Salir de Salida no fue tan fácil como llegar, me llevó un buen rato de autostop bajo un sol que ya quemaba y como, además, no conviene hacer dedo con gorro puesto, me tuve que comer una buena insolación. Es lo que pasa en los pueblos grandes o, casi, ciudades pequeñas como Salida, que todo resulta más impersonal. Al final, me llevó un señor súper-amable que ni siquiera iba para allá pero varió su ruta sólo para llevarme.
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Viajes en Norteamerica
Después de los Sawatch, el Colorado Trail parece rutinario en comparación, mucho bosque y poca roca, altitudes modestas (poco más de 3000 m) y mucho calor. Los Catorcemiles quedan demasiado lejos como para hacerles visita y hay que conformarse con verlos de lejos cuando el bosque deja hueco;
El sendero asciende Elkhead Pass de forma directa pero tomo la alternativa que pasa por la cima de Mt. Belford, otro catorcemil. La mañana es el momento ideal para subir picos en el verano de Colorado y, si es tan maravillosa como ésta, mejor.
Repito la escena de la mañana anterior con una luna llena espectacular, sólo cambio el fondo de Mt. Massive por Mt. Elbert:
Después del periodo de tiempo tormentoso, la atmósfera se ha descargado de energía y amanece un día despejado y tranquilo con una luna tan grande que se puede fotografiar hasta con la compacta:
Tennessee Pass tiene un aspecto muy diferente a dos días atrás aunque, probablemente, ayer mismo estaba mucho más nevado. Retomo camino desde aquí.
En mitad de la noche, he oído a los ultramaratonianos levantarse y, esta vez, no les he envidiado nada. De cuando en cuando, se oye rugir el viento y la lluvia caer fuera. Cuando me levanto yo, ya de día, lo de «de día» es casi un decir: está muy oscuro y, justo en ese momento, graniza con fuerza. Creo que no necesito más y es en ese momento cuando decido que estaré feliz de romper mis moldes y quedarme un día entero en Leadville.
La noche ha sido tranquila pero la mañana está lejos del típico patrón de calma chicha y esplendidez; muy al contrario, el cielo está parcialmente nublado pero lo peor no son las nubes sino la sensación de que algo feo va a pasar: viento, frío y ambiente general de inquietud.

El más típico (y confortable) campamento en el bosque
Ahora sí que he hecho las cuentas definitivas y decido intentar llegar a Tennessee Pass el viernes por la tarde, a tiempo de alcanzar Leadville antes de que cierre la oficina postal y no arriesgarme así a llegar el sábado por la mañana y encontrarla ya cerrada hasta el lunes. Kevin opina que debería estar abierta y él debe saberlo porque es de aquí pero tampoco está seguro al 100%.
Por la mañana, hace demasiado frío para los mosquitos y lo mejor es que, aparentemente, me encuentro mejor aunque sé que no podré estar seguro hasta que empiece a caminar así que nada mejor que ponerme en marcha y comprobarlo.
Nueva mañana espléndida aunque a la luz le cuesta alcanzar mi rellano entre los grandes árboles. Hace un frío considerable pero enseguida empieza a calentar el sol.
A la mañana siguiente, la niebla cubría los montes, dándoles un aspecto oscuro y frío muy lejano del calor del mediodía anterior. El Siltoldo, por su parte, tenía un aspecto bastante lamentable debido a la elasticidad del nylon mojado pero no había dejado de cumplir la función de mantenerme protegido aunque es de esperar que, tras la tormenta, no haya llovido nada más (si lo hizo, no me enteré)
Es mi primera mañana en EE.UU. y es momento de empezar a cuidarme bien pero me encuentro, una vez más, con que las cosas suelen ser más complicadas en las ciudades grandes, ¿dónde encuentro un sitio para desayunar en las zonas residenciales de Denver? Pero no desayunar un café y un bollo sino un desayuno de verdad, de esos que entran tan bien con la excusa de que luego hay que caminar muchos kilómetros.
Llego por aire. Las nubes se retiran a tiempo de dejar ver el suelo de las inmensas y aparentemente yermas llanuras que preceden a las montañas. Todo es marrón y aparece seco, pelado y vacío. Una enorme columna nubosa de desarrollo vertical da fe del fenómeno local que más temo y, de hecho, en la dirección de las montañas, el cielo aparece bastante oscuro.
Las Rocosas no son las únicas montañas gordas de Norteamérica pero sí las más difundidas y paradigmáticas. Marcan la divisoria continental. Forman la espina dorsal del subcontinente.
Las imágenes cuentan la historia:
Colorado Trail Thru: how the west was hiked and where it got us from Viajarapie on Vimeo.
Como esto no es un desfile de moda, no cambiamos de prenda cada temporada; el gris funciona siempre. Esto quiere decir que mucho del material viene repetido de años anteriores y no me veo re-escribiendo sobre lo bien que me llevo con la mochila Granite Gear o el porqué de un saco «sin fondo». Hay abundante discusión sobre todo ello en los apartados análogos de 2007, 6 y 5. Centraré la discusión en las novedades, pruebas, aciertos y fracasos, las lecciones aprendidas y las conclusiones asociadas.
La planificación de una ruta en el CT empieza de la forma más fácil posible: existe un espacio web específico, así como literatura. La Fundación del Colorado Trail o Colorado Trail Foundation cubre el habitual rol de organización sin ánimo de lucro y surtida de trabajo voluntario para todo lo relacionado con el CT: diseño, trazado, mantenimiento y difusión. Su espacio web es el punto de entrada básico a toda aproximación al sendero. Contiene mucha información útil de esa que tanto hace falta cuando estás empezando y no sabes nada: quiénes somos, a dónde vamos, etc. En la tienda-e, se puede adquirir la literatura relacionada (y da acceso al siguiente paso lógico: las guías y la cartografía)
El medio físico
Las grandes cadenas montañosas suelen servir de barrera climática; en Colorado, esta división no está nada clara: unas montañas muy grandes pero también muy alejadas de esos generadores de clima que son los océanos. En las Rocosas, no hay una fuente de humedad dominante y unas montañas que la bloqueen: más bien, las propias montañas son las generadoras de los fenómenos atmosféricos.

Weminuche Wilderness: CDT & CT caminan juntos
Realidad y expectativas
Es inevitable crearse expectativas (si no, no iríamos de viaje a ningún sitio) tanto como es inevitable que algunas de ellas no se correspondan con lo que luego encontramos. A veces, para bien; otras, no. En Colorado, me crucé con algunas cosas que no esperaba y casi siempre significaron algo negativo. Expectativas demasiado altas o realidades bajas, no quiero que los buenos recuerdos me hagan olvidar lo que no me gustó:

La cordillera Sawatch
¿Dónde estaban esos eternos cielos azules y la seguridad de que van a seguir así por tiempo indefinido? No en el agosto de Colorado, desde luego y, con su ausencia, adiós a mi idea de convertir la funda de vivac (la de juguete) en mi única protección nocturna. Sí, como hice en el PCT durante semanas y meses…
De viaje entre el 9 de agosto y el 7 de septiembre de 2008.
«The Colorado Trail», estupenda mezcla idiomática para cumplir lo que ya se está convirtiendo en una pequeña tradición: la visita bianual a esa tierra prometida que es Norteamérica. Sobra decir que no es por las hamburguesas, el béisbol o las barras y estrellas; ni el rock ni el blues; ni Broadway ni Hollywood: son las montañas, los espacios abiertos y esa naturaleza abrumadora y espléndida, sin urbanizar ni humanizar. Todo eso que en Europa (por ejemplo) dejó de existir hace varios siglos y que configura un pequeño paraíso personal donde perderme… y encontrarme.

Washington, resumido en una foto
Las Cascades se concentran y escarpan un poco y la influencia oceánica se empieza a dejar notar. Es ya el final de agosto o el principio de septiembre cuando los senderistas llegan al estado siempre-verde y el clima empieza a dar señales de cambio. La lluvia, intensa y de larga duración, es un suceso habitual en cualquier época en las Cascades de Washington pero, además, según termina el verano, puede empezar a llegar en forma sólida.
Podría parecer que, después de tanto tiempo y tanta distancia, esto ya es el sprint final y no hay quien lo pare pero las Cascades de Washington son el otro punto caliente del PCT: terreno exigente, climatología rigurosa, secciones largas y reaprovisionamientos complicados. Las Cascades septentrionales son una sucesión inacabable de valles glaciales, bosques inmensos y grandes picos cubiertos de glaciares. Es, probablemente, el área más salvaje e inalterada de todo el PCT y un broche final inmejorable y que impone respeto.

Despedida con estilo
Mi pequeño purgatorio acabó convertido en una nostálgica, interesante y extremadamente agradable experiencia. El buen tiempo retornó justo a tiempo de dejarme un sabor de boca del sendero más próximo a la realidad de estos cinco meses que a las agonías de las dos semanas previas. Lo mejor y, a la vez, lo más emotivo, el encuentro con la ristra de thru-hikers que, con una sonrisa puesta, van acercandose al objetivo soñado. Muchos viejos amigos a quienes decir adiós.

Nieve, niebla y un claro
Última y agónica etapa en la que este sufrido senderista tendrá que seguir haciendo frente a ese invierno que pide paso con voz cada vez más alta. Y, debo decir, justo a tiempo: el invierno no podrá conmigo pero ¡sí con los incendios! y el paso hacia Canadá va a estar abierto. El caso es que casi se nos junta la re-apertura con el cierre invernal, ese que provoca todos los años la ingente cantidad de nieve que reciben las Cascades. Algo de todo eso habrá y convertirá el «paseo» final en una lucha contra los elementos y, sobre todo, contra mi mismo, mis temores y el miedo escénico que provocan estas grandiosas montañas.

Alta montaña cascádica
Stehekin es la parada más esperada, el lugar civilizado más especial de todo el PCT, estratégicamente situado a pocos días de final de trayecto. La historia de esta sección será la más controvertida y accidentada de todo el viaje, con episodios a caballo entre el cielo y el infierno; el cielo, por todo lo que nos lanza, en forma de avance invernal que, en medio de lo más remoto de las Cascades, cobra una dimensión épica. El infierno, por analogía con el fuego que, se supone, hay allí y que se ha debido trasladar al PCT esta temporada. No sé cuál de los dos es más infierno, en realidad pero, de alguna forma, van a ser dos fuerzas antagónicas que lucharán entre sí mientras yo, humilde thru-hiker, intento esquivar una y otra para llegar a Stehekin, encontrármelo entero y seguir cruzando dedos para lo (poco) que falta. El desglose que sigue y el título de arriba pueden parecer anunciar una historia con final feliz pero no adelantemos acontecimientos; hubo mucho que contar.

Incendios en Washington
No podía esperar para empezar a remontar las laderas que salen de Snoqualmie Pass y me introducen en lo más profundo de las Cascades Septentrionales. Sólo hace dos años que caminé por ellas y todo sigue aquí, tal como lo recordaba. Todo lo que viene a partir de aquí forma parte de lo mejor de este viaje. Caminar por estas montañas da sentido a cualquier penuria pasada, si ello hacía falta. Alpine Lakes Wilderness es el marco ideal para volver a decir hola a mis montañas favoritas. Bueno, unas de ellas. Los últimos trail-angels del viaje me esperan al final de esta sección para un poco de hospitalidad de esa que sienta tan bien.

Final del verano, arándanos maduros
Muy bonito pero aún me falta algo. La proximidad y las grandiosas vistas del monte Rainier, el gran volcán, dan la nota de color (blanco) a esta sección pero las montañas, algo más que notables, siguen sin hacer honor a mis recuerdos de lo que va a venir después. Sección de transición, pues, y de espera. Últimas etapas con cierto componente social antes de dar la bienvenida a la soledad y la grandiosidad de las Cascades Septentrionales.

Lluvia 4 meses después
Llega septiembre y llega Washington y, con ellos, las primeras señales de la nueva estación. Por prácticamente primera vez en todo el PCT, ya no podemos dar el buen tiempo por sentado y, más aún, el malo viene acompañado de un frío que pone a prueba la viabilidad de mi equipo minimalista. Por lo demás, y tras un inicio rutinario, empiezan a llegar los grandes paisajes que hacen de Washington el final ideal del gran viaje: la espectacular travesía del monte Adams y, después, las Goat Rocks, piedra de toque de todo lo que está por venir.
Distancia: 0 m / 0 km. Acumulado: 2815 m / 4531 km
Seattle es un lugar muy especial. Una ciudad muy bonita y atractiva, en un emplazamiento físico idílico y con mucha vida cultural. Mis visitas anteriores habían sido necesariamente cortas, así que me hacía mucha ilusión, también, pasarme aquí unos días tranquilos, a fondo perdido y sin agenda. Fue una manera ideal de «volver» a la civilización, amortiguando el inevitable golpe.
Distancia: 0 m / 0 km. Acumulado: 2815 m / 4531 km
Ya he acabado. ¿Qué hago, entonces, escribiendo aún más? Pues porque mi viaje, conceptualmente, acaba en Seattle y porque, además, lo que pasó hasta llegar allí tiene su punto y me apetece contarlo. Es parte de la magia del PCT.
Distancia: 24 m / 38 km. Acumulado: 2815 m / 4531 km
Hoy sí, ya, por fin, parece que va a hacer bueno. Hace frío, lo ha hecho toda la noche, pero ahora está despejado y va a salir el sol. Me marcharé del PCT con el gorro puesto.
Distancia: 15 m / 24 km. Acumulado: 2792 m / 4493 km
Una vez más, miro al cielo. Ahora, más que nunca, necesito buen tiempo. Voy a estar solo y sin el apoyo moral de alguien a quien quejarme en mi retorno a los Estados Unidos pero, además, voy a carecer de ese punto de motivación que te da el buscar el objetivo hacia el que has estado caminando durante más de 4000 kms. Mi motivación, ahora, va a ser bastante más gris y necesitaré tenerlo fácil para llevarlo con dignidad.
Distancia: 12 m / 20 km. Acumulado: 2777 m / 4469 km
Hoy es el gran día. Hoy termina un viaje de 5 meses. Y ¿qué sensaciones tiene uno en un momento como este? Pues totalmente matizadas por las circunstancias: por un lado, quisiera no salir del saco, único lugar en este mundo en el que estoy seco y caliente; por otro, quiero salir para acabar con esto cuanto antes. Está siendo muy duro.
Distancia: 27 m / 43 km. Acumulado: 2765 m / 4449 km
Una nueva mañana y, una vez más, la misma preocupación: ¿cómo está el tiempo?…
Bueno, pues, esta vez, la situación no puede ser más dantesca: fuera, todo es blanco. Desde el cielo, al suelo. Ha nevado por la noche, sigue nevando. La capa es muy fina pero el tiempo está en momento álgido. Las nubes ya no existen; ya sólo queda una gran nube, dentro de la que estamos metidos.
Distancia: 30 m / 49 km. Acumulado: 2738 m / 4406 km
A la mañana siguiente, el primer y nervioso vistazo es hacia el cielo; sé que está previsto mal tiempo pero nunca sabes cuán malo hasta que lo ves. Hoy es cuando nos metemos de lleno en la parte más aislada de todo el sendero y empezamos con la subida a uno de sus puntos más altos en las últimas semanas, Cutthroat Pass. Recuerdo bien el lugar, pasamos allí una gloriosa noche (más bien, unos gloriosos atardecer y amanecer) en 2004. Es un sitio precioso pero muy expuesto, apenas quedan árboles. Por entonces, pensé (y escribí… por ahí andará…) que Cutthroat Pass es un gran lugar para acampar cuando el tiempo es bueno, como nos pasó entonces. Hoy, temo por la lluvia, mezclada con el viento, el frío, probablemente la niebla y quien sabe si incluso nieve, ahí arriba. No muy alagüeño.
Distancia: 20 m / 32 km. Acumulado: 2707 m / 4357 km
En 2004, esta sección nos costó 9 días; pongamos que 8 y medio. Fue la primera y mágica etapa de lo que acabó siendo un cierto viaje iniciático: el de los espacios remotos… pero remotos de verdad. Bien es verdad que, al ritmo del thru-hiker, todo parece menos lejano y, en cierto modo, sé que voy a echar de menos (ya la he echado) esa sensación de estar a varios días de distancia de cualquier cosa humana. Aún así, Pasayten Wilderness destaca como la que es, probablemente, la zona más silvestre de todo el viaje.
Distancia: 0 m / 0 km. Acumulado: 2687 m / 4325 km
Por la mañana, la cosa sigue igual, o peor: llueve intenso, aunque no de continuo. En el fondo, esto es lo mejor: ¡aún nos queda un incendio que apagar! y hoy no nos vamos a mojar.
Distancia: 20 m / 32 km. Acumulado: 2687 m / 4325 km
Paso una buena noche, duermo bien y no paso frío. Me quedaría dentro del saco sin salir hasta que llegara el verano otra vez pero, muy al contrario, tengo que madrugar y darme prisa en volver a salir al infierno húmedo.
Distancia: 15 m / 24 km. Acumulado: 2667 m / 4293 km
Una de las cosas que me daba mal rollo de venir a Leavenworth es que, ahora, tengo que volver a Trinity… y eso es una tarea de dificultad aleatoria. Lo mismo me cuesta hora y media, que me paso el día entero o que no llego. Tengo que salir de Leavenworth por una carretera más o menos principal, cambiar a otra no tan principal y, por fin, cambiar otra vez para, desde ésta, tomar la carreterilla de Trinity, la que se transforma en pista para morir allí, con lo que puedo esperar necesitar tres transportes diferentes y, con suerte, encontrarlos rápido. El primer trayecto no me preocupa, será fácil; el segundo ya puede costar y para el tercero tendré que cruzar los dedos y esperar que haya *alguien* circulando por ahí; si bien estoy prácticamente seguro de que el primero que pasara me recogería.
Distancia: 0 m / 0 km. Acumulado: 2652 m / 4269 km
Shooter se ha pasado el verano siguiendo a sus senderistas. Trabaja durante la semana y los viernes acostumbra a viajar allí donde pueda encontrarse con alguno. De esta forma, complementa el necesariamente cutre metraje que le podamos aportar con algo más profesional y de contenido diferente. En estas últimas semanas, está intentando seguirme a mí, supongo que porque de los demás ya tiene mucho más material. Yo soy nuevo en el grupo.
Distancia: 11 m / 18 km. Acumulado: 2652 m / 4269 km
He notado la nieve caer durante la noche. A la mañana siguiente, el suelo está blanco, con una capa de unos 8 cms. (o eso me parecía entonces), y sigue nevando.
Distancia: 22 m / 35 km. Acumulado: 2641 m / 4250 km
Las nubes de anoche no tenían buena pinta y he dormido con la mosca tras la oreja. No ha llovido por la noche. Por la mañana, lo primero que hago es mirar al cielo y sigue parecido. Es después, tras desayunar, recoger y ponerme en marcha, cuando la cosa se empieza a poner peor. Según empiezo el ascenso hacia Boulder Pass, sigo enclaustrado en el estrecho valle y tapado por los árboles y no veo bien el cielo pero parece evidente el cambio. De hecho, no es ya sólo por las nubes: hace frío y esa típica brisa que huele a inestabilidad.
Distancia: 27 m / 43 km. Acumulado: 2619 m / 4215 km
Desde Pear Lake, continúa la tónica de tramos de cresta, espléndidos, con ocasionales bajadas a los collados que comunican los valles transversales. Sigue el buen tiempo aunque las temperaturas son frescas pero eso, en realidad, es lo mejor.
Distancia: 18 m / 29 km. Acumulado: 2592 m / 4172 km
Hoy, madrugo para coger la bici, ir al pueblo a desayunar y estar en la oficina de los Rangers a la hora de apertura, ni un minuto más tarde. Los Dinsmore no compartían mi entusiasmo por visitar a los Rangers… me decían que no iban a saber nada; y, efectivamente, no me dicen casi nada que no sepa ya. Cruzo dedos detrás del mostrador cuando les pregunto si tienen algún mapa topográfico de los senderos alternativos para llegar a Canadá… bingo, tienen uno. Mejor dicho, tienen ¡dos! ejemplares de un mapa que, irónicamente, es uno que ya tengo en casa, de viajes anteriores. Qué gracia, voy a tener un mapa repe de la otra esquina del mundo.
Distancia: 0 m / 0 km. Acumulado: 2574 m / 4143 km
Hoy es día de descanso pero es, también, día de trabajo. Tengo que hacer lo posible por informarme y, al igual que en Sisters, Oregón, recopilar mapas, intentar trazar planes alternativos… pero ¡no antes de desayunar! Jerry me lleva de vuelta a Cascadia Inn para mi ración de pancakes.
Distancia: 25 m / 41 km. Acumulado: 2574 m / 4143 km
Hoy se ha invertido la situación de la ocasión anterior. Si, por entonces, como mencionaba, el arroyo creció durante la noche, hoy a decrecido… hasta ¡desaparecer! Sí, sí, desaparecer. Me acerco al cauce y está seco, completamente seco, ni una gota de agua corriendo por donde ayer bajaba un buen caudal. Nuevamente, no me lo he podido haber imaginado, si me caí dentro y todo… y llené botellas que, por cierto, menos mal que no lo dejé para la mañana.
Distancia: 27 m / 43 km. Acumulado: 2549 m / 4102 km
Procuro no pensar demasiado en el incendio. Desde aquí abajo, en el fondo del estrecho valle, no veo nada. Sé que lo que me toca ahora es un largo ascenso para volver a las alturas y cambiar de valle; al otro lado está Waptus, el lugar donde especulé ayer como posible localización del fuego. Ya veremos…
Distancia: 23 m / 36 km. Acumulado: 2522 m / 4059 km
Hoy es el gran día. El primero de lo que va a ser la serie de grandes días en los que este humilde senderista tendrá el placer y el privilegio de volver a caminar por las Cascades Septentrionales.
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