de bañera… habitualmente, basta una simple lámina de plástico o tela impermeable (el propio silnylon está bien, aunque es bastante resbaladizo). No deberíamos tener problema con agua invadiendo el suelo que habitamos (ver apartado siguiente) pero sí es interesante contar con la protección contra la humedad y suciedad que aporta esa simple lámina de material, contribuyendo a mantener nuestros elementos más sensibles, aislante y saco, limpios y secos.

Localización del campamento

No vale cualquier sitio. Es un pequeño precio a pagar por la conveniencia de un sistema de acampada tan ligero. Deberemos elegir un lugar bien drenado y, a ser posible, ligeramente elevado sobre el terreno circundante en todas direcciones. No siempre es fácil esto último pero habrá que elegir lo que más se le aproxime. Cuando menos, que no se trate de una pequeña depresión susceptible de alojar agua acumulada cuando llueve. Hay que recordar que nuestro suelo, normalmente, no tendrá “paredes” (forma de bañera), con lo que es importante evitar que el agua corra sobre el terreno hacia él.

Incluso si usamos un suelo en bañera, hay que prestar atención: probablemente, estaremos usando un suelo de silnylon o algún otro material ligero; impermeable pero sólo hasta cierto punto. El silnylon, por ej., es tan fino que, bajo presión (por ej., la que ejerce el cuerpo al yacer), puede dejar pasar agua. Esto sólo será un problema si tenemos un auténtico charco bajo el campamento. Bastará con situarlo de forma que esto no pueda pasar. Con un poco de atención y práctica, esto no es difícil.

Ante la lluvia

Como ya he dicho, es fundamental buscar una localización adecuada; por lo demás, basta con tensar bien la lona y, normalmente, re-tensarla al rato porque, con la humedad, da de sí un poco y conviene que esté bien tensa. Es importante también proveer ventilación para evitar condensación, tanto de humedad proveniente del suelo como de nuestra respiración; para esto, un cierto hueco entre borde inferior de la lona y el suelo bastará, aunque depende del aire que haga. En condiciones de calma chicha, conviene maximizar la ventilación.

Ante el viento

Una de las grandes ventajas de las lonas como sistemas de acampada es su geometría variable, lo que redunda en una gran versatilidad. Como es bien sabido, cuanto más cerca del suelo, menos fuerte es el viento; según el terreno, la diferencia puede ser enorme pero incluso en terreno llano y despejado es un efecto notable. En condiciones de viento, se monta la lona con un perfil discreto y con los bordes directamente anclados al suelo, para que el viento no se cuele por debajo y conseguimos un sistema de acampada sorprendentemente resistente. Múltiples anclajes (las lonas suelen llevarlos y basta con una piqueta en cada uno) crean líneas de tensión extra de forma que, en lugar de un gran panel plano, se crean varios paneles “virtuales” (virtuales porque no hay una estructura sólida bajo ellos; es sólo la tensión en la lona la que los genera) más pequeños y, por tanto, menos sensibles al viento. Esto es claramente observable en la siguiente imagen: nótese la línea de tensión creada por el anclaje del punto medio del lado largo:

Siltoldo blindado contra el viento

Ante la condensación

Tanto si usamos una simple lona como un híbrido lona-tienda como si se trata de una tienda de una sola capa, estaremos en contacto directo con la potencial condensación que se pueda formar en la cara interior. Una nota sobre la condensación: no es que las tiendas de las habituales dos capas (lona exterior impermeable y tienda interior transpirable) no padezcan condensación; la padecen igual, en mayor o menor cantidad en función de su sistema de ventilación pero aíslan físicamente a los ocupantes del contacto directo, a no ser que presionemos la tienda interior contra la lona exterior (el hueco suele ser pequeño), en cuyo caso, si dicha lona está húmeda, humedeceremos la tienda interior y nuestra parte del cuerpo o de lo que sea que haya producido el contacto.

Dicho esto, en un sistema mono-capa, el hecho de tener la condensación presente a simple vista la hace más evidente y nos puede hacer preguntarnos qué hacer. Lo primero y básico es evitar que se forme; esto es, cuidar la ventilación de nuestro montaje. Dependiendo de las condiciones, podemos necesitar más o menos ventilación: si hace mucho viento, probablemente no tendremos condensación aunque cerremos completamente el refugio; en condiciones de calma y humedad, muy posiblemente se formará condensación aunque maximicemos la ventilación. Hay que hilar fino para evitar la formación y este es uno de los aspectos en que la versatilidad en el montaje (adaptabilidad a las condiciones) es un gran factor a favor de las lonas como sistemas de acampada integrales.

Maximizando la ventilación en la Cave 2

Si la condensación se ha formado (y hay veces que, de verdad, es casi imposible evitarlo al 100%), la estrategia es sencilla: tener a mano una balleta, toalla, esponja o cualquier cosa que nos sirva para absorberla. No va a quedar seco del todo pero al menos quitamos lo más gordo y si, en algún momento, al movernos, tocamos la lona, nos llevaremos algo de humedad pero nada grave. Evitamos también que haya tanta condensación que acabe “lloviéndonos” dentro del habitáculo (puede llegar a pasar)

La estrategia UL por excelencia es dar multiuso a nuestra “toalla” de viaje o lo que sea que haga su función (en mi caso, la clásica balleta de cocina) y usarla para absorber condensación. Escurrir y listo para el siguiente uso, cualquiera que sea éste.

Piquetas: número, forma y material

Con sistemas de acampada UL sin estructura cobra especial importancia un buen anclaje; en parte, y como ya se ha comentado, por crear líneas de tensión que creen paneles pequeños virtuales fraccionando un panel mayor, lo que hace el conjunto más resistente al viento. Los anclajes, por supuesto, se pueden improvisar (y, según el terreno, a veces, no quedará más remedio) pero idealmente y persiguiendo máxima funcionalidad y comodidad, usaremos piquetas. Ahora bien, no cualquier tipo de piqueta. Tampoco “las que venían con la tienda” o, al menos, no necesariamente esas y ese número. Hay que dedicarle una buena reflexión a este apartado también y, por supuesto, buscar las piquetas más ligeras que nos resuelvan el problema.

El número de piquetas es algo con lo que no conviene escatimar. ¿Es esto un problema para el paradigma UL? No del todo si elegimos piquetas ligeras. Cuántas llevar dependerá del tipo de sistema de acampada, de cuántos puntos de anclaje admita o necesite y de las condiciones meteorológicas que esperemos tener que afrontar. Nunca llevaremos más de las que el sistema pueda admitir al tiempo, considerando que algunos puntos de anclaje son mutuamente excluyentes (si usamos uno, no usamos el otro). De nuevo, según el sistema de acampada podemos recortar alguna piqueta con respecto a este máximo, previendo usar todos los anclajes en el lado de barlovento pero no en sotavento, por ejemplo.

El tipo de piquetas dependerá del terreno que esperemos encontrar. Para terreno duro, serán mejores piquetas finas que, además de pesar menos, entran mejor. En terreno blando, unas piquetas finas se pueden llegar a salir con facilidad; con una sección mayor, tienen más rozamiento y aguantan mejor los tirones sin salirse. En cuanto al tipo de sección, las de sección circular penetran con más facilidad que las de sección en V o Y pero también se salen con más facilidad y corren el riesgo de girar sobre sí mismas y liberar el anclaje; de nuevo, más ligeras y adecuadas para suelos duros o pedregosos pero menos para suelos blandos, en los que optaremos por secciones no circulares.

En cuanto al material, los metales ligeros ganan: aluminio o titanio. El titanio es la pata negra pero el aluminio es una alternativa casi tan buena y bastante más barata.

En una ruta larga, lo habitual es encontrarnos tipos de terreno variados con lo que la solución pasa por la variedad: llevar piquetas de varios tipos, de forma que el número total no supere el máximo utilizable al tiempo. Una última consideración es que no todas las líneas de tensión soportan la misma carga, con lo que tiene sentido usar piquetas diferentes no sólo según el terreno sino también según el punto de anclaje: con más poder de agarre en las líneas de máxima tensión, menos en las líneas auxiliares (habida cuenta de que, normalmente, las piquetas con menos poder de agarre pesan menos)

Personalmente, para uso general con un sistema de acampada tipo lona sin estructura, suelo llevar 6 piquetas finas de titanio tipo gancho (8 gr. cada una) más 4 que o bien serán ganchos de titanio de mayor sección y longitud (14 gr. cada una) o bien piquetas de aluminio con sección en Y (17 gr. cada una) o una combinación de ambos tipos. Habitualmente, utilizaré las piquetas tipo gancho largas y gruesas (o, en su caso, las de sección en Y o V) en las líneas de máxima tensión y las piquetas más finas en el resto de puntos salvo en suelos muy duros donde clavar bien las piquetas más largas y gruesas puede ser complicado, en cuyo caso se pueden invertir los términos: mejor una piqueta fina y corta bien clavada que una más potente a medio clavar. Con esto, tengo un conjunto de piquetas muy versátil por sólo 104 gr.

MSR Groundhog (aluminio, sección en Y); gancho en titatio, 17 cm; y seis ganchos en titanio, 15 cm

Conclusiones

En definitiva, se trata no de traducir “ligero” como “precario”. Es importante que nuestro sistema de acampada sea sólido y seguro, que nos dé protección física pero también la paz psicológica de saber que, llegada la noche, vamos a estar confortables. Este es un aspecto subjetivo y cada uno deberá adaptarlo a sus circunstancias. Para mí, una lona grandota y muchas piquetas de las ligeras; con eso, me siento capaz de ir a donde sea.

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