Me permito recordar, en este apartado, una de las premisas básicas: somos autónomos por periodos extendidos de tiempo. Sé que este es un supuesto poco real en Europa donde a duras penas tendremos que estar mucho tiempo lejos de civilización, a no ser que lo busquemos ex profeso, pero vamos, al menos, a jugar a ser autónomos y a ver qué retos plantea esto en el aspecto de la alimentación y qué soluciones hay. Las conclusiones serán aplicables a salidas de cualquier duración y autonomía efectiva.

Alimentos energéticos / Deshidratados o liofilizadosDieta y organizaciónMenú tipoEstrategias

El reto es obvio: la comida pesa, y mucho, pero es nuestro combustible y, sin ella, mal asunto. No podemos dejar de llevar comida ni podemos (a la larga, al menos) recortar la cantidad que llevamos. El recorte del peso de la comida tiene que venir de otro sitio.

La estrategia es, a muy grandes rasgos, doble:

  • Llevar alimentos con un alto poder calórico
  • Llevar alimentos desprovistos de agua y susceptibles de ser regenerados durante el viaje

El primer apartado nos pone en una situación curiosa y saca a relucir las contradicciones de nuestro mundo moderno: normalmente, procuramos evitar las calorías; tenemos a nuestra disposición cantidades virtualmente ilimitadas de comida y nuestro objetivo es comer lo menos posible y lo menos energético posible para no engordar. En el sendero, es justo al revés: tenemos cantidades limitadas de comida y nos interesa que esta sea lo más energética posible, así como que intentamos comer lo más posible pero el límite lo pone lo que hayamos sido capaces de cargar. Buena parte de esos alimentos que evitamos en el mundo urbano serán nuestros grandes amigos en el sendero. Mundo cruel…

El segundo punto se basa en que el agua, aunque no sea visible, es una parte importante de muchos alimentos; el agua pesa (un kilo por litro, por definición) y, albricias, está tirada por el suelo y la podemos recolectar sobre la marcha. Aquí se trata no ya de elegir alimentos con poco contenido de agua sino de deshidratar aquellos susceptibles de ser regenerados por mezcla con el agua perdida. Así ahorraremos mucho, muchísimo peso sin perder poder nutritivo.

Alimentos energéticos

La idea general es maximizar el contenido energético de los alimentos que transportemos o, dicho de otra forma, transportar alimentos con el contenido energético mayor posible. La energía viene empaquetada de diversas formas: grasas, hidratos de carbono y proteínas, en orden descendente de contenido energético. Las grasas son las que guardan mayor cantidad de energía pero tampoco se trata de llevar sólo grasas y olvidar lo demás… también son más lentas de asimilar. Los hidratos de carbono, por el contrario, se asimilan de forma inmediata. Parece claro que unas y otros están indicados para momentos diferentes del día. Las proteínas tienen menos energía pero también son necesarias, por cuestiones que se me escapan.

De hecho, en la dieta no se trata sólo de acumular calorías, aún siendo ese el objetivo fundamental (porque necesitaremos muchas y porque serán muchas más de las que estaremos consumiendo habitualmente en la vida urbana), hacen falta también todo el carro de elementos que a todos nos suenan: vitaminas, minerales… en una ruta de un par de días o un par de semanas, para el caso, poco notaremos un desequilibrio nutricional y podremos permitirnos comer “cualquier cosa” mientras nos permita mantenernos de pie pero si la cosa se extiende por meses, el equilibrio nutricional empieza a pesar.

Pero hablábamos de técnicas UL…

No soy experto en nutrición, más bien no sé nada de nutrición pero sé leer los datos del envase: “Contenido por 100 gr. de producto…” y los alimentos estrella para el senderista, desde el punto de vista del contenido energético, son:

  • Frutos secos
  • Chocolate

Alimentos, todos ellos, ricos en grasas vegetales, pobres en colesterol (del que no conviene abusar, tampoco en el sendero) y cargados de calorías de las buenas: almendras, avellanas, nueces, cacahuetes, anacardos… son, además, alimentos escasamente procesados y, por tanto, bastante naturales.

Alimentos deshidratados o liofilizados

Cubiertos en su apartado correspondiente. La teoría es: quitamos el agua, que pesa mucho (es, muchas veces, una parte muy grande del peso total) y nos quedamos con unos polvitos; esto es lo que transportamos. A la hora de comer, se repone el agua y como nuevo.

El agua que necesitaremos será caliente o fría, dependiendo del tipo de alimento que estamos regenerando y de lo que nos apetezca en ese momento. Ignoro si los platos típicamente usados para la cena (léase, la comida principal del día: pasta, arroz, cocido…) se pueden regenerar con agua fría, nunca lo he intentado pero yo diría que no se puede o que, al menos, llevaría mucho tiempo (horas, quizá). Tampoco sería mi plan ideal comerme un plato de estos frío…

Hay otros liofilizados que se pueden regenerar perfectamente con agua fría: leche, café, cacao, papilla… aunque se puede usar agua caliente también si nos apetece más.

Esto (el uso de agua caliente) es importante porque implica llevar con nosotros los medios para calentar agua: esto es, un hornillo, un cazo…

Sobra decir que la utilidad de portar hornillo y cazo va mucho más allá de comer caliente (algo no estrictamente necesario para alimentarnos bien, aunque suele apetecer); la verdadera utilidad está en el ahorro de peso y volumen cargado. Aunque parezca paradójico, dado que añadimos el peso y volumen de los útiles para cocinar más el combustible pero el ahorro en peso (y volumen) del agua que no cargamos es tan grande que compensa con creces a nada que nuestro viaje se prolongue más de un par de noches.

Dieta y organización

Se trata de comer energético y conseguir las calorías que necesitamos a lo largo del día pero no sólo eso: se trata también de comer lo más equilibrado posible, dentro de un orden, y de comer lo más satisfactoriamente posible. Esto último es un aspecto altamente subjetivo; en el sendero, solemos ser mucho más tolerantes que en el mundo urbano pero, en general, la tolerancia va por barrios: desde quien acepta literalmente cualquier cosa a quien no soporta la repetición o la presencia o ausencia de ciertos elementos. La variedad suele ser una buena idea pero siempre vamos a tener un límite en este aspecto. Finalmente, huelga decir, debemos hacer el conjunto lo más ligero posible.

La comida pesada del día será la cena; es la que tomamos cuando ya no nos queda mucha actividad por hacer, o ninguna, y cuando más horas tenemos por delante para la próxima comida; por tanto, cuando mejor ocasión y mayor necesidad tenemos de digerir cosas pesadas, energía de larga duración. Durante el día, necesitaremos energía también pero deberá ser energía más inmediata: hidratos de carbono, básicamente. Durante la actividad, además, no suele ser muy óptimo desempaquetar todo lo necesario para cocinar; es más eficiente, temporalmente hablando, utilizar la cocina por la mañana, cuando nuestra mochila aún no está hecha, y dejar que este sea uno de los bultos que desaparece en el fondo hasta el final de la jornada. Aquí, por supuesto, cada uno tiene sus gustos.

Especialmente cuando el tiempo sea malo (lluvia, frío…), conviene evitar paradas prolongadas, incluso para comer; una buena estrategia para este tipo de días es portar comida muy energética lo más accesible posible de forma que podamos incluso comer sin quitarnos la mochila y, si hace falta, hasta sin parar (que, a veces, hace muy malo).

Menú tipo

Desayuno: leche con cacao o café, fría o (preferentemente) caliente y cereales. Los cereales serán los más energéticos y variados posible: muesli con frutos secos, fruta deshidratada y/o chocolate. Esta es la opción más estándar. Personalmente, prefiero sustituir la base líquida por papilla: se puede preparar caliente pero fría está igualmente buena (ahorro combustible y tiempo), está muy rica y, si nutre bien a los bebés, supongo que nutrirá bien a los adultos. Desde luego, tiene muchas vitaminas, minerales y de todo. Los cereales siguen estando y aportan la energía. Cantidades tipo: papilla, 80 gr./día (en seco); cereales, 125 gr./día. La papilla se puede preparar con agua pero no es mala idea echarle algo de leche (en polvo, claro): 25 gr./día.

Durante el día: sesiones varias (dos o tres, normalmente) en las que la base es un revuelto de frutos secos, frutas deshidratadas y chocolate más algo de fiambre y/o queso con pan. El fiambre/queso/pan no es tan eficaz como el revuelto pero también tiene bastante energía y da un toque casi imprescindible de variedad. Se trata de disfrutar, a fin de cuentas, y la comida bien ganada sabe mejor que nunca pero si se trata sólo de revuelto a todas horas acaba cansando. En el revuelto, el contenido típico estará compuesto del abanico imaginable: nueces, avellanas, almendras, cacahuetes, anacardos… entre los frutos secos. La fruta seca, lo que se encuentre, no siempre es fácil encontrar de todo en España. Al menos, uvas pasas, muy energéticas, dulces y ricas y, estas sí, fáciles de encontrar. El chocolate puede ser troceado de cualquier barra o se pueden usar lacasitos o similares. Me gustan los m&m’s con cacahuete. Higos o dátiles van bien también. Hay que quitar todo lo que no se come (cáscaras, semillas…): se trata de que comer sea lo más fácil posible (meter la mano y para adentro) y de que no queden residuos (que no vale tirar por ahí, por cierto, por muy orgánicos que sean).

De la misma manera, el queso se transporta sin corteza (a no ser que nos la comamos), idem para el fiambre (no se lleva nada que se vaya a deshechar). Cantidad típica de revuelto: 180 gr./día.

El pan, que sea tostado: biscotes, colines, lo que sea que nos guste, pero de esa forma lleva muy poco agua; el pan normal lleva mucho agua y pesa demasiado. El pan tostado está, al menos en mi caso, más para acompañar al queso/fiambre que para aportar nutrientes (que también, pero menos). El queso, conviene que sea curado, mejor que joven, ya que el queso curado tiene más energía, pero en esto influyen mucho también los gustos gastronómicos de cada uno. Queso/fiambre: 130 gr./día; pan tostado: 60 gr./día.

Cena: un plato deshidratado o liofilizado. Las raciones del mundo urbano son ridículas en el sendero: dos raciones por persona, mínimo (y, a veces, ni con eso es suficiente). En general, 130 gr. de producto seco es el mínimo indispensable; 150 gr. recomendable, sobre todo a partir de un cierto número de días en el sendero, cuando nos vamos convirtiendo en máquinas de comer. Si tenemos algo de revuelto de frutos/frutas secos de más, se puede añadir al plato que sea (a la mierda la mezcla de sabores) y darle así un poco de energía extra.

Estrategias

Conviene, especialmente para rutas largas en las que suele ser más difícil calcular las necesidades alimenticias, llevar algo de más; desde el punto de vista UL, lo ideal es que todo lo extra sea liofilizado, para que pese y ocupe lo menos posible; un par de raciones de emergencia, por ej., para una autonomía de una semana. Si no confiamos en nuestra capacidad de calcular bien las raciones (cosa que sólo se consigue con experiencia y llevando un cierto control), es buena idea ser prudente y llevar de más antes que llevar de menos. La comida es algo con lo que es mejor no escatimar. No hay que olvidar estimar también el combustible necesario: de poco sirve llevar liofilizados de más si el combustible va justo.

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