El viaje, explicado desde la perspectiva de algunas cifras clave.
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Viajes por Europa
En el verano de 2025, volví a Noruega para otro viaje de calidad. En esta ocasión, a la mitad sur, la parte gorda del país, para recorrer la divisoria de aguas, Norges Ryggrad. Empecé en Jotunheimen, la principal región montañosa, para seguir por Skarvheimen, Hardangervidda, las mesetas de Ryfylke y finalizar en la cabecera de Lysefjord, ya en la región de Stavanger.
Con este viaje, y juntándolo con viajes previos, casi he terminado de recorrer la longitud de Noruega, de la que sólo me faltarían los extremos norte y sur. En esta entrada, comento sobre los que, en restrospectiva, me han parecido los aspectos más destacados de haber caminado desde Jotunheimen hasta Lysefjord.
| Lugar | Suiza/Italia |
| Época | Septiembre |
| Distancia | 425 km |
| Duración | 15 días |
Este viaje ha sido sólo mi tercera ruta de larga distancia en los Alpes. A estas alturas, soy consciente de que no he hecho más que rascar la superficie de una cordillera tan grande y diversa, algo que interpreto en positivo, en el sentido de que tengo todavía mucho por explorar.
En la última parte del verano de 2024, he caminado por la región fronteriza entre Suiza e Italia, uniendo en una ruta continua dos puntos emblemáticos como St. Moritz y Zermatt. Muchas montañas por el camino y algunas lecciones adquiridas. Como mínimo, soy consciente de haber ampliado mi bagaje alpino.
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En la parte final del verano de 2024, caminé de St. Moritz a Zermatt a lo largo de los Alpes suizos/italianos. El contenido a continuación es una crónica de los tres últimos días de viaje, en los que mi ruta coincidió con la mitad norte del bucle conocido como Tour de Monte Rosa.
Desde el confort de mi litera en el refugio Oberto-Maroli, oía el viento aullar y me podía imaginar que el ambiente en el exterior no era acogedor pero lo que no esperaba es la escena invernal que me encontré al asomarme fuera:
Había nevado ligeramente durante la noche, la niebla era aún más densa que en la tarde anterior y el viento terminaba de redondear el panorama invernal. No era lo que esperaba, partiendo de un pronóstico meteo mayormente favorable que advertía de temperaturas frías pero cielos despejados y ningún evento importante. Será un fenómeno local en las cimas, pensé entonces, pero sólo eso podía ser suficiente para hacerme reconsiderar mis planes.
En capítulos previos, he comentado repetidamente cuánto me importaba completar ruta llegando a Zermatt y todo lo que había trabajado para, según progresaba el viaje, mantener ese objetivo dentro de lo posible. En el punto en el que estaba, en Monte Moro, y con tres días de camino por delante, Zermatt estaba a tiro. A la vista del terreno que me quedaba por recorrer, necesitaría una ventana de tiempo razonablemente bueno. Mi idea era recorrer la mitad sur de la ruta conocida como Tour de Monte Rosa y llegar a Zermatt vía la divisoria alpina a través del paso Teodulo, de 3295 m de altitud.
Nunca me había gustado la idea de dejar para las últimas horas de ruta el punto más elevado y, potencialmente, más delicado de todo el viaje, teniendo en cuenta que, a continuación, había que volver a casa, pero no preveía problemas mientras la meteo no fuera muy rigurosa. Lo malo era que, en caso de problemas, corría serio riesgo de quedarme atascado sin ninguna alternativa viable para llegar a Zurich a tiempo de coger mi vuelo de vuelta.
La buena noticia es que la alternativa más viable estaba en el paso del Monte Moro, a 10 minutos de mi refugio. En lugar de bajar hacia el lado italiano y recorrer la mitad sur del Tour de Monte Rosa en sentido horario, podía desandar el último tramo del día anterior, bajar hacia Suiza y llegar a Zermatt por la mitad norte del bucle sin necesidad de cruzar ningún otro paso elevado. El propio guarda del refugio me recomienda esta opción mientras monta la mesa para el que será, por gran diferencia, el mejor desayuno de todo el viaje.
El cambio de planes no es catastrófico pero me disgusta. La nueva opción es una distancia similar y, según me comenta el guarda del refugio, de mejor calidad paisajística pero no es lo que yo quería hacer y soy consciente de que me estoy echando atrás por precaución. Es lo mejor, me digo, pero no lo más emocionante.
Volveré al lado suizo, bajaré al Saastal y llegaré a Zermatt sin salir del que para mí en aquel momento era el lado bueno de las montañas.
El cambio de planes incluye también dificultades extra nada más empezar en la vuelta atrás por Monte Moro. Las condiciones son similares a las de la tarde anterior pero con más frío, visibilidad más baja y, lo peor de todo, roca resbaladiza. Los escalones metálicos de los últimos metros que me habían parecido un poco exagerados con la roca seca, ahora me vienen muy bien.
Menos mal que, por lo menos, el viento no es excesivo en la cresta y, aunque lo que me pide el cuerpo es salir de aquí cuanto antes, puedo permitirme tomarlo con calma. Con una ligera harinada, la montaña se ha convertido en una pista de patinaje y no es momento para prisas. Sería muy fácil darse una torta con alto potencial para liarla parda. La ruta es fácil de seguir a pesar de la niebla, está la señalización permanente, que es bastante densa, y la señalización temporal de una carrera pasada que aún no ha sido retirada.
Me lleva una hora salir de la roca, la nieve y la niebla, prácticamente todo al mismo tiempo. Me alegro de poder volver a caminar sobre suelo uniforme.
Una vez de vuelta en un sendero, no me lleva mucho tiempo llegar a la vegetación y al Mattmark, el lago glacial represado en la cabecera del Saastal, con el típico color lechoso en unas dimensiones a las que no estoy acostumbrado.
En el extremo opuesto del Mattmark y desde la presa, tengo una primera vista del fondo del Saastal que llega hasta el primer pueblo del valle, Saas-Almagell. De la nada, se abren algunos claros en unas nubes que parecían inamovibles.
Pasada la presa, el TMR1 desciende a la par que la carretera, atravesando bosques de coníferas, y acaba desembocando en la propia carretera para entrar en Saas-Almagell. El pueblo es turístico-modernillo y tiene muy poca actividad en lo que parece la temporada baja de septiembre.
Subiendo hacia un valle lateral, el TMR visita el más conocido y de extraño nombre Saas-Fee, flanqueado por glaciares y picos de cuatro mil metros que no puedo ver porque las nubes se han hecho fuertes de nuevo.
No parece que haya temporada baja, o no del todo, en Saas-Fee. Hay mucha gente por las calles, entre montañeros, visitantes urbanos y profesionales del esquí preparando la temporada. Esto último encaja bien en el frío que hace.
Aquí me reúno con la ruta número 6 del sistema suizo, la Alpenpässe-Weg que seguí durante la primera semana del viaje y de nuevo ahora durante unos kms según comparte sendero con el TMR a lo largo del flanco del Saastal. Se abren claros de nuevo mientras las nubes gordas se agarran a las cumbres.
El TMR flanquea el valle manteniéndose cerca de la cota 2000 recorriendo laderas empinadas pero el sendero está bien trazado, como sería de esperar en una ruta tan popular.
Seguiré caminando hacia el norte hasta la confluencia del Saas y el Mattertal pero ese punto concreto será para el día siguiente. No hay muchos sitios en los que sea obvio plantar una tienda en el TMR y he identificado sobre mapa uno que me medio-obliga a parar relativamente pronto, para lo que venía siendo estándar en el viaje. Estoy acampado para las 19:30 h y puedo ver los colores del ocaso mientras ceno.
Por la mañana, hace mucho frío. No esperaba menos pero sí me sorprende ver temperaturas negativas de dos dígitos en el termómetro.
Dudo de que la temperatura fuera tan baja y me imagino que el aparato estaba dando una lectura incorrecta, por lo que fuera, aunque luego pasé junto a arroyos congelados con hielo grueso. Fuera cual fuera la temperatura, hacía frío.
Siento el aire frío, veo las nubes condensadas en torno a las cumbres y me alegro de saber que no tengo que hacer ningún puerto más. El resto del cielo visible está despejado y la luz de la mañana es muy bonita. Saliendo de la relativa reclusión de la vaguada donde había acampado, puedo ver lo que tenía monte arriba.
El TMR es un flanqueo sin fin; a menudo, sobre laderas empinadas. Por ejemplo, ésta:
A última hora de la mañana, llego a la confluencia del Saastal y el Mattertal. Aquí, giro hacia el sur y enfilo la última parte del viaje.
Ha caído nieve nueva en las zonas altas y las nubes son gruesas en torno a las cimas. Es la típica situación consecuencia de una masa de aire frío instalada en la región y, una vez más, me alegro de no tener que subir más a zonas expuestas. Veo Zermatt al alcance.
La sección del TMR sobre el Mattertal está identificada como Europaweg. Sigue el mismo patrón que en el Saastal pero con un sendero tan sobre-construido que a veces ya ni parece un sendero.
Pensé que sería una excepción para salvar un tramo difícil sin alternativa clara pero hubo varios casos a lo largo de la tarde, hasta el punto de que empecé a pensar que, si todo esto era necesario, quizá esta ruta no debería ir por ahí.
El caso es que, ya que estoy, no me queda más que apreciar la calidad panorámica, empezando por las estupendas vistas a los glaciares en el lado opuesto del valle:
Están también los alerces de montaña, preciosos, cuyo límite superior la ruta bordea:
Y las formaciones de hielo, que no se están fundiendo durante el día.
Poco antes del final de la jornada, puedo llegar a ver la cabecera del Mattertal, con Zermatt parcialmente visible en el fondo de valle y el trasfondo de la divisoria alpina. En algún punto de aquella cresta está el paso Teodulo, que tendría que haber cruzado desde el sur en el plan original.
A continuación, Europahutte, donde había previsto pasar la noche, a la vista del frío que hace y las limitadas opciones para acampar en Europaweg. Vista la última experiencia en refugio, había llamado por teléfono el día anterior para verificar que éste seguía abierto y el caso es que estaba ya casi lleno y pillé sitio por poco.
No era consciente de que este tramo no tenía nada que ver con nada de lo que había recorrido durante las dos semanas de viaje, en las que, salvo excepciones puntuales, apenas me había cruzado con gente y podía presentarme en los refugios sin avisar y contar con encontrar sitio. Esta zona parece extremadamente popular e incluso con la temporada ya casi terminada el refugio está lleno.
Es viernes noche y, según me dicen, es el último fin de semana de apertura.
Y así me presento en el último día de camino con apenas 22 km para llegar a Zermatt. Es el día 15 de viaje. Por primera vez desde que salí de St. Moritz, me siento relajado.
Nada más salir de Europahutte, veo en el mapa otra línea extrañamente recta, no tan larga como los 3,5 km del túnel de hace unos días pero igualmente impropia del trazado de un sendero. Es un puente colgante. Según la literatura, el más largo del mundo de su categoría con una longitud entre soportes de casi 500 m.
El puente salva una amplia canal de purga cuyo ángulo no es excesivo pero debe estar tan expuesto a desprendimientos que justifica la infraestructura mastodóntica. Está bien primar la seguridad pero igual había que repensar la localización de la ruta si el terreno es tan poco propicio.
La meteo sigue con el mismo patrón de los dos días previos, nublado y frío. El cielo encapotado hace la luz más uniforme que en la tarde previa y facilita las imágenes de los glaciares:
Valle arriba, el panorama dominante vira hacia el Hohlichtgletscher y el Zinalrothorn.
Las laderas por las que va el sendero no son particularmente empinadas pero, por alguna razón, parece que sí propensas a desprendimientos. Hay tramos acotados por señalización que avisa del peligro y pide a la gente que pase sin pararse. Hay otros trozos protegidos con techado o incluso tunelados.
Definitivamente, no parece un buen sitio para un sendero.
Es una tarde nublada y fría de mediados de septiembre cuando por fin puedo ver en directo la icónica silueta del Matterhorn/Cervino:
Es su prominencia y relativo aislamiento de otros picos lo que lo hace tan especial. En clave ombliguista, pienso en todo lo que me ha costado llegar aquí.
Como símbolo de lo intenso que ha sido este viaje, este último día es el primero en el que echo algún rato para auto-fotos. Hasta ahora, no había tenido tiempo de hacer nada más que caminar.
Aunque el Matterhorn es la estrella, hay muchas otras montañas a la vista. Es un lugar espectacular.
Contra todo pronóstico, las nubes se rompen y el ambiente cambia radicalmente. Me puedo quitar los guantes y caminar en camiseta de nuevo, además de contemplar el gran pico bajo una luz diferente.
Todo lo que queda desde este punto es bajar a Zermatt, donde llego a media tarde. Cruzar la localidad es un shock. Hay muchísima gente y casi nadie tiene aspecto montañero. No parece que Zermatt tenga temporada baja o, si la tiene y es ésta, prefiero no pensar cómo será la alta.
El camping está en el extremo opuesto de la localidad y en el extremo opuesto del glamur pero es probablemente el único sitio donde pernoctar cuyo precio no es de tres cifras. Es muy básico pero hace el apaño.
Me costó hasta encontrar un sitio donde cenar. Que no es tanto por la comida propiamente dicha como por el simbolismo. Me lo había ganado.
En la parte final del verano de 2024, caminé de St. Moritz a Zermatt a lo largo de los Alpes suizos/italianos. El contenido a continuación es una crónica de la segunda semana de viaje, en la que coincidí con una sección de la ruta conocida como Grande Traversata delle Alpi.
Es el día 8 de viaje y amanezco bajo cielos oscuros otra vez. Ya ni recuerdo cuál era el pronóstico del tiempo en aquel momento pero es como si ya diera igual, parecía que la nube siempre estaba ahí. Para cuando recojo campamento, me rodea la niebla.
Tengo unos pocos kms de flanqueo por una amplia pista de grava hasta el cruce donde dejaré la ruta Alpenpässe-Weg que he estado siguiendo durante una semana. Por el camino, cruzo lo que parece el escenario de un alud de nieve. Te puedes imaginar la fuerza que tiene esa cosa a la vista de los árboles caídos.
La Alpenpässe-Weg, ruta número 6 en el sistema suizo, sigue adelante pero, a la hora de planificar, me pareció que lo que venía a continuación era menos interesante que si me mantenía más cerca de la divisoria alpina así que pinté mi ruta por senderos que la seguían de cerca. Éste es mi cruce:
Dejo atrás el flanqueo para subir hacia las montañas y hacia la niebla. El sendero es bueno y la señalización, también.
La niebla se hace más espesa según subo hacia el Passo di Cristallina, que no es mucho más alto que los varios collados herbosos que he cruzado en días anteriores pero éste, por lo que sea, es casi todo roca desde bastante lejos. Hay un refugio en el mismo collado. En las condiciones presentes, tengo claro que la parada para comer será mucho más agradable si la hago dentro.
Hice la subida en camiseta pero, para cuando salgo del refugio, claramente necesito añadir capas. Está oscuro y hace frío. No se ve ni torta pero el sendero sigue siendo bueno.
La niebla añade el habitual toque dramático pero es una pena no poder ver los panoramas en la que es, como a lo largo de toda la ruta, mi primera visita a la región. Una vez fuera de la zona del collado, el ambiente es más tranquilo y no tan frío. El avance es relativamente lento en un descenso con mucho tramo rocoso y la roca mojada.
A mitad de descenso, el sendero desemboca y comparte brevemente una carretera de grava, parte de la infraestructura de explotación hidraúlica de la zona. Podría seguir la carretera, iría más rápido, pero decido continuar por el sendero. El premio es una ronda de café y tarta en Capanna Basodino, por donde no habría pasado de haber tomado la carretera. Teniendo ocasión, es buena idea hacer una pausa dentro porque las condiciones afuera son de las que te dejan pasmado en minutos.
Desde el refugio Basodino, hay que ascender de nuevo en lo que serán los últimos kilómetros en territorio suizo por el momento. Tras un talud inicial y niebla densa, llego a un impresionante valle de altura que tengo que recorrer hasta su salida por la Boccheta di Val Maggia y la frontera con Italia.
La niebla viene y va según desciendo del paso con algún antiguo nevero por donde se camina casi mejor que sobre la roca mojada.
El mundo roca da paso a una zona de praderas con vacas pastando y cabañas de pastores algo más abajo, luego infraestructuras hidráulicas y un refugio del Club Alpino Italiano en el que no habría estado mal pasar la noche pero, aunque el ambiente sigue sin ser apacible, no llueve así que sigo adelante con un descenso final al valle principal donde voy a parar a una carretera asfaltada y la aldea de Riale.
Hay un hotelito alpino con pinta acogedora junto al sendero y es uno de esos días en los que cuesta dejarlo atrás. Casi me gustaría que se pusiera a llover para tener la excusa perfecta pero no lo hace.
Me queda un rato de luz, mortecina, pero luz, para salir del fondo de valle por la ladera de enfrente y buscar un hueco llano para plantar la pirámide. Cena con vistas al valle.
El día 9 amanece nublado otra vez y el pronóstico es de lluvia fuerte y persistente a partir de media mañana. No parece un buen día para pasárselo fuera, mucho menos para dormir fuera tras una buena calada así que veo qué opciones tengo. Tras un paso de montaña, bajo a un refugio. Después, hay que subir otro puerto, seguido de un largo descenso a una zona edificada, accesible por carretera, donde hay otro refugio. Me pongo este último como objetivo y reanudo con no muchas ganas el camino en ruta hacia el Paso Nefelgiu.
Es un corto descenso desde Passo Nefelgiu hacia el represado Lago Vannino, que aparece a la vista enseguida.
Empieza a llover literalmente 200 m antes de llegar al refugio Margaroli, que se encuentra junto al desagüe del lago. Es lo que faltaba para dejarme claro que lo mejor era ir para adentro y valorar opciones delante de un café y un trozo de tarta.
A mitad de camino entre un enfoque ambicioso y conservador, mi plan inicial para el día era seguir adelante desde Margaroli, hacer el siguiente puerto y bajar a Alpe Devero, donde encontraría otro refugio donde estar seco y pasar la noche. Eran sólo 13 km más, no suena demasiado difícil pero, cuando miro afuera a lo que ya es lluvia intensa, parece la peor de las ideas. El guarda del refugio Margaroli confirma que va a estar lloviendo así todo el día.
Cambio de opinión varias veces mientras mantengo vigilado el grado de oscuridad que hay afuera. Por una parte, quedarme en Margaroli sería desastroso para mi objetivo de llegar a Zermatt al final del viaje. Por otra parte, aún tengo reciente lo duro que fue seguir adelante en condiciones similares unos días antes y me digo a mí mismo que no quiero pasar por eso de nuevo.
Es sólo media mañana y ya hay un goteo, valga el doble sentido, de senderistas mojados que van llegando al refugio. Le digo al guarda que me quedo.
Llovió como estaba previsto. Es difícil decir cómo de complicado habría sido continuar hasta el siguiente refugio y si quedarme fue una buena decisión. Me sentía mal por ello pero llegó un momento en que tomé la decisión consciente de dejar de darle vueltas. No valía para nada.
Fue un día animado en el refugio Margaroli, con un flujo continuo de montañeros buscando abrigo de la lluvia. Tuve tiempo de hacer planes para lo que quedaba de viaje, relajarme y disfrutar de una buena cena. Lo pasé bien.
A la mañana siguiente, no llovía y el pronóstico decía que lo peor de la tormenta ya había pasado pero el ambiente estaba de todo menos tranquilo. Había momentos de luz pero el cielo estaba mayormente cubierto. De camino hacia Scatta Minoia, puerto a 2599 m, empezó a soplar viento fuerte y hacía mucho frío. Mirando atrás, buena vista del lago Vannino y el refugio Margaroli. La distancia ayuda a camuflar la infraestructura hidráulica.
Scatta Minoia es lo suficientemente alto como para ser mayormente roca. El ambiente en el collado es invernal, con nube baja y un viento gélido que me hacen apreciar el refugio de emergencia que hay en el mismo puerto. Sólo ha pasado hora y media desde que salí y aún no necesito ni descansar ni comer pero me meto dentro, siquiera para protegerme del viento mientras me abrigo. El refugio está en buen estado pero las paredes de hormigón no lo hacen acogedor.
Llueve de nuevo según bajo hacia el otro lado pero es sólo un chaparrón. Para recordar quién manda aquí y que nadie se relaje. El tiempo sigue con patrón inestable. Por otro lado, el paisaje es muy bonito, con un lago y prados alpinos antes de llegar a los primeros árboles.
Más abajo, la ruta se mete en el bosque y esto significa una tregua para el montañero cansado de tanta batalla. Lago di Devero es la referencia inequívoca.
Pasado el gran lago, llego a Alpe Devero, un praderío llano de forma circular flanqueado por montañas. Da la impresión de haber sido un lago en el pasado pero, si lo fue, ya hace mucho que no. El lugar es ahora accesible por una carreterilla de montaña y está parcialmente urbanizado en estilo alpino. Es un sitio muy bonito, a pesar de las construcciones modernas. Junto con un rato de nubes más finas que dejan pasar algo de sol, me levanta el ánimo.
Saliendo de Alpe Devero, la ruta sube a un valle de altura súper-bonito, el típico cuadro de prado alpino flanqueado por bosque con el fondo de los picos de la divisoria. Los rebaños que pastan disfrutan de la hierba; yo, del camino.
La ruta lleva a Scatta d’Orogna, un collado secundario que da paso a la cabecera de un valle paralelo con un flanqueo hasta otro collado, Passo di Valtendra.
Desde la hora feliz en Alpe Devero, las nubes habían ido ganando terreno pero el ambiente se mantenía tranquilo. Cruzar Valtendra fue como viajar en el tiempo: de golpe y sin aviso, me encuentro con una masa de nube oscura y viento frío. Fin de la tregua. Para cuando bajo a la cabecera de valle, ya está lloviendo.
No me esperaba este nuevo episodio de lluvia pero me molesta menos de lo que hubiera esperado, quizá porque ya me estoy acostumbrando pero seguro que ayuda saber que, en caso de necesidad, puedo encontrar abrigo un poco más abajo, en Alpe Veglia.
Me paso un rato guarecido de la lluvia junto a la puerta del refugio Citta di Arona valorando mis opciones. Alpe Veglia es un sitio muy bonito, cabecera de valle con el fondo de los tresmiles de la divisoria alpina. Quedan un par de horas de luz, he caminado 27 km y tendría sentido ir a lo fácil y pasar la noche allí. Por otra parte, después del día corto de la jornada anterior, he acumulado déficit y necesito ese par de horas para avanzar todo lo que pueda. Soy consciente de que quedarme en el refugio es, en este caso, algo más que ir a lo fácil: significaría renunciar al objetivo de llegar a Zermatt, ese por el que me había esforzado tanto.
La lluvia había amainado. Decidí seguir adelante.
Es todo cuesta abajo desde Alpe Veglia sobre una pista apta para coches pero empinadísima que salva el escalón entre el alpe y el valle. Subir al alpe debía ser mucho más complicado para montañeros, animales y pastores antes de que la construyeran.
Intento sacar el mayor partido posible a la decisión de seguir adelante bajando al trote cuando la pendiente es favorable y sólo hace falta trabajo de cuádriceps pero no esfuerzo aeróbico. No es la primera vez que hago esto en este viaje ni será la última.
Para cuando llego al primer pueblo del valle, está lloviendo otra vez y estoy tentado de buscar alojamiento allí pero es un sitio turístico; en septiembre, casi desértico, y no parece que fuera fácil o siquiera posible así que sigo adelante.
Una vez en zonas pobladas, el problema para acampar está en encontrar un sitio discreto y, en este caso, algo que sea llano porque el sendero se mete en un flanqueo de muchos kilómetros. En el mapa se ve un rellano prometedor y, cuando llego allí, ya casi de noche, resulta perfecto aunque la foto buena la tuve que sacar a la mañana siguiente.
Mantener el objetivo a tiro es motivante pero también exigente, me obliga a seguir trabajando duro. Había estado revisando mapas antes de dormir y vi una posibilidad de ahorrar algo de tiempo en la bajada a la localidad de Varzo. Mi ruta original va por senderos haciendo un flanqueo. La carretera hace un recorridog paralelo, cerca del fondo de valle. Es más o menos la misma distancia pero en la carretera es más fácil bajar al trote. Sería más largo si hiciera los zig-zags pero los puedo atrochar así que voy por ello. Son 9 km desde campamento y llego a Varzo antes de las 9 h.
Varzo que, por cierto, sería, con mucho, el punto más bajo del viaje a poco más de 500 m de altitud en el puente sobre el Torrente Diveria. Es, también, mi último punto de reaprovisionamiento planeado y recargo con lo que pudiera necesitar para los últimos cinco días de ruta en una de las dos pequeñas tiendas locales.
Tras el punto más bajo viene la subida más larga, 1700 metros verticales de una vez hasta los 2235 m del Passo di Variola en un tramo de 8 km que es consistentemente empinado. Salir del fondo de valle es lo que necesita más esfuerzo y me lo tomo con paciencia. A cota 2000, una última vista de Varzo y su periferia, extendiéndose por la ladera.
Llevaba todo el día demasiado ocupado intentando hacer kms y ahorrar tiempo en cada tarea como para tomar nota de algo importante que se hace evidente cuando vuelvo a las alturas alpinas: la meteo está tranquila y estable por primera vez desde ni-me-acuerdo. No voy a renegar de lo entretenido que es el tiempo revuelto pero me alegro tanto por la tregua que no se me ocurre con qué compararlo para que se note que quiero exagerar. Está muy bien poderse relajar y despreocuparse de casi todo lo que no sea caminar.
El paso de Variola cruza una sierra secundaria y me deja la impresión de haberme quedado en el mismo sitio, geográficamente. Da paso a un largo flanqueo sobre el Valle d’Ossola, cuyo fondo está a sólo 250 m de altitud. Allá donde la topografía lo permite, la vista es muy interesante.
En un progresivo descenso, la ruta entra en un hayedo con esa atmósfera única que sólo tienen los hayedos.
Prosiguiendo con el flanqueo, el sendero asciende para volver a la zona alpina. El cielo sigue despejado pero la tranquilidad parece haber terminado cuando se levanta viento y se siente el frío. Asciendo deprisa, intentando compensar con sobrecalentamiento para poder seguir en camiseta cuando las condiciones están para el plumas.
Paso junto a un prado perfecto, resguardado por el relieve y los últimos árboles, que sería el sitio perfecto para pernoctar en un contexto senderista pero necesito avanzar más. Más arriba, hay varios lagos alpinos con sus zonas llanas que serían el campamento perfecto en un contexto montañero. A mitad de camino entre ambos, el refugio Alpe Laghetto, donde paro para rellenar botellas en la fuente.
Con el sol ya oculto y el viento frío dejándome tieso, me tomo unos minutos para decidir lo que realmente quiero hacer y opto de nuevo por la alta traición. Voy para adentro.
Debo añadir que el refugio es muy agradable, uno de esos pequeñitos y familiares con muy poca gente y ambiente relajado. Lo meto en la carpeta de los placeres culpables.
A la mañana siguiente, me tomo el desayuno lo más pronto que me lo sirven mientras aún está oscuro afuera porque tengo un día muy largo por delante. Para cuando salgo, sale el sol también y es una mañana luminosa y fría. He recuperado energías y la meteo tranquila me levanta el ánimo. Salgo a caminar con ganas de comerme el sendero quizá por primera vez en todo el viaje.
La ruta asciende en flanco varios kms antes del siguiente collado importante. Por el camino, paso junto a esos lagos alpinos que habrían sido, desde luego, un lugar maravillo donde pasar la noche.
El Passo di Pontimia me devuelve a Suiza, siquiera brevemente, y el valle de orientación norte me hace pensar que es mi primer contacto con la cuenca del Ródano pero un vistazo al mapa revela que no, que sigo en la vertiente sur, con la divisoria marcada por los picos de enfrente:
Son menos de 5 km por este lado antes de volver a Italia por el Passo d’Andolla, visible en la foto anterior como uno de los puntos bajos de la cresta de la izquierda. Una travesía panorámica.
El paso de Andolla es caminable en ambos lados a pesar de lo empinado de las paredes que cruza. Me lleva de vuelta a Italia.
La vista al otro lado es muy reveladora de lo que viene a continuación, puedo ver toda la cabecera que tendré que cruzar así como el siguiente puerto, en algún lugar de la cresta de enfrente.
Reutilizando nombres, está el refugio de Andolla ahí abajo. El descenso no tiene problemas. Las señales van advirtiendo de la dificultad del Passo di Coronette, que viene a continuación, cuya cara sur es una canal estrecha equipada con cadenas. El texto dice que sólo para expertos. Ya veré si me puedo considerar experto para estándares senderistas italianos.
Lo que no mencionan las señales es la incómoda sección en la aproximación al paso, donde la ruta cambia de lado del valle. El sendero poco definido y la vegetación densa hacen que el progreso sea desesperantemente lento pero hago un esfuerzo consciente por no que no cunda la prisa. El final de la ascensión es mucho más agradable y la luz acompaña.
El paso no es siquiera un collado, sólo el punto de acceso a la canal del otro lado, y ofrece vistas al represado Lago di Camposecco.
Con la roca seca, la canal no sería mayor problema si fuera en ascenso. Bajarla es un poco más delicado al llevar una mochila grande, con el riesgo de que se golpee contra la pared y te eche para fuera. Uso la cadena en algunos puntos.
Una vez fuera de la canal, la diversión aún no ha terminado. Una extensa pedrera que llega hasta la orilla del lago hace el avance lento y empiezo a pensar que una jornada de más de 30 km en este terreno va a ser un reto pero tengo claro que, si hay algún momento para avanzar deprisa, no es éste.
Para cuando llego al nivel del lago, es media tarde y me queda más de la mitad de la distancia prevista para el día. Las nubes ya no hacen bonito, ahora cubren todo el cielo. Después de una mañana efusiva, me encuentro de vuelta en la cruda realidad del trabajo gregario.
Las infraestructuras hidráulicas, al menos, me permiten avanzar deprisa, siquiera por un rato. La ladera es empinada pero hay una plataformilla lisa, probablemente lleve alguna tubería debajo.
Sin conocer la zona previamente, había notado en el mapa una sección de ruta extrañamente rectilínea que no se correspondía con lo que haría un sendero en el flanqueo de una ladera empinada y supuse que sólo podía ser un túnel. Una búsqueda rápida en la red confirmó que, efectivamente, era un túnel, de casi 3 km.
Ni idea de qué hacía un túnel ahí, tampoco lo investigué. Sí que leí que había un interruptor de luz en cada entrada con una temporización que debería bastar para llegar al otro lado. El resto, lo vería in-situ.
El túnel resulta ser parte de la infraestructura hidráulica asociada a los lagos represados de Camposecco y Cingino. Lleva dentro una tubería gorda que deja el sitio justo para caminar a su lado. La altura del techo era suficiente para mis 1.70 m pero tan justita que, instintivamente, caminaba un poco inclinado. Mal sitio para alguien que padezca claustrofobia.
Un sitio oscuro y húmedo. El suelo estaba encharcado casi de continuo; a veces, el charco dejaba un hueco seco sobre el que pisar pero otras cubría el ancho completo y había que meter el pie dentro. Podía ser profundo. Sólo algunas secciones tenían una rejilla metálica sobre el charco. Era inevitable salir de allí con los pies mojados. La iluminación ayudaba en el sentido de que era mejor que no tenerla pero no era continua, los puntos de luz estaban alejados lo suficiente para dejar espacio oscuro entre ellos. Me habría venido bien un frontal más potente que el pequeñito que llevaba.
En el lado de Camposecco, por donde entré, el interruptor de luz estaba varios metros en el interior. Me pasé un buen rato tonto buscándolo junto a la puerta.
Crucé el túnel lo más rápido que pude y fue un alivio salir. No fue mal pero tampoco una experiencia agradable.
Una gran alegría volver a la luz aunque el ambiente está lejos de ser luminoso. Las nubes son gruesas, empieza a llover y me alegro de tener opciones a cubierto para el final del día. Mi objetivo es el refugio Oberto-Maroli, del que aún me separan dos puertos. Necesitaría llegar como mínimo hasta allí si quisiera mantener Zermatt al alcance. Sólo quedan tres días más y ya no hay colchón.
Apenas he parado para descansar en todo el día pero no me ha servido para ir sobrado, bien al contrario, el resto de la jornada va a ser una carrera contra el tiempo si quiero pasar el último collado antes de que se haga de noche así que no pierdo un minuto para celebrar la vuelta a la superficie y voy directo hacia el Passo di Antigine.
También identificado como Ofentalpass. Éste es, por fin, un collado transalpino que me devuelve a la vertiente suiza. Cuando lo cruzo, piso la cuenca del Ródano por primera vez en el viaje.
Me alegra ver que he hecho un buen tiempo en la subida y que, en condiciones normales, debería poder llegar a Oberto-Maroli antes del anochecer pero sólo si no paro ni para estornudar. La ruta desciende por el lado suizo lo justo para encontrar terreno favorable para rodear el Pizzo di Antigine, después vuelve a subir hacia los 2845 m del Passo del Moro. Se echa la niebla y se hace tarde, no estoy seguro de cuál de los dos factores pesa más en la oscuridad general pero, como sea, me alegro de que la señalización sea muy buena en este tramo.
Llego al paso en condiciones de visibilidad escasa, de vuelta a Italia y la cuenca del Po pero sin tiempo para valorar esos hitos. Sin ser catastróficas, las condiciones ahí arriba eran delicadas: humedad, viento y frío. No se ve nada pero sólo debería haber que descender unos minutos para llegar a la estación superior de varios remontes de esquí y el refugio.
Bajo deprisa y la niebla se levanta brevemente para mostrar una escena de pinta desolada. Más edificios de los que me gustaría ver cerca de la cima de una montaña y ningún signo de actividad.
Me alegré infinito de haber llamado por teléfono la noche anterior para verificar que Oberto-Maroli estaba aún abierto y atendido porque, según me acerco, no lo parece.
Son las 20 h de mediados de septiembre y no molaría nada encontrar un refugio cerrado estando a 2800 m así que es un alivio cuando por fin veo una luz a través de la puerta y ésta se abre cuando la empujo. Es como entrar en otra dimensión.
Seré el único huesped esa noche. El guarda confirma que ya no hay mucha gente por las montañas y que el refugio cerrará en unos días.
Sólo han sido 32 km pero qué largos 32 km. Me han llevado más de 12 horas, en las que sólo me he tomado un descanso de media. A estas alturas de viaje, cuando tengo ya tanta hambre que podría estar comiendo todo el día, he estado sin comer nada por más de 8 horas. No sé ni cómo hice eso pero supongo que la motivación tuvo más peso que el hambre o el cansancio.
No sé si era algo estándar o un extra por ser el único cliente pero, desde luego, no me quejé de la cena copiosa de tres platos. El guarda no hacía más que sacar otro más y yo me los comía todos. Para mi propia sorpresa, sin pestañear, me entraron solos. Me acabé hasta el cesto de pan. Parece claro que tenía mucho hueco.
En este punto, estaba a tres días y menos de 80 km del objetivo. Había conseguido hacerlo posible. El pronóstico del tiempo no era del todo malo, con una masa de aire frío instalada en la región que iba a traer temperaturas bajas e inestabilidad general pero sin apenas lluvia. Quedaba mucho trabajo por delante pero sentía que ya nada podía salir mal.
En la parte final del verano de 2024, caminé de St. Moritz a Zermatt a lo largo de los Alpes suizos/italianos. El contenido a continuación es una crónica de la primera semana de viaje, en la que seguí la ruta Alpenpässe-Weg (no completa)
El viaje en tren a primera hora entre Zurich y St. Moritz es agradable y relajante pero, para cuando me acerco al destino, me voy impacientando, lo que quiero es empezar a caminar ya. Lo hago desde la misma estación de tren, con la sensación extraña de cargar un mochilón a lo largo de los hoteles de lujo y alguna limusina y con parada obligatoria en una tienda de montaña para comprar gas. Con eso, ya lo tengo todo.
La ruta a través de la zona urbana está bien señalizada y emerge de entre el bosque a laderas herbosas cosidas a infraestructuras de esquí. La desconexión tendrá que ser gradual.
La línea que voy a seguir durante la primera semana va dibujada sobre la Ruta 6 del sistema suizo, identificada también como la Alpenpässe-Weg. Tiene su propia pegatina en la mayoría de postes de señales.
Pasados los remontes de esquí y sus edificios mamotreto, la ruta enfila un valle de altura de camino hacia el primer puerto del viaje. El paisaje se pone alpino.
Fuorcla Schlattain es un paso elevado, 2873 m, pero nada remoto, accesible por pista y frecuentado por ciclistas. Tengo que esperar un poco más para entrar en terreno que sólo se puede recorrer a pie en la subida a Fuorcla Suvretta. La vista adelante desde el paso a 2966 m ya no muestra ninguna infraestructura más que el sendero.
A partir de aquí, la ruta ya se mete en las profundidades del macizo al oeste de St. Moritz, descendiendo lo justo para rodear un pico secundario y vuelta para arriba en un ascenso gradual a la Fuorcla d’Agnel en una cabecera con restos glaciales.
El collado se queda a sólo 7 m de los tres mil pero no tengo ni la tentación de subir un poco más para redondear la cifra porque se hace tarde y todavía tengo que bajar lo suficiente como para encontrar terreno acampable.
Unos dos km horizontales más allá y 400 m verticales más abajo, la vegetación empieza a ganar a la roca y puedo instalarme antes de que oscurezca. Será el campamento más alto del viaje.
A la mañana siguiente, el ambiente es tranquilo y luminoso. La pirámide es como una versión abstracta de los picos de alrededor.
Hay una ruta valle abajo pero la mía sale por otro lado, en ascenso hacia un puerto secundario para salir del macizo a los flancos de Val Surses, el siguiente valle troncal hacia el oeste.
El camino se mantiene elevado sobre el fondo de valle, descendiendo lo justo para llegar a praderíos y un balcón llano con acceso por pista, Alp Flix.
La mayoría de los edificios en la zona son de uso ganadero pero también hay un alojamiento con bar. No suelo comer dulces pero cuando estoy de ruta es el momento para expandir horizontes alimenticios. En una terraza con vistas.
Me comí dos trozos de tarta y no sería la última vez.
Desde Alp Flix, sería posible seguir ladera adelante sin apenas ganar altura pero el Alpenpässe-Weg toma una ruta más elevada e interesante antes de bajar al valle. Por el camino, aparecen de la nada nubes suficientes para que me caiga el primer chubasco del viaje pero vuelve a salir el sol a continuación. Atravieso bosque durante un rato.
La ruta baja al valle y lo cruza a la altura de la localidad de Savognin. Llego allí con un par de horas de luz restantes y con la idea de usarlas para alejarme de las zonas habitadas pero es entonces cuando vuelve la lluvia y esta vez se pone muy tormentosa. Busco un techo y valoro mis opciones mientras me hago consciente de lo difícil que es salir voluntariamente a mojarse cuando ya queda muy poco para acabar la jornada.
Esperar a que amainara acabó provocando que decidiera quedarme para pasar la noche en el pueblo. No era mi plan ideal pero me cuadra. Al menos, es temporada baja y el lugar está muy tranquilo.
A la mañana siguiente, el cielo está parcialmente velado pero no llueve. Cruzo el puente sobre el Gelgia, una de las ramas cabeceras del Rin.
Me lleva un par de horas salir del valle y llegar a la zona alpina en ruta hacia el Paso Schmorras, un ascenso agradable una vez que las pistas ganaderas quedan atrás.
Hace sol cuando cruzo el collado pero lo más claro de todo no es el cielo sino que el patrón tormentoso sigue activo y que en algún momento va a llover otra vez. Efectivamente, se cubre rápidamente según bajo hacia Val Ferrera y acabo haciendo al trote, para evitar mojarme mucho, el último kilómetro antes de llegar a Ausserferrera, un pueblo pequeñín en el fondo de valle. Por suerte, encuentro un sitio techado donde puedo descansar y comer a cubierto.
Me gusta este mix de alemán e italiano en los nombres de lugares, es muy curioso. Nótese que hay también un Innerferrera aguas arriba en el mismo valle.
Llueve bastante fuerte durante un buen rato pero el pronóstico dice que va a parar así que termino de comer y sigo adelante con confianza. Bajar a un valle profundo implica subir mucho para salir de ahí y, como en este caso, en terreno muy empinado por el bosque. Con el ambiente húmedo tras la lluvia, me gano una buena sudada. Pasado el límite del bosque, vistas del modesto tresmil Piz Grisch al otro lado del valle.
En esta ocasión, no hay un puerto que cruzar sino un flanqueo para volver a bajar a otro valle de la misma cuenca. Esperaba progreso fácil en este tramo y me resultó frustrante ver que no, al contrario, el sendero era consistentemente rocoso e irregular y el avance, lento. Fue un alivio llegar a senderos de mejor calidad en el descenso hacia Rheinwald que, a vista de mapa, parece el valle principal de todos los que alimentan al Rin en esta zona. Buena vista aguas arriba a pesar del bajo ángulo del sol poniente:
Una vez abajo, la ruta me lleva hasta la localidad de Splügen. Técnicamente, podría pasar de largo, iniciar el ascenso por la ladera de enfrente y acampar en zona alpina antes de que se hiciera de noche pero me siento tan cansado que ni valoro la opción. Hay un camping en el pueblo y con eso me va bien. De hecho, estoy tan sumamente cansado que le hago ojillos al hotel estilo suizo que veo al pasar por el centro, entre que ir hasta el camping es casi 1 km extra y que me siento demasiado fundido para estar al aire libre, aunque no llueve y ni siquiera hace frío.
Que no cunda el pánico, tengo claro cuál es mi sitio en el mundo, en esta ocasión. Los hotelitos no están descartados pero los considero un lujo que hay que ganarse. Hoy pondré la tienda.
La mañana del día 4 es plomiza una vez más y así está también mi estado de ánimo. Me concentro en caminar, que es algo fácil de hacer, sólo hay que dar pasos. Ladera empinada para salir del valle con vistas atrás a Splügen y el Rheinwald.
Pasada la última majada ganadera, es una subida corta y sencilla hasta el Safierberg, un collado que da acceso al Safiental, un valle de orientación norte. Roca vertical flanqueando el puerto.
Una vez abajo, la ruta toma una pista de grava que da acceso a varios chalets y el ambiente torna suburbano durante un buen tramo que incluye una casa de comidas donde entro a tomarme una sopa. Lo tomo como parte de la experiencia alpina.
A continuación, el Alpenpässe-Weg inicia un larguísimo flanqueo en ascenso gradual, con estupendas vistas atrás hacia el alto Safiental:
Es todo terreno herboso en ruta al Güner Lückli, un punto débil en la divisoria entre Safiental y Val Lumnezia, de germánico a latino en un solo collado sin salir de Suiza. Aparecen claros entre las nubes por primera vez en todo el día según paso junto al primer alpe en el descenso. Saludo a las vacas y al pastor.
Doy por terminado el día en un balcón sobre el valle principal, poco antes de llegar al primer pueblo, en un hueco discreto. A estas alturas, aún no sé de la tolerancia en esta región hacia la acampada libre fuera de las zonas alpinas.
El día 5 arranca nublado una vez más. La sección a continuación es aguas arriba a lo largo de Val Lumnezia, a lo largo de zonas habitadas aunque incluye un tramo largo sobre la cresta que cierra el valle por el norte. El ambiente es húmedo y pesado, el paisaje es agradable pero nada épico y no me siento motivado. Buenas vistas del valle según bajo.
El fondo de valle tiene sitio para el Glogn, otra de las ramas cabeceras del Rin, una carretera y nada más, todos los pueblos están en las plataformas más o menos planas de las laderas. Tengo que cruzar al lado opuesto y subir 1200 m verticales hasta la cresta. Sería tentador seguir una ruta paralela a menor altitud, de pueblo a pueblo, y ahorrarme así algo de distancia y mil metros de desnivel. En mi estado precario de moral, necesito leerme a mí mismo la cartilla sobre la importancia de cumplir los planes.
Durante la subida, paso por Vella, un pueblo lo suficientemente grande como para tener un supermercado y que debía ser mi primer punto de reaprovisionamiento. Está muy bien que siempre haya algún sitio cubierto en las zonas públicas porque empieza a llover otra vez mientras re-empaqueto las compras.
Vella tiene aire turístico y, siendo principios de septiembre, está bastante muerto. Continúo el ascenso con más resignación que entusiasmo.
Hay algo que sí es un aliciente en el tramo que viene por delante: será el punto más al norte de este viaje y lo más cerca que estaré de la ruta de mi primer viaje en esta región así que llegar a la cresta será algo más que acceder a una buena vista porque un par de valles más al norte, detrás de los picos nublados al fondo, está la sección de la Via Alpina 1 que recorrí hace unos años.
Recuerdo haber echado la vista sobre la otra cara de esas mismas montañas y preguntarme qué había detrás. Me encanta esto de unir puntos geográficos.
Mirando adelante, tengo la única sección sobre cresta de todo el viaje. El punto más alto será el aquí modesto Piz Sezner, de 2309 m.
Pasado el pico, la Ruta Número 6 desciende de vuelta a la altura de las zonas habitadas de Val Lumnezia. El pronóstico anuncia lluvia pero, para cuando llego a las útimas aldeas del valle, estoy en el rato más luminoso del día.
El sendero desemboca en la carretera a la entrada de Vrin, el último pueblo de cierto tamaño en Val Lumnezia, con una arquitectura muy interesante y un ambiente mucho más rural que turístico.
Pasado Vrin, sólo quedan unas pocas aldeas pequeñas de nombres que, una vez más, mezclan alemán e italiano: Cons, Ligiazun, Sogn Giusep y Puzzatsch. Podría pasar de largo y esperar encontrar algo llano donde acampar de camino a la cabecera del valle pero va a llover y mis niveles de energía están molestamente bajos así que no dejo pasar la opción de una casa de huéspedes que ya había identificado en el mapa y que se había convertido en mi faro a lo largo de un día atravesado. Di la jornada por terminada a las 5 y media tras sólo 32 km y pasé una noche más bajo techo.
Según escribo esto, no puedo evitar pensar en la línea de «era muy pronto, ¿por qué no continué un par de horas más?» y me siento un poco calzonazos. Recuerdo que, en aquel momento, me pareció que parar tenía mucho sentido. Es lo que necesitaba hacer.
Llovió al final del día, probablemente también durante la noche y la mañana era de todo menos acogedora: cubierto con llovizna y un pronóstico sombrío para la tarde. Ayudó mucho a la moral empezar la subida al paso Diesrut desde un entorno seco. Empezar de cero.
La ruta continúa por la carretera, que es ya de un solo carril y llega hasta la última aldea del valle y desemboca en sendero de montaña prototípico en curso hacia la cabecera del valle y el puerto.
Es un ascenso sin dificultades al paso Diesrut. Al otro lado, magnífico panorama del Pianno della Greina, típico caso de valle de altura de fondo plano con prados y arroyo serpenteante. Es muy bienvenido que, para variar, después de un puerto, la ruta se mantenga en altura y no baje directamente a zonas urbanas. La meteo no lo pone fácil pero disfruto mucho de este rato.
Este área es muy interesante, geográficamente, además de un hito importante. El Pianno della Greina drena al norte hacia el Rin pero la divisoria está a, literalmente, un tiro de piedra, si tienes un buen brazo. Una pequeña elevación en el flanco sur del valle es todo lo que separa la cuenca del Rin de la del Po. El arroyo que llevo al lado discurre tranquilo, llevando el agua al Mar del Norte, no sé si se da cuenta de lo cerca que ha estado de acabar en el Adriático.
La ruta sigue hacia el oeste y eso me lleva, inevitablemente, a cambiar de cuenca. Sólo un par de km más allá, a 2355 m, atravieso el Passo della Greina, otro punto divisorio, todavía en territorio político de Suiza. Vuelve a llover y esta vez ya con intensidad así que avanzo lo más rápido que puedo para llegar cuanto antes a Capanna Scaletta. Está genial esto de que haya ahí un refugio cuando más lo necesitas.
Es hora de comer así que el refugio me hace múltiple servicio: descansar a cubierto y doble ronda de sopa mientras hago planes para lo que queda del día.
Para cuando toca salir, la lluvia es constante aunque no muy fuerte pero el pronóstico es de que no pare en todo el día y pueda llegar a ser fuerte. Lo fácil sería dar la jornada por terminada y echar la tarde en el refugio. En esta ocasión, decido seguir adelante. Es un salto con red porque lo siguiente es bajar al valle y allí hay un pueblo. Ni idea de si allí hay algún sitio en el que meterse pero en la siguiente subida encontraría otro refugio sin tener que pasar por ningún tramo expuesto. En esas condiciones, acepto mojarme.
No hay fotos de las siguientes 3 h. Durante el descenso, la lluvia se intensificó. Me concentré en seguir caminando y mantener secas las piezas sensibles. Para cuando llegué a Campo Blenio, un pequeño pueblo en el valle, estaba empapado de pies a cabeza, incómodo, bajo de moral y algo enfadado conmigo mismo por el pobre desempeño. Me sentí derrotado por la lluvia una vez más, una derrota rápida y completa.
Me puse a cubierto en el pueblo para descansar un poco y entrar en calor pero sólo conseguí entrar en aún más frío al estar parado y no estaba la cosa como para abrir la mochila y buscar ropa así que limité la parada a aliviar el cuerpo del peso de la mochila por unos minutos. Aunque valoré intentar encontrar alojamiento en el pueblo, no estaba claro si lo habría y no parecía fácil de averiguar, todo parecía cerrado y apenas se veía a nadie. De todas formas, sólo eran 5 km más a la Capanna Bovarina. Todo lo que quería era terminar el día cuanto antes. Salí de nuevo.
Llegué al refugio a media tarde. De entre todas mis cosas, sólo el contenido de la mochila estaba seco. Por lo menos, el contenido de la mochila estaba seco.
Capanna Bovarina es un refugio pequeño y familiar en el límite del bosque. No hace falta ni mencionar que, dadas las circunstancias, cualquier cosa a cubierto habría sido un palacio pero los refugios grandes suelen ser impersonales y me alegro de que éste no lo sea. Hay una habitación de secado de buen tamaño que está hasta arriba con las cosas mojadas de otros huéspedes del día y echo un buen rato encajando todo lo mío.
Es maravilloso estar dentro cuando el ambiente fuera es tan poco acogedor.
La mañana siguiente comienza cubierta con sirimiri ocasional pero el pronóstico es que las nubes se irán retirando y no va a llover durante el resto del día. Es lo que necesitaba oír. Salgo del refugio en medio de la niebla hacia el paso de Gana Negra.
Efectivamente, se empiezan a abrir claros según asciendo. Esto es alentador.
El collado da paso a un panorama de nubes rotas agarrándose a los picos y aún ocupando el fondo de valle.
Me entusiasmé demasiado rápido con la perspectiva de un día seco. Podría serlo desde arriba pero el problema ahora venía de abajo. Según desciendo hacia Valle Santa Maria, entro de nuevo en la nube y, con ello, en un entorno saturado donde todo está chorreando. La vegetación es capaz de contener una cantidad enorme de agua. De cintura para abajo, acabo más mojado que si hubiera seguido lloviendo.
La calada máxima es sólo de rodilla para abajo y, en realidad, sería poco más que una anécdota de no ser porque tenía otras expectativas.
De camino al siguiente puerto, Passo delle Columbe, salgo de la nube y el sol luce de nuevo.
Es un paso fácil, sobre terreno herboso y con un descenso largo y tendido sobre un camino amplio que da para avanzar a buen ritmo por Val Piora hasta el lago Ritóm. Allí, el camino da paso a una pista de grava, aún más fácil.
Me viene genial sumar kilómetros pero el ambiente no es muy silvestre. En retrospectiva, veo que habría sido mejor recorrer esta zona por Val Cadlimo, un valle paralelo más elevado y remoto pero durante la planificación no me di cuenta del potencial de Val Piora para dejarme frío.
Pasado el Lago Ritóm, afronto el tramo menos atractivo de todo el viaje. Éste sí lo vi venir pero no había solución sencilla. Tengo que bajar a Valle Leventina y cruzar Airolo, la población más grande por la que pasaré. El valle es la principal vía de comunicación norte-sur en la región y es un infierno de vías de tren y carreteras, incluyendo una autopista de dos carriles por sentido. Airolo es el punto de acceso al Passo del San Gottardo, que atraviesa la divisoria alpina. El ruido del tráfico es notorio durante todo el flanqueo que lleva a Airolo.
Paso de largo lo más rápido posible y es un alivio cuando subo por la ladera opuesta y Valle Leventina pasa a ser sólo una vista que pronto dejaré atrás.
No me queda tiempo para subir a la zona alpina pero el bosque me servirá para plantar la tienda al final del que sería el día más largo del viaje.
A primera hora de la mañana siguiente, abandonaré el Alpenpässe-Weg para torcer al sur hacia la alta montaña y, a continuación, la frontera con Italia.
En el verano de 2024, caminé de St. Moritz a Zermatt a lo largo de la frontera entre Suiza e Italia. Ahora que los recuerdos han tenido tiempo para reposar, los que quedan han de ser necesariamente los más importantes.
Es difícil promediar 30 km al día en septiembre
Puede ser fácil hacerlo un día, incluso con una mochila grande a la espalda y cifras de desnivel en los 4 dígitos, pero promediarlo es otra cosa. En septiembre, a diferencia de la primavera o el inicio del verano, hay poco colchón para cubrir la posibilidad de que haya algún día corto. Un sólo evento meteorológico que fuerce un retraso puede arruinar la media y la escasez de horas de luz complica recuperarla.
En el verano de 2024, caminé de St. Moritz a Zermatt a lo largo de la frontera entre Suiza e Italia. Muchas montañas.
Plan
La idea era recorrer la franja sur de los alpes suizos en una ruta lineal con sentido que pudiera encajar en dos semanas. No faltan posibilidades, gracias a la densa red de senderos.
Pinté mi recorrido a lo largo de la ruta número 6 del sistema suizo, Alpenpasse-Weg, durante aproximadamente la primera semana. Cuando el Alpenpasse-Weg, a vista de mapa, parecía meterse en terreno menos interesante, seguí pintando por senderos transfronterizos y, durante la segunda semana, seguir mayormente la Grande Travesata delle Alpi / Via Alpina Blu, en el lado italiano.
En los días finales, el diseño original era para recorrer la mitad sur del Tour de Monte Rosa en sentido anti-horario y llegar a Zermatt desde el sur. Éste fue el único tramo en el que cambié el plan y fue por problemas meteorológicos. El tiempo se había puesto invernal y me pareció poco prudente tener que cruzar un paso elevado para volver al lado suizo en el último día, vi riesgo de quedarme atascado en el lado equivocado de las montañas en un momento en el que no me lo podría haber permitido así que decidí mantenerme en el lado suizo durante los últimos tres días, recorriendo la mitad norte del Tour de Monte Rosa.
| Lugar | Noruega Centro-Norte |
| Época | Julio/Agosto |
| Distancia | 825 km |
| Duración | 29 días |
La idea fundacional de este viaje era atar cabos. Había caminado por el norte de Noruega en el pasado y había vuelto al país para recorrer algunos de los nombres más icónicos de su mitad sur. Era inmediato que me llamara la atención el espacio que quedaba enmedio y del que no sabía nada. Es esa estrecha franja de terreno entre la divisoria escandinava y el Mar del Norte donde las montañas llegan hasta la costa.
En el verano de 2023, caminé durante un mes para llenar ese largo hueco en mi historia y, al tiempo, reafirmar mi pasión por recorrer el territorio por mis propios medios.
Usad el menú para acceder a todo el contenido sobre mi viaje en el centro-norte de Noruega.
Todo lo que me parece destacable en cuanto a técnica y material utilizado en Noruega en el verano de 2023.
Shelter – Locus Gear Khufu
La Khufu es una tienda piramidal de una plaza. Es un diseño modular en material DCF y que se puede montar sustentada en bastones de caminar. En este viaje, la utilicé con una tienda interior con paredes de rejilla y cobertura en planta de 2/3 y llevé también la pieza extra para un montaje con dos bastones en forma de V invertida.
Viento
Por defecto y costumbre, utilizaba siempre los 12 puntos de anclaje, aunque el viento no fuera fuerte en el momento del montaje pero nunca se sabe qué va a pasar a lo largo de la noche y las localizaciones eran casi siempre expuestas. Por suerte, nunca tuve episodios de viento intenso en campamento y, al mismo tiempo, por desgracia, no tengo experiencia que comentar al respecto. La Khufu, bien montada y anclada, tiene un aspecto muy sólido pero habrá que esperar a otro viaje para un test serio.
Lluvia
Pasé por varios episodios de lluvia fuerte y la Khufu los soportó muy bien. El factor en el que noté una mejora más importante respecto a mi anterior tienda por defecto para la larga distancia, un Trailstar de MLD en Silnylon, fue que la Khufu mantuvo, de media, un ambiente interior menos húmedo. Tuve condensación pero nunca precipitación desde las paredes, que recuerdo como un problema notable con el Trailstar.
Los factores más probables de esta diferencia importante entre ambas tiendas son la mayor inclinación de las paredes en la Khufu y el hecho de que la usaba con tienda interior, aunque fuera de paredes de micro-red. Se suele argumentar que el DCF condensa menos que el Silnylon aunque no veo ninguna razón convincente que sustente tal cosa.
Soy consciente de que las comparaciones pueden ser injustas porque las condiciones nunca son idénticas pero sí creo que he usado ambas tiendas, Khufu y Trailstar, lo suficiente como para concluir que la Khufu me mantiene más seco. Esto es importante siempre pero especialmente en sitios húmedos como Noruega donde, más allá de la incomodidad, un ambiente saturado de forma reiterada puede llegar a comprometer la función de las prendas aislantes, especialmente las de pluma.
Impermeable Torso – Houdini The Shelter Anorak
Recordaba bien lo vulnerable que me había llegado a sentir en Noruega en tiempo lluvioso con mis prendas impermeables ligeras habituales y tenía claro que necesitaba hacer algo al respecto así que, por primera vez en décadas, me compré un top impermeable de 3 capas, esperando mejor protección. No estoy seguro de hasta qué punto funcionó.
Este anorak es un diseño que me gusta, estilo pulóver, con corte amplio y lo suficientemente largo como para cubrir el torso bien pasada la cintura. A principio de viaje, era prácticamente nuevo.
Mis reservas son respecto a la impermeabilidad. Yo habría esperado que una prenda nueva, de 3 capas y una columna de 20.000 mm sería seriamente impermeable, sea lo que sea lo que eso signifique, que eso es otra. Me quedé con la impresión de que quizá no tanto.
El primer problema que noté, desde la primera prueba, es que la capa textil exterior no hacía de primera barrera, las gotas impregnaban el material inmediatamente y se difundían en superficie y hacia el interior de las fibras. Esto me sorprendió mucho. Cualquier corta-viento barato que he tenido, que ni era impermeable ni lo pretendía, gestionaba mejor esta parte. Ya sabemos que lo impermeable es la membrana pero un textil exterior saturado de humedad no es un buen comienzo.
En términos prácticos, el anorak me mantuvo razonablemente seco. Cuando me lo quité tras algún episodio serio de lluvia, tenía zonas húmedas en la prenda que llevara debajo, principalmente en la zona de los codos, pero nada catastrófico. Funcionó mejor que las prendas ligeras que venía usando. Al mismo tiempo, no cumplió expectativas.
Admito mi escasa experiencia con prendas de 3 capas y asumo que quizá esto sea lo que hay.
Impermeable Pantalón – Rab Downpour Eco
Igual que con la prenda para el torso, mi impresión era que las versiones ligeras no eran suficientes para las condiciones de Noruega y que, para tener autonomía en la larga distancia, necesitaría algo más, siempre consciente de que las piernas son menos críticas que el torso, máxime cuando el anorak cubría bien por debajo de la cintura. Dicho esto, quería sentir que podría caminar bajo la lluvia durante horas, si hacía falta, sin dar una caladura completa por garantizada.
Tampoco me compliqué mucho con la búsqueda de unos pantalones y me quedé satisfecho con un modelo con buenas críticas que pude encontrar localmente. Los pantalones Downpour Eco de Rab no son ultraligeros pero tampoco muy pesados, son un diseño simple y sin sobrecargas. El único extra que incluyen es una cremallera en la parte baja de cada pierna para poder poner y quitar por encima del calzado. Es lo único que no me gustaba, a priori, y tampoco lo hace a posteriori. Reconozco la mayor comodidad del quita-y-pon pero es algo de lo que podría prescindir. Esas cremalleras no sólo son un poco de peso extra, sucede también que están en un sitio muy propenso a ensuciarse, cosa muy mala para las cremalleras y que las puede estropear a la larga.
Entiendo que unos pantalones impermeables no son una prenda que vaya a estar en uso continuo, con lo que, por muy mala vida que se dé a esas cremalleras, probablemente no sea por ahí por donde la prenda empiece a fallar, con lo que este aspecto negativo puede tener poca importancia real. De todas formas, de ponerles una abertura ahí, yo usaría velcro.
Doble capa impermeable
La idea aquí era llevar no una sino dos prendas impermeables para el torso, algo que pudiera usar por debajo o por encima del anorak cuando la lluvia fuera especialmente fuerte o de larga duración. Puede parecer exagerado y poco práctico pero tenía muy presente la sensación de desprotección y de estar a merced de los elementos en viajes anteriores por la zona y sentía que tenía que hacer algo más que comprar prendas convencionales de calidad. Se me ocurrió esto.
La lógica es la siguiente: todas las prendas impermeables que he usado, sin excepción, han acabado siendo superadas tarde o temprano y no esperaba que las nuevas que llevaba para este viaje fueran a ser una excepción; como mucho, esperaba que aguantaran más tiempo. Al usar una segunda pieza impermeable en el torso, que es la parte más crítica, esperaba no sólo posponer más la caladura generalizada sino quizá también buscar algún tipo de valor añadido o sinergia entre prendas.
Era un experimento del que sacar conclusiones. Soy consciente de que un viaje de alto compromiso no es el mejor escenario para hacer experimentos pero es que las condiciones del test son difíciles de reproducir fuera del contexto de un viaje de alto compromiso. La lluvia puede ser la misma y hasta puedes reproducir el tamaño de la mochila pero no la necesidad de autonomía y la dependencia de tus propios medios y eso lo cambiaría todo. En cualquier caso, se trataba de sumar, ¿qué podía salir mal?
Era un experimento interesante. Me preguntaba si la suma de las dos capas mantendría el resto seco más tiempo de lo que lo haría cada una de las capas por separado. En el menos bueno de los casos, esperaba sentirme mejor protegido, con más recursos para soportar lluvia prolongada y con la impresión de que el peso extra había merecido la pena.
Valoré diferentes opciones para la segunda pieza impermeable y me decidí por un poncho con una lógica que me parecía sólida: siendo diferente del anorak, había potencial para sinergias porque ambas prendas tienen fortalezas y debilidades diferentes. El poncho iría colocado por encima de la mochila, con lo que se la protege mejor que con cualquier cubre-mochila y, al haber mucho espacio entre poncho y persona, se potencia la ventilación. Esto último puede llegar a ser un problema en según qué condiciones si el poncho es el único impermeable pero quizá no tanto cuando es sólo la primera de dos barreras.
Elegí un poncho Frogg Toggs que tenía por ahí. El material del que está hecho es frágil pero muy ligero. El roce con vegetación que podría destruir rápidamente un poncho como éste no suele ser un problema en Noruega.
La lógica me parecía sólida. Aparte del peso adicional, ¿qué podía salir mal?
Varias cosas salieron mal. Achacables a la puesta en práctica más que a la idea.
Primera, y es una muy tonta pero importante, ponerse un poncho por encima de una mochila a plena carga puede ser ridículamente difícil para una operación tan aparentemente simple. Puede tener que ver con el alcance de mis brazos. El caso es que siempre me costaba varios intentos y una buena dosis de frustración. Es un problema que ya conocía de ocasiones anteriores usando un poncho sobre mochila grande pero es que, además, en este caso, la naturaleza del material del Frogg Toggs lo hizo peor: no es un tejido sino un material monolítico con apariencia de papel. Pesa muy poco y desliza mal, con lo que era difícil conseguir que la parte de atrás cayera por gravedad por detrás de la mochila. Con un poncho de nylon habría sido más fácil.
Segunda, el poncho que usé no era lo suficientemente grande. No tanto en longitud, que no es algo crítico, siendo que llevaba también anorak y pantalones, como en volumen, que me resultó escaso. Esto me lleva de vuelta al factor del tamaño de una mochila de larga distancia y de cabeza a la siguiente cosa mal.
Tercera, los corchetes que permitían cerrar los laterales del poncho no aguantaban mucho tirón. Esto, unido al limitado volumen de la prenda, provocaba que esos laterales se abrieran frecuentemente, dejando mis costados expuestos y, a menudo, el frente y espalda del poncho a merced del aire. Cerraba los corchetes una vez más y sólo me quedaba respirar bajito y cruzar dedos.
Todos estos problemas se manifestaban especialmente cuando la mochila estaba llena. En esas condiciones, acabé por usar el poncho como cubre-mochila sobredimensionado, dejando de lado la doble capa impermeable y sintiéndome profundamente estúpido.
Cuando el volumen de la mochila bajaba, volvía a la idea original y mi impresión es que entonces funcionó bastante bien pero no la pude probar el tiempo suficiente como para sacar conclusiones claras sobre la validez del plan.
Espero volver a probar la idea la próxima vez que viaje por Noruega o un lugar/periodo con condiciones similares pero, sin duda, cambiaría el Frogg Toggs por un poncho de material tejido, con amplitud suficiente para cubrir una mochila grande y con un sistema de cierre lateral más robusto. Alternativamente, podría elegir una segunda pieza impermeable que cubriera sólo el torso, es decir, renunciar a que tape también la mochila, algo que parece una buena idea pero puede empezar a no serlo cuando la mochila es de gran tamaño.
Pantalones – Ternua Ward PT
La marca y modelo son lo de menos pero quería comentar sobre el diseño porque tenía mis dudas sobre si irían bien para caminar en verano por Noruega.
Estos pantalones son soft-shell, de doble capa, con elasticidad en todas direcciones y de color negro. A pesar de lo poco que me gustan los pantalones elásticos, estos me sentaron bien desde el primer momento en que me los probé. Aparte de eso, son de buena calidad en materiales, patronaje y construcción y son lo más cercano que puedes encontrar en ropa de montaña a una estética de estrella del rock. Mis reservas venían por la combinación del tejido de doble capa, el color negro y la falta de posibilidad de desmontar las piernas. Podían dar demasiado calor. Incluso en Noruega.
El material de doble capa y elástico, además, tarda más en secar cuando se moja que uno más fino y rígido, que es lo que ya había usado el verano anterior en la misma Noruega sin que en ningún momento sintiera que iba desprotegido.
El caso es que estos pantalones me gustaban demasiado como para no darles una oportunidad. Aparte de los problemas potenciales comentados, el resto de elementos de diseño me parecían perfectos.
Funcionaron muy bien y nunca me hicieron pasar calor. Cuando se mojaron, efectivamente, tardaron en secar más de lo imprescindible pero también es cierto y conocido que el material de doble capa tiene un tacto más agradable y cálido cuando está húmedo que un tejido simple.
La cuestión más importante sobre los pantalones es si los materiales de doble capa son lo mejor para el verano noruego. No tengo una conclusión clara. Quizá lo mejor es no tenerla, en el sentido de que la zona de las piernas no es muy exigente y cualquier opción razonable va a funcionar bien.
Entre julio y agosto de 2023, caminé durante 4 semanas y 825 km en Noruega entre Sulitjelma, región Nordland, y As i Tydal, región Trondelag. Sobre el terreno, dividí la ruta en cuatro secciones. Ésta es la historia de mi cuarta y última semana en el sendero, en la que recorrí la distancia entre la granja Holden y la localidad de As i Tydal.
La estancia en Holden fue reparadora en todos los sentidos posibles. Tomarse un descanso siempre lo es pero este caso estaba lleno de significado adicional: el terreno más difícil quedaba atrás y estaba a poco más de un día de camino de volver a la red de senderos y refugios para no abandonarla en lo que restaba de viaje. Era una sensación de trabajo bien hecho.
El festín gastronómico, esa parte imprescindible del proceso reparador, estuvo limitada a la parca oferta de la despensa del refugio pero tengo suficiente con los cocidos en lata, tamaño doble, que es lo que tomé para desayunar a las 6 de la mañana. A continuación, vuelvo al trabajo.
Tras la inestabilidad de los últimos días, la atmósfera se ha quedado tranquila y no hay señal clara de lluvia en el pronóstico a corto plazo así que afronto el inicio de la sección con confianza. El tramo inicial aún es campo a través, unos 8 km para cambiar de valle a través de un corto tramo por zonas altas y muchos fangales. ¡Mucho cuidado con los charcos profundos! A la vista, no se diferencian mucho de uno normal y suele ser difícil prever cuándo puedes meter la pierna entera y algo más.
Gaundalen es otro valle que vierte al este, hacia Suecia. La ruta cruza por el terreno de la granja del mismo nombre que, a pesar de estar en el lado noruego, tiene el acceso por tierra a lo largo de una pista que viene de la parte sueca.
Yo sigo por Noruega, valle arriba en dirección noroeste por un camino bien señalizado que alterna fangales con tramos de bosque denso de coníferas.
En ascensión suave y poco después de dejar atrás los árboles, mi ruta abandona el sendero para girar al suroeste e iniciar el que será mi último tramo campo a través de este viaje, 18 km al refugio Setertjonnhytta y la conexión con una red de senderos que ya no abandonaré. Es un área de altitud elevada, con piso firme y vegetación corta. Sin lluvia ni viento fuerte, será uno de los mejores ratos de camino que habré tenido en bastante tiempo. Muchos lagos, pequeños y grandes, en un valle flanqueado por paredes rocosas.
Las nubes se diluyen y rompen para otro episodio vespertino de luz mágica según desciendo lo suficiente para volver al territorio de fangales generalizados e islas arboladas.
Podría haber hecho un esfuerzo extra por llegar al refugio pero para qué cuando las condiciones son perfectas para acampar. A sólo 4 km de aquel, busco la típica y mínima elevación en el fangal, fácilmente identificable por el tipo de vegetación, y encuentro una con espacio para un pino solitario y mi tienda. Será un campamento precioso.
Uso todos los anclajes por si se levanta viento y dado lo expuesto de la localización pero no hubiera hecho falta, fue una noche tranquila.
Este tramo se ha quedado fuera de los límites del Parque Nacional o, mejor dicho, los límites han sido trazados a su alrededor, supongo que debido a que el lago próximo está represado y la zona se emplea para ganado de pasto, usos probablemente incompatibles con el estatus.
Tras un vadeo sencillo, llego por fin a Setertjonnhytta y el final de mis días de campo a través. Lo celebro con una pausa para comer una lata de cocido en el refugio, aunque sea casi hora de desayuno. En estas, se pone a llover otra vez, cosa que ya no me sorprende, pero no me voy a enojar por ello. No estoy para enojarme por casi nada.
Salgo del refugio bajo lluvia intermitente y veo claro cómo la escena ha cambiado drásticamente: señales abundantes en los cruces y tablones de madera sobre los fangales, en fuerte contraste con la que ha sido mi realidad durante las dos semanas previas.
Y un simpático hito del que no era consciente hasta que llegué allí pero que está bien señalizado y conmemorado por una placa, el centro geográfico de Noruega:
Paso por un par de cruces y otro refugio en un corto tramo, lo que enfatiza el contraste con la que ha sido mi rutina durante las semanas previas. Vuelvo a entrar en el Parque Nacional según la ruta discurre a lo largo de Skjaekerdalen a través de bosque y bajo luz espléndida.
Abandono Skjaekerdalen por un flanco para volver a subir a las tierras altas bajo un mix maravilloso de cielo azul y nubes de diferentes tamaños, tonos y formas. Cuando la vida en el sendero mola.
Hacia el final del día y en la más típica tradición noruega, las nubes se hacen fuertes de nuevo y me cae algún chaparrón pero es básicamente para que pueda ver otro arco iris. Una meseta elevada en condiciones de calma es el escenario perfecto para acampar.
La puesta de sol es muy hermosa desde mi plataforma.
Una nube baja marca el perfil del lago Veresvatnet a primera hora. Las montañas del fondo están al otro lado de la frontera con Suecia. Mi lugar de acampada resultó, por casualidad, en la misma línea fronteriza de Blafjell-Skjaekerfjell. Según comienzo a caminar, dejo el parque atrás definitivamente.
Abajo, en Veresvatnet, me encuentro con el tramo final de una carretera que da acceso a una animada zona agrícola. La mayoría, si no todas, de las granjas por las que había pasado hasta entonces parecían dedicadas sólo a ganado, es interesante ver también cultivos.
Tengo acceso a datos móviles en la zona y aprovecho para consultar el pronóstico meteo que anuncia que la tregua se acaba: lluvia prevista por la tarde y a lo largo del día siguiente. Me preparo para el tiempo lluvioso consultando la situación de los refugios que tengo por delante para ver que no encaja bien con mis horarios. Pasaré por uno a mediodía pero ya ninguno más hasta el día siguiente salvo que haga una jornada escandalosamente larga.
No tengo claro si merece la pena ir por ello o no. Inicialmente, avanzo rápido, aprovechando un inusual tramo de sendero provisto de interminables hileras de tablones sobre la ciénaga, pero el plan, si es que alguna vez hubo uno, se va al carajo cuando la ruta se desvía hacia un sendero mucho menos desarrollado, tan poco que no hay apenas traza en el suelo y las señales son tan escasas que lo acabo perdiendo completamente. En una mala decisión inducida por la prisa, y para evitar un rodeo, cruzo por el medio de un fangal que tenía mala pinta pero quizá no tan mala como resultó: un paso donde no debía y me encuentro atascado, con las dos piernas metidas en la ciénaga hasta la ingle, sin nada sólido en lo que apoyarme para salir.
Si hubo un momento de este viaje en el que me encontré en problemas, fue este. No sabía si me iba a seguir hundiendo o, incluso si no, si podría salir yo solo. Me moví con cuidado, intentando cargar peso en una pierna para sacar la otra y posarla en terreno más estable, literalmente un paso atrás. Por suerte, funcionó.
Empieza a llover minutos antes de llegar al refugio Bellingstua. Pausa a cubierto para comer y valorar mis opciones. Es mediodía, el siguiente refugio está a 28 km y tengo claro que no me apetece un carallo la paliza que supondría llegar hasta allí para pernoctar así que me tomo mi tiempo en Bellingstua y, dos horas y media más tarde y bajo lluvia intermitente, salgo de allí con destino a un campamento bajo la lluvia.
Cubro 16 de los 28 km en condiciones de mucha humedad aunque la precipitación sea escasa pero el ambiente está muy saturado. Encuentro un hueco casi milagroso de hierba firme en una ladera de sotavento. La previsión era de lluvia muy fuerte durante la noche pero tal cosa nunca sucedió.
Por la mañana, tiene pinta de llover en cualquier momento. Me levanto muy pronto y acierto del todo porque llego al refugio Ferslia mientras caen las primeras gotas.
Ferslia está cerca de una carreteruca y unas granjas y llega la cobertura de datos, con lo que puedo hacer planes con buena base. La previsión es de lluvia fuerte y continua durante las próximas horas, amainando por la tarde. Con sólo 13 km hasta el siguiente refugio, decido esperar a que pase lo peor para poder salir en mejores condiciones y a tiempo de llegar a pasar la noche bajo techo.
Efectivamente, llueve con fuerza y como si no fuera a parar nunca pero, pasado mediodía, baja la intensidad y, aunque el ambiente sigue sombrío, la precipitación es ligera y decido salir. Tengo por delante una subida a zonas altas, un largo flanqueo y un collado secundario antes de bajar por el otro lado.
Visto el panorama en el valle, era de esperar que arriba hubiera niebla y subo con la esperanza de que la señalización sea buena porque la traza se suele desvanecer en las zonas altas. Me concentro en no perder la ruta en medio de una llovizna horizontal.
Según avanzo, voy preguntándome si esto es una buena idea y si no habría sido mejor dar la jornada por amortizada y haberme quedado en Ferslia. Habría sido lo más cómodo y seguro pero, aparte del impacto de un día tan corto en el global del viaje, pensaba que me apetecía más llegar a Angeltjonnhytta, un refugio más remoto que, probablemente, tendría más encanto. Mientras le doy vueltas a esto, sigo avanzando, convenciéndome de que es lo que quiero hacer mientras no suceda nada catastrófico. Tras 5 km, me encuentro esto:
Era un torrente de montaña cuya cabecera estaba a sólo unos pocos km, dudoso candidato para dar problemas, pero estaba seriamente crecido tras la lluvia.
Me preparé para cruzar, protegiendo toda la electrónica y el papel, y me metí en el agua. Ya desde fuera estaba claro que iba a ser difícil e inmediatamente vi que también iba a ser peligroso. Cubría hasta la ingle nada más entrar y ya daba respeto, incluso con la limitada fuerza de la corriente en la zona de la orilla. En el centro, era un torrente furioso y, sin duda, más profundo. No había forma de cruzar.
Busqué un vado mejor, no encontré nada que lo pareciera en las proximidades y decidí que tampoco merecería la pena viajar aguas arriba para buscarlo, monte a través, con la vegetación empapada y sin tener ni idea de hasta cuándo mientras seguía lloviendo. Apocalíptico todo.
Ni hablar de buscar un sitio para acampar en aquel ambiente. Con la seguridad de un refugio conocido a sólo 5 km, tuve claro que prefería volver a Ferslia y probar de nuevo a la mañana siguiente.
De vuelta en el refugio, encendí la chimenea y puse todo a secar. Ya sólo me quedaba relajarme y esperar mejores condiciones al día siguiente.
Salí a las 7 h. Aún había niebla pero no tanta como la tarde anterior y ya no llovía. No estaba solo:
Llegué al torrente y la diferencia era notable:
Fue un vadeo sencillo, no demasiado profundo y con una corriente que no causaba ningún riesgo. Es bien sabido cuánto pueden cambiar las condiciones, en un sentido o en otro, en cuestión de horas pero no deja de ser interesante verlo en directo. También está bien comprobar cómo, por mucho que el senderismo/montañismo caminen hacia convertirse en un producto donde la actividad se banaliza, Noruega es un sitio bravo que puede fácilmente devolverte a donde perteneces en la gran escala de las cosas.
La niebla se levantó del suelo lo suficiente para una travesía sin contratiempos, seguida por un descenso hasta la orilla del lago Fjergen, donde pasé por el refugio al que quería haber llegado la noche anterior.
Angeltjonnhytta era, como esperaba, un sitio encantador en el que me hubiera gustado pernoctar. Me encontré allí con una pareja de montañeros aún recuperándose de la paliza que les supuso llegar allí el día anterior. Pausa para comer para mí y de vuelta al camino.
El sendero asciende hacia una larga travesía donde, literalmente, bordea Suecia durante varios kilómetros. Me cruzo con más renos. Las nubes se abren, da el sol y hace incluso calor.
Por fin, bajo a Teveldalen, un valle troncal de orientación este-oeste con una carretera y una línea de tren que cruzan hacia Suecia. Este punto era, en condiciones normales, el objetivo menos ambicioso de entre mis posibles puntos finales de viaje, con una estación a no muchos km de distancia donde podría coger un tren a Trondheim. Me queda día y medio aún así que sigo adelante.
También hay un encantador hotel de montaña en la zona pero el ambiente tranquilo y soleado es para no desperdiciarlo bajo techo así que prosigo hacia la siguiente montaña con idea de acampar. Por supuesto, era una buena decisión.
La puesta de sol fue espectacular desde mi balcón, unida a ese caramelo que es un cielo despejado en Noruega.
El amanecer tampoco estuvo mal:
Mi último día completo en el sendero es un auténtico regalo, después de todas las batallas, en condiciones prácticamente perfectas: despejado, en calma, con temperatura agradable y, lo más raro de todo, increíblemente firme y seco al paso, hasta el punto de que no me parecería que estoy en Noruega si no fuera por el ángulo bajo del sol.
Un tramo por debajo de los 600 m con bosques de abedul y volver a subir para una sección final de tierras altas que a veces parecen un jardín de diseño con los abedules pequeños y el brezo colorido.
Mis últimos panoramas tienen el fondo de las montañas Sylan, al otro lado de la frontera con Suecia.
A última hora, llego al refugio Storerikvollen, un pequeño complejo accesible por pista de grava a las orillas del represado Esandsjoen.
El lugar es encantador pero tengo claro que prefiero acampar así que me quedo con un término medio y planto la tienda en la zona de acampada del refugio, que no es más que un trozo de hierba firme.
El atardecer fue muy bonito, una vez más:
Sólo quedan 21 km, la mayor parte por una pista de grava, para bajar a la municipalidad de Tydal, donde llegaré a la altura de una zona habitada y una carretera por donde pasa un autobús al día que necesito coger a las 14 h. Viento frío en zonas expuestas; por lo demás, condiciones perfectas para caminar.
Al final, lo hice un poco más largo al continuar por la pista y evitar un tramo postrero por sendero donde, probablemente, me habría mojado los pies otra vez. Una cosa es la vida en el sendero, donde, en Noruega, al menos, los pies mojados son parte de la normalidad, pero en llegando al mundo urbano, ya no me mola. Camino por la pista, donde se me van secando. Llego al pueblo a mediodía.
La única comida que me queda es un puñado de frutos secos y medio paquete de galletas. Esta vez, había sido fácil calcular porque iba cargando de las despensas de los refugios según me iba haciendo falta. Nada de esto importaba ya porque era momento de comer otras cosas mientras esperaba al autobús.
El bus me llevaría en un par de horas a Trondheim, donde ya haría celebraciones como es debido, esto es, caminar por ahí sin mochila y comer mucho. Celebrar un gran viaje.
Entre julio y agosto de 2023, caminé durante 4 semanas y 825 km en Noruega entre Sulitjelma, región Nordland, y As i Tydal, región Trondelag. Sobre el terreno, dividí la ruta en cuatro secciones. Ésta es la historia de mi tercera semana en el sendero, en la que recorrí la distancia entre la localidad de Royrvik y la granja Holden.

Tercera semana
La semana 3 está destinada a ser la parte clave de este viaje. Concentrará la mayor parte del campo-a-través, donde no tengo claro qué esperar más allá de que será transitable pero no sé a qué precio. Como mínimo, la progresión será más costosa y yo seré más vulnerable a las condiciones meteorológicas. No sólo estaré fuera de la red de senderos, también de la de refugios. Es una situación diferente a la de las semanas previas y me resulta motivante e intimidante a partes iguales.
Por el momento, es lunes por la mañana y tengo que esperar hasta que el supermercado abra a las 9 h así que, por una vez, no me hace falta madrugar. Para cuando termino de desayunar, ya ha empezado a llover y el pronóstico para el resto del día es de precipitación intensa y continua. Condiciones difíciles pero tengo un plan.
Los 18 km iniciales desde Royrvik son sencillos, por carretera y pista, antes de empezar el campo-a-través por zonas altas. Una vez ahí, el potencial para el desastre sería alto en condiciones como las previstas. Hacer las compras y re-empaquetar todo me llevará buena parte de la mañana así que me cuadra bien hacer un día corto, acampar en lugar protegido y esperar que las condiciones sean más favorables al día siguiente.
Es un plan conservador y que no me genera mucha incertidumbre. Así, me pongo el poncho y la mochila vacía para caminar hasta la tienda y llenarla de cosas de comer para la siguiente semana. El supermercado es más grande de lo que cabría esperar para el tamaño de la población pero supongo que da servicio a un área mayor. Eso sí, hay que evitar llegar aquí un viernes a última hora porque haría falta esperar hasta el lunes para hacer las compras.

Cerrado sábado y domingo
Hay un mostrador postal y aprovecho para enviar a casa los mapas usados. Por lo demás, un súper bien provisto, hay de todo, incluidos sobres de comida liofilizada específica de montaña, lo que me facilita la elección.

Suministros para una semana más
Habría otra opción de reaprovisionamiento a mitad de sección pero necesitaría encontrar transporte de ida y vuelta y no espero que merezca la pena. De hecho, Royrvik va a ser mi último reaprovisionamiento completo en todo el viaje: durante la semana 4, estaré de vuelta en la red de refugios en una región donde la mayoría tienen despensa provista y mi plan es ir tirando de ahí durante los últimos días para evitar desplazamientos fuera del sendero.
Incluso con la perspectiva de terreno favorable, hace falta echarle ganas para ponerse la mochila y salir del entorno protegido del hotel sabiendo que no voy a volver así que espero a que amaine la lluvia, aunque vaya a ser sólo unos minutos, para decir adiós a la escena de mis últimas 24 h.

Limingen Gjestegard
Tras un primer tramo por la carretera principal, la ruta toma una pista, a grandes rasgos, paralela a aquella. Casi echo de menos el asfalto, en el que apenas había tráfico y donde podía mantener los pies sólo medio mojados. Una vez en la pista, entre charcos y vegetación, calzado empapado en minutos. Ya sé que es algo habitual en Noruega pero me habría hecho ilusión tener los pies secos un rato más.

Guaranteed to keep you wet
Ocasionalmente, los árboles dejan un hueco con vistas al lago Limingen, uno de los más grandes del país.

Limingen neblinoso
La pista acaba desembocando en la misma carretera de la mañana a la altura de un cruce con un ramal que se dirige al oeste, hacia el mundo exterior, y que tengo que seguir durante unos cuantos km hasta la base de las montañas, donde la carretera se meterá en un túnel y yo la dejaré para iniciar el campo-a-través.

Carretera vacía
En fuerte desacuerdo con el pronóstico, la lluvia ha parado y puedo tener una tarde aún plomiza pero tranquila por una carretera desierta hasta la entrada del túnel, donde me hago a un lado para buscar un trozo de suelo seco al abrigo de la ladera y entre los últimos abedules.

Campamento de lunes
Habrá lluvia intensa más tarde pero, para entonces, estaré ya instalado y sin necesidad de salir, situación que pone en valor un porche con espacio:

La cena
La previsión meteo para el día siguiente es de inestabilidad pero menos precipitación. Por la mañana, está cubierto pero por lo menos no llueve. Me preparo para un día de los de poca luz.
Desde el lugar de acampada, tengo que subir a las tierras altas en una zona sin senderos. Es un alivio que no haya lluvia ni niebla porque ambas habrían hecho este tramo difícil. En su ausencia, es sólo una cuestión de progreso inevitablemente lento por terreno agreste y paisajes bonitos con la habitual ristra de lagos de montaña.

Steinfjellet
Son unos 13 km de travesía antes de descender y, sin mucho problema con la vegetación o los fangales, directo a una granja desde la que sigo descendiendo, ya por una pista de grava, a la misma carretera por la que había salido de Royrvik, con la que me reencuentro un día después. Sigue siendo igual de estrecha y de aspecto austero pero es la principal de la zona.

Carreteras del interior de Noruega
Caminar por carreteras suele ser muy desagradable pero, en este caso, ni tan mal. El tráfico a motor es escasísimo y el paisaje es muy bonito, especialmente cuando bordea el gigantesco Tunnsjoen, el otro lago grande de la región.

Tunnsjoen
Son unos 15 km donde la ruta NPL2 que voy siguiendo ha sido trazada sobre el asfalto. Sobre mapa, veo una posibilidad de haber seguido monte a través un rato más, evitando parte de la carretera, pero a costa, probablemente, de un descenso complejo a través de bosque denso y doy por hecho que quienes se hayan encargado del diseño habrán escogido el mal menor.
Al final, a la carretera había que bajar, siquiera para cruzar, vía puente, el canal que une dos de los lagos principales de la zona. Es el único paso posible sobre tierra firme y habilita el tramo final hasta Skorovatn, donde me consta que hay un refugio DNT3. Skorovatn resulta ser un pequeño pueblo donde los únicos servicios disponibles están concentrados en un edificio que me encuentro cerrado y desierto cuando llego allí a las 6 de la tarde. No contaba con ello así que no lo echo de menos. Con lo que sí contaba es con el refugio, el primero que me encuentro en muchos días y también el último por lo que resta de semana. Aunque sólo sea por eso, me encaja bien pasar la noche allí.

Refugio Skorovatn
Es un refugio en zona urbana y tiene suministro de red eléctrica y agua corriente. Para cuando llego, se han abierto claros y a ratos da el sol, ¿qué se supone que estoy haciendo bajo techo en tales condiciones? Pues es que, aparte del plan de contingencia que llevaba desde Royrvik para el periodo lluvioso, que incluía la posibilidad de una noche en Skorovatn, fuera hace ahora un viento muy fuerte, incluso en el relativo abrigo del valle donde está el pueblo.
Consulto la previsión para el día siguiente y no da lluvia pero sí mucho viento. El tiempo en Noruega no da tregua.
Ciertamente, se nota el aire cuando salgo del refugio a las 7 h. Por delante, una zona montañosa que me llevará todo el día. Los primeros 12 km son por sendero; los 20 siguientes, campo a través. El ambiente es luminoso aunque haya mucha nube negra. El viento del este es potente pero llevadero según asciendo por laderas de orientación oeste, a sotavento. Suele ser difícil representar el viento en una foto pero sirvan las olas en un pequeño lago o las cascadas fluyendo hacia arriba.

Mucho viento

Mucho viento
Una lástima este viento porque, por lo demás, el día es maravilloso a través de una extensa zona de montaña con buen piso para caminar, herboso y seco, y lagos por todas partes. Las tierras altas de Nesafjella.

Nesafjella
Hay momentos en que el viento es tan fuerte que casi me tira, incluso estando prevenido. Cuando me da de cara, apenas puedo moverme hacia adelante y me empiezo a preocupar por lo que queda de día, ¡así no hay manera de avanzar! El caso es que, nada más perder un poco de altura y a pesar de que sigo a barlovento en terreno diáfano, el vendaval amaina lo suficiente como para poder volver a caminar erguido, que es lo mínimo que necesito.
Probablemente, es una suma de terreno menos expuesto y que el propio viento ha perdido algo de intensidad porque, a continuación, tengo que pasar sobre una cima secundaria donde temía lo peor y ni tan mal: sigue soplando fuerte pero me tengo de pie sin problema.
Según empiezo a descender, voy cantando victoria. A lo lejos, puedo distinguir los lagos grandes que llenan el valle y donde llegaré a una hilera de granjas y puedo reconocer el terreno que tendré que cruzar hasta llegar allí, todo ello campo a través, y no parece haber grandes obstáculos. Será trabajoso, como siempre, pero nada que no haya hecho ya. Pues me equivocaba.
Sí que había obstáculos que no podía ver desde arriba y que, de hecho, no pude ver hasta prácticamente estar encima: una serie de pequeñas gargantas, poco profundas pero de paredes casi verticales y tan continuas que no era posible rodearlas, había que bajar y volver a subir, buscando un punto débil donde la pared fuera practicable. No era difícil pero sí lento y, cuando la situación se fue repitiendo, empecé a perder la paciencia y, en una de éstas, acabé tirando por la calle de enmedio y bajando por un punto no ideal que casi me cuesta una caída. Tomar buenas decisiones es fundamental y éste fue un buen recordatorio.
Por fin, alcancé terreno más uniforme y familiar, el típico mix de árboles y fangales, donde el progreso es lento pero sin interrupciones y ahí ya me siento cómodo. Canto victoria otra vez, pero bajito.

Cuando el fangal infinito es bienvenido
Llego por fin al punto final del campo a través cuando alcanzo el extremo de una pista que da acceso a un área de esquí de fondo. Desde aquí, ya es fácil y podría llegar a las zonas habitadas en lo que queda de tarde pero probablemente sólo me serviría para que me costara más encontrar un buen sitio en el que acampar y decido parar. El viento parece ya olvidado pero, si volviera, me pilla en zona protegida. La mezcla de nubes, claros y el sol poniente me dan momentos de luz muy bonita que me tomo como mi premio después de un día complicado en el sendero.

Calma tras la tormenta
Un día más, el cuarto desde que salí de Royrvik, que empieza tranquilo, con mucha nube pero sin viento y sí algunos claros que dejan pasar la luz. Avanzo rápido por la pista que, al rato, se convierte en carretera asfaltada a la altura de las primeras granjas situadas a orillas de Skjeldbreitvatnet. El fondo de valle es una serie de lagos interconectados y tengo que llegar al puente más cercano para cruzar al lado opuesto y continuar hacia el sur. Al menos, tengo un rato de camino relajado y sin problemas.

Un rato de camino relajado
Nada más llegar al otro lado del valle, tengo que abandonar la carretera y entrar en el bosque aprovechando un tramo de pista que da acceso a algunas casas vacacionales pero enseguida comienza el que será el tramo sin senderos más largo de todo el viaje a través del Parque Nacional Blafjell-Skjaekerfjell. Tardaré dos días completos en volver a pisar un sendero.
Skjaekerfjell es muy grande, me llevará 4 días enteros cruzarlo, siendo la mayor parte campo a través. Por el momento, mi objetivo es la granja Holden, que evita por poco los límites del parque y donde encontraré un refugio DNT donde espero tomarme medio día de descanso.
Había oído historias sobre la dificultad de cruzar Skjaekerfjell pero nada concreto salvo la abundancia de terreno fangoso. En ese aspecto, no esperaba nada mucho peor que lo que ya había dejado atrás. Me hubiera preocupado más la orografía compleja, que no suele ser un gran obstáculo en Noruega salvo que lo busques a propósito, pero siempre puede darse, aunque sea en micro-cantidades como me había encontrado la tarde anterior. En realidad, el mayor obstáculo potencial, y especialmente en zonas relativamente bajas como lo que tengo por delante, es siempre el cruce de los ríos y veo en el mapa que la ruta está específicamente trazada para aprovechar puentes existentes en los ríos principales. Me queda la duda de si sería mejor una alta ruta que rodeara las cabeceras y evitara bajar a los valles, que siempre son terreno complicado para caminar. Tal ruta no sería apenas más larga pero sí más expuesta y remota. Con lluvia en el pronóstico, tengo claro que prefiero no ponerme creativo y confiar en la ruta estándar.
La aproximación a la frontera de Skjaekerfjell es un episodio más del típico cuadro de bosque y fangal donde hace falta mucha paciencia. Hay abundantes nubes pero eso es parte casi insustituible del paisaje y, según el pronóstico, no se espera lluvia hasta el día siguiente. A ratos, incluso, da el sol.

A ratos, da el sol
Sin más incidencia, la ruta me lleva sobre una cresta que marca el borde de Skjaekerfjell y da paso a Almdalen, el valle del río Alma.

Almdalen, aguas abajo
El río Alma es, probablemente, uno de esos demasiado grandes para vadear pero hay un puente aguas abajo. El puente está en medio de la nada en cuanto a senderos de acceso se refiere porque no hay ninguno pero no por ello deja de ser una infraestructura clave para comunicar ambos lados. Es aquí donde podría haber tomado la alternativa de caminar hacia la cabecera y rodearla por las montañas. El mapa muestra terreno empinado que podría ser difícil o no pero nunca lo sabré. Lo que sí supe es que la ruta aguas abajo no era sencilla.
Eran unos 7 km a lo largo de la ladera del valle en los que se trataba de elegir la terraza adecuada. Mi impresión de aquel día es que no siempre hice la mejor elección. Hubo un punto en el que me encontré en curso directo e inevitable al fondo de valle. Bajar allí antes de llegar al puente era probablemente una mala idea así que tenía que dar marcha atrás y corregir, cosa que me fastidiaba mucho. En su lugar, eché un vistazo al empinadísimo talud que me separaba de la terraza superior, unos 50 m verticales más arriba, buscando un atajo viable.
Intentar reparar un error cometiendo otro siempre es mala idea. Sí, me ahorré dar marcha atrás, pero a costa de una escalada a 45-50 grados sobre terreno ocasionalmente inestable que no me dejó contento ni cuando la terminé. Intenté no darle más vueltas mientras seguía adelante.
Finalmente, llegué a la altura del puente y bajé al fondo de valle que, efectivamente, era un mal sitio por el que caminar, muy irregular, con roca y vegetación densa. Junto al puente, un refugio privado para el que no tenía llaves. Sin duda, la localización de refugio y puente estaban relacionadas.
El lado opuesto de Almdalen era mucho más amable, campo a través también pero en suave ascensión por terreno herboso, y me sirvió para calmar ánimos mientras arrastraba mi cuerpo cansado unos kms más hasta encontrar el hueco perfecto, hierba corta y seca, para plantar campamento. El anochecer fue espectacular.

21:03 h

21:50 h
A la mañana siguiente, las nubes siguen ahí:

Bukvatnet
Se espera lluvia en cualquier momento a partir de media mañana aunque no debería ser continua, más bien tipo chubasco. El ambiente es ciertamente plomizo según cruzo el típicamente interminable páramo de altura en el que cuesta una eternidad llegar a un somero borde que permita vistas de lo que viene a continuación: Lurudalen y la granja Gresamoen.

Paisajes del interior noruego
Si hago caso al mapa, eso de ahí abajo es un fangal infinito. Mi ruta me lleva al encuentro de una pista de grava que cruza el río por un sólido puente de madera transitable por vehículos.

Laarte Luru
Al otro lado del río están los edificios de Gresamoen. He pasado por granjas remotas antes, algunas de ellas en este mismo viaje, pero creo que ninguna como ésta. Hay un montón de kms de pista para salir de aquí y llegar a cualquier otra zona habitada. Técnicamente, Gresamoen está fuera de los límites del Parque Nacional Blafjell-Skjaekerfjell pero porque estos han sido trazados evitando la granja.
Cuando paso por allí, el lugar parece vacío. Empieza a llover y hago un descanso para comer al resguardo de un porche.

Gresamoen
La lluvia es intermitente y aprovecho un momento en el que apenas cae para reiniciar marcha usando un corto tramo de senderito apenas perceptible pero que ayuda un poco a cruzar las zonas de más vegetación. Me alegro cuando empiezo a ascender y salgo de la reclusión hacia terreno más elevado donde la progresión será más sencilla.

Adivina por dónde va el sendero

Salida
La tarde discurre a través de páramos interminables, a menudo bajo la lluvia. Aquí es donde echo de menos una ruta marcada, no tanto por el piso, que no es difícil, sino por evitar las tareas de orientación. Cuando llueve, lo que más mola es esconderse bajo la ropa impermeable y no salir ni para mirar el GPS. Campo a través, hay que mojarse.

Chubascos
Hacia el final del día, las nubes se abren y se cuela algo de luz. Aún llueve aquí y allá y tengo un buen arco iris.

Arco completo
La ruta desciende un poco, lo suficiente para llegar a una zona con árboles alrededor del enésimo lago. Todo es fangoso pero, buscando bien, casi siempre hay algún hueco seco en alguna ligera elevación. Disfruto infinitamente de la luz del atardecer junto a estos pinos nórdicos que tanto se parecen a los ibéricos. Estoy a sólo 4 km de reunirme con la red de senderos.

Luz maravillosa para terminar la jornada
Hace ya más de un día que pude consultar el pronóstico del tiempo por última vez y ya no será del todo fiable pero, a falta de nada mejor, me fío del que tengo: lluvia prevista desde la mañana siguiente y sostenida durante horas. Estaría genial que no me pillara campo a través así que hago un buen madrugón para alcanzar cuanto antes un sendero catalogado por primera vez en dos días.

5 h de la mañana
El éxito es parcial porque empieza a llover antes de que, a eso de las 8 h, aviste mi primera señal a este lado del gran vacío:

Hito esperado
Está cubierto y llueve pero una vez que estoy en un sendero, aunque sea uno muy austero, siento como que ya nada puede ir mal; al menos, no antes de llegar a mi próxima estación en el plan, la granja Holden, unos 20 km más allá.
Tal es mi desilusión cuando me doy cuenta de que no es del todo así, aún me queda un trozo campo a través con el que no contaba, que paso por un momento ridículamente bajo, más enfadado con el mundo que otra cosa, pero mi faro, ese descanso que me espera un poco más allá, es potente. Cuento hasta diez y me calmo. Bajo la lluvia y con mucha vegetación a la vista, parecía que iba a ser un infierno pero no se da tan mal y, un rato después, llego a la orilla de Langvatnet y, esta vez sí, un sendero bien marcado.

Autopista a Holden
Holden es una granja en funcionamiento que no tiene acceso por tierra, salvo andando, aunque, en cierto modo, me parece menos remota de lo que lo hizo Gresamoen el día anterior. Será por la casita habitada, las vacas en el prado o el hecho de que, en realidad, es más accesible, aunque sea a través del lago y de la frontera con Suecia, donde hay una carretera.
Uno de los edificios es un refugio DNT. Es media tarde y por hoy ya no me muevo de aquí:

Refugio DNT en Holden
Será el momento para un merecido descanso tras mi semana senderista más difícil en mucho tiempo. Poner todo a secar, asaltar la despensa varias veces y pasar tiempo de calidad sentado frente al lago o junto a la chimenea.

Holden

Holden
La última semana de viaje espera.
Entre julio y agosto de 2023, caminé durante 4 semanas y 825 km en Noruega entre Sulitjelma, región Nordland, y As i Tydal, región Trondelag. Sobre el terreno, dividí la ruta en cuatro secciones. Ésta es la historia de mi segunda semana en el sendero, en la que recorrí la distancia entre el hotel de montaña Umbukta y la localidad de Royrvik.
Pasar la noche es un concepto un tanto difuso en el verano noruego así que, digamos, lo que hago en mi habitacioncita en Umbukta es descansar, dormir bien y recuperar fuerzas físicas y mentales para continuar. Hecho esto, lo único que me queda pendiente antes de dejar Umbukta atrás es un gran desayuno, ese momento clave de cualquiera de mis días y más aún de los días en el sendero. No dejo ni las migas.
A continuación, me calzo la mochila que, con 7 días de provisiones, vuelve a ser un monstruo peludo y salgo a encontrarme con cielos azul brillante.
La ruta roza la línea fronteriza entre Noruega y Suecia que, por lo que sea, está trazada en líneas extrañamente rectas, cortando por la mitad valles, cordilleras y lagos sin ningún criterio geográfico aparente. Hago un corto desvío para acercarme a un hito fronterizo que me recuerda aquellos idénticos que crucé en 2007 en el Nordkalott.
Más adelante, alcanzo mis primeras vistas del Okstindan, un gran campo de hielo que cubre las cimas de la cordillera que tengo enfrente y del que fluyen varias lenguas glaciales, que son las que mi perspectiva me permite ver.
Pasaré el resto del día bordeando Okstindan mientras disfruto de condiciones meteo perfectas para caminar y me frustro con el trazado diabólico del sendero en un tramo en ladera que me cuesta mucho tiempo y esfuerzo así que no me quejo cuando emerjo en un valle y me encuentro con los inevitables fangales traga-pies. A Noruega hay que quererla como es. Ahora, bordeo la cara este de Okstindan.
En los valles, nunca terminas de salir del terreno pantanoso pero, una vez en la ladera de enfrente, es fácil encontrar algún tramo seco y ya sólo tengo que buscar hueco para plantar la tienda entre los pequeños abedules con la puerta orientada hacia los glaciares.
Luz muy diferente en el mismo lugar a la mañana siguiente:
Retomo camino y paso junto a uno de los muchos lavvu que me iré encontrando: es el refugio tradicional de pastores y cazadores locales, una estructura cónica de troncos y ramas cubierta por materia vegetal para impermeabilizar y aislar. Sería difícil interpretarlo como una construcción si no fuera por la puerta.
La ruta abandona el fondo de valle buscando terreno seco, donde se camina mejor, aunque el objetivo final sea seguir aguas abajo. Luz y oscuridad a partes iguales.
Por fin, alcanzo el punto desde el que puedo ver mi siguiente objetivo, el extremo norte del gigantesco Rosvatnet:
Una vez abajo, desemboco en una pequeña carretera que termina sólo un poco más alante y da acceso a unas cuantas granjas. Por debajo de los 400 m, el bosque es denso y no deja ver nada más.
Es en esta zona cuando empieo a ser consciente de un notable cambio de escenario; hasta aquí, el ambiente me resultaba familiar en relación a lo que recordaba de mi anterior viaje por el norte de Escandinavia: zonas de motaña, altiplanos desolados, dicho en el mejor de los sentidos, ocasionales visitas a valles con vegetación densa e incluso árboles para volver a subir al mundo de hierba y roca. Contadísimos encuentros con vías de comunicación modernas. Tal día como éste, según avanzo hacia el sur a lo largo de la frontera con Suecia, la altitud media es menor, las travesías de zonas altas son más cortas y me voy a encontrar una carretera que viene del oeste casi en cada valle.
Esta nueva rutina será mi realidad durante los próximos 100 km, hasta llegar al Parque Nacional Borgefjell. Caminaré realtivamente cerca de zonas rurales aunque, dicho sea todo, el ambiente rural de Noruega no tiene nada que ver con el del sur de Europa pero será lo menos remoto que haya atravesado en esta parte del mundo. Al mismo tiempo, me sentiré menos arropado, siquiera porque estaré fuera de la red de refugios.
Con todo esto en mente, cruzo una zona de montaña para bajar al siguiente valle donde, de nuevo, encuentro un par de granjas y una carretera de acceso; esta vez, de grava.
Aquí encuentro también cobertura de datos y puedo consultar la previsión meteo, que anuncia lluvia para la mañana siguiente. Por el momento, se limita a un gris uniforme poco amenazador. Busco y encuentro un trozo de terreno seco entre los abedules para plantar la tienda sobre el brezo, descansar y hacer planes de contingencia para evitar mojarme mucho al día siguiente.
Por la mañana, el nublado es intenso y ciertamente tiene pinta de llover. Salgo pronto para intentar llegar a un sitio a cubierto antes de que la cosa se ponga fea.
Al hilo del comentario previo, cabe mencionar que estaré fuera de la red de refugios DNT1 durante aproximadamente una semana. Habrá refugios de emergencia y pasaré por lugares con alojamiento básico en granjas y campings pero nada parecido a la confortable regularidad de las zonas cubiertas por los refugios DNT, en las que lo habitual es encontrar uno cada 15 o 20 km. En ese plan, un episodio de lluvia se puede prever con escasa preocupación porque nunca estará lejos la opción de ponerse a cubierto. No va a ser así durante prácticamente dos semanas.
En esta ocasión, por suerte, hay un refugio abierto a sólo 4 h de camino desde campamento. Cuando llego allí, después de una última hora bajo la lluvia, me alegro de ver que sigue los estándares de confort noruegos, incluyendo un buen porche en el que dejar todo lo mojado.
Sólo es media mañana pero no tendría problema en quedarme aquí todo el resto del día si sigue lloviendo. El pronóstico para la tarde no es concluyente así que aún espero que mejore lo suficiente para que me lo ponga fácil si quiero seguir. Mientras, aprovecho el tiempo de secado para descansar y comer.
Irán llegando más senderistas mojados, hasta tres, todos ellos en ruta NPL4 en dirección norte. Encienden la chimenea, cosa que yo no había hecho. Por eso y por lo que comentan, parece que piensan en dar el día por amortizado y quedarse a pasar la noche, cosa que comprendo. Caminar la longitud completa de Noruega es una empresa difícil y justifica descansar en un refugio cuando te dé la gana. Yo aún no lo había descartado pero, si no había encendido la chimenea, era porque prefería seguir listo para salir a la menor oportuidad.
Pasado mediodía, la lluvia era más suave y el cielo, claramente menos gris. Me pareció suficiente para decidir continuar. Tenía por delante una travesía larga por terreno expuesto pero también el colchón de una granja con alojamiento a menos de 20 km. Podía salir regular pero no mal.
Esta sección de la gran ruta a lo largo de Noruega tiene nombre propio, Nordlansruta, aunque es una denominación que aparece poco en la señalización. Es sólo la segunda vez que la veo nombrada y la propia señal tiene una pinta más artesanal que normativa:
Cruzo otra carretera, esta vez no terminal sino una de asfalto que cruza hacia Suecia, cuya frontera está a menos de 3 km. Estrecha y muy poco frecuentada.
Mientras, ha dejado de llover y el cielo está menos oscuro. Para cuando subo a las montañas, las nubes ya tienen agujeros y el sol ilumina la hierba.
Me alegro mucho por las condiciones benignas porque esta travesía es muy bonita y habría sido una lástima pasar por aquí encapuchado y sin ver nada. Mientras dura el sol, apoteosis brillante de verdes y azules por terreno herboso con poca roca por el que es muy agradable caminar.
Las nubes se juntan y oscurecen de nuevo y me cae un buen chaparrón en el descenso, lo que me ayuda a decidirme por el comodín de la granja Tverrelvnes, que tiene albergue. Caerá algún chubasco más pero, para entonces, ya estaré a cubierto.
Seré el único inquilino esa noche.
Tverrelvnes está al final de una pista de grava que da acceso a varias granjas. Hay cobertura de datos y puedo consultar las únicas noticias que me importan por el momento, las del pronóstico meteo, y parecen concluyentes: lluvia intensa y persistente a partir de mediodía del día siguiente así que busco planes para estar a cubierto para entonces. No será difícil, el siguiente valle está a sólo 12 km y allí tengo el camping Grannes. No tengo ni idea de cómo es pero siempre suele haber cabañas de madera en los campings.
Con esta previsión y plan tranquilizador, paso una mañana muy agradable caminando bajo una luz espectacular por el contraste con las nubes negras.
Éxito total. Llego a Grannes a media mañana antes de que empiece a llover.
El lugar no tiene mucho glamur, por decirlo suave, y aunque la localización es hermosa, el cesped estupendo y los chalets grandes tienen buen aspecto, las dos o tres cabañas pequeñas están bastante decrépitas pero la mía tiene todo lo que necesito, incluyendo un pequeño porche para ver llover y una chimenea para estar calentito y secar cosas mojadas. Tengo claro que no me voy a mover de aquí hasta el día siguiente y cruzo dedos para que la lluvia haya pasado para entonces.
Llovió durante el resto del día y gran parte de la noche. Pasé una tarde agradable estudiando mapas y echando el rato en el porche, con la única pega de que en Grannes no había ningún servicio de nada y eso significaba que no podía darme a la comida, que es lo que me pedía el cuerpo. En el sendero, comer lo justo es lo natural; en un alojamiento, es contraintuitivo. Hattfjelldal, un pueblo grande, estaba a sólo 25 km pero ni había transporte público ni la carretera tenía apenas tráfico así que intentar ir allí y volver en el día parecía más problema que solución. No me moví de Grannes.
A a la mañana siguiente, seguía lloviendo pero, según el pronóstico, amainaría más tarde. Con esa esperanza, salí a esquivar charcos, intentando mantener el calzado seco, aunque fuera sólo los primeros minutos.
La lluvia paró y el mix de nube y luz que vino a continuación fue de esos que dan sentido a un paseo por las montañas, empezando por las vistas hacia el valle del que había partido y siguiendo por otro precioso paso de montaña.
En el descenso hacia el siguiente valle, tengo un primer encuentro con la que va a ser mi realidad durante los próximos 10 días: un sendero inexistente en zonas con mucha vegetación donde el progreso es lento y pesado. Sería un pequeño infierno con tiempo lluvioso pero, en condiciones favorables, sólo requiere algo de adaptación mental y aceptar que aquí no es posible caminar a 4 km/h.
Con todo, y por el momento, sigo en la red de senderos y no faltan infraestructuras clave como un este pequeño bote de sirga para salvar un canal entre lagos demasiado ancho como para poner un puente:
Un valle transversal más y otra pista de grava que, esta vez, necesito seguir durante varios km antes de retomar sendero. Acampo en la última zona elevada que me queda antes de meterme en fangales a las puertas del Parque Nacional Borgefjell.
Borgefjell es una extensa área sin infraestructuras, no hay senderos ni señalización. Acostumbrado al punto de apoyo que suponen las rutas marcadas, da cosica meterse ahí pero soy consciente de que la clave de la dificultad o su ausencia está más en la meteo que en cualquier otra cosa. Salvo los puntos de acceso, es todo terreno elevado, lo que suele significar suelo firme, vegetación escasa y progresión sencilla, aunque también mucha exposición, lo que hace que el factor meteo sea especialmente importante. Mejor que no te pille un gris ahí arriba.
De momento, mis últimos kms en la red de senderos son de los peores que haya caminado, lo tienen todo: roca, vegetación, fango y más tráfico del que puede soportar, lo que es extremadamente inhabitual en Noruega; de hecho, es la primera vez que lo veo. Los pozos de barro tragan la pierna entera.
El sendero acaba en la orilla del Tiplingelva. Al otro lado, Borgefjell. Cruzo el puente colgante en una mañana soleada.
La travesía de Borgefjell fue uno de los momentazos del viaje. Una vez en las zonas altas, es un paraíso montañero de belleza ininterrumpida que me trae recuerdos de paisajes similares a lo largo del Nordkalott, allá al norte.
Aparte del potencial de problemas meteorológicos, el único obstáculo significativo en lugares como éste son los ríos. Aunque sea el cauce alto, pueden ser grandes y difíciles de cruzar. El Ranserelva es el único importante que me encuentro y tiene un puente pero necesitaría un desvío de varios kilómetros y prefiero vadear. Con mucho cuidado.
Me llevó el día completo cruzar esta esquina de Borgefjell. Me lo tomé con calma. Después del último collado, me llovió un poco pero nada serio. Mi mejor día de montaña en mucho tiempo.
Para cuando llegó la hora de acampar, hacía frío y bastante aire. Una plataforma de brezo seco cerca de la orilla del enésimo lago.
El amanecer es muy desapacible, con viento, frío, chubascos y, a ratos, niebla.
Mi itinerario es ya valle abajo y de salida. Cambio de región, de Nordland a Trondelag aunque, evidentemente, sobre el terreno no hay ninguna señal, ni de esa frontera ni de nada más. El ambiente va cambiando, como de costumbre al descender, y van apareciendo los árboles y los fangales. Alterno la elección de ruta entre la libertad de la línea recta por el terreno fangoso pero abierto y, cuando me canso de esto, las elevaciones donde piso tierra firme pero hay más vegetación. Seguiré campo a través por lo que resta de día y me alegro de comprobar que, aunque trabajoso, el terreno es practicable.
Hacia mediodía, alcanzo Namsvatnet y el final del descenso hasta la frontera sur de Borgefjell:
El mundo humanizado está en el extremo opuesto del lago, 21 km de camino que preveo muy duros porque serán campo a través en altitud relativamente escasa, por debajo de los 500 m.
Esperaba dificultades aquí. Sobre mapa, es una mezcla de bosque y zonas pantanosas y tenía en mente un ejercicio continuo de elección entre malo y peor, sin tener muy claro cuál era cuál. Ciertamente, hizo falta adaptación emocional a las circunstancias pero, dicho esto, no fue tan mal y me alegré mucho de haber recorrido este tramo que, por lo que comenté con otros senderistas, muchos evitan, aprovechando que hay embarcaderos en ambos extremos de Namsvatnet para hacer el trayecto en barca.
Tras la mañana plomiza, el cielo se aclaró y tuve un tiempo estupendo durante la tarde, lo que, sin duda, ayudó. Los bosques de coníferas eran densos pero una cosa interesante de la vegetación a nivel de suelo es que es siempre de tallo blando y nunca espinosa, así que siempre se puede pasar. Incorporo esta parte de cultura senderista noruega a mi bagaje.
En el extremo opuesto de Namsvatnet, alcanzaré una pista que me llevará a una carreterilla y, finalmente, a la localidad de Royrvik. Antes de todo eso, un campamento más.
Una mañana luminosa y pacífica:
Sólo quedan 17 km hasta el pueblo y son fáciles: en cuestión de minutos, llego a una pista de grava que me lleva a una carreterilla que luego me lleva a otra. Qué fácil es caminar por asfalto.
Royrvik es el único pueblo por el que pasaré en todo el viaje. Es un sitio pequeño y sin una trama urbana tal cual la conocemos en el sur de Europa. Tiene un supermercado y un hotel, que es prácticamente todo lo que necesito. Llego allí a media mañana de un domingo y tengo que esperar al día siguiente para las compras así que todo lo que me queda por hacer es nada, que es una gran cosa que hacer tras una semana de mucho trabajo en el sendero.
Limingen Gjestegard es el lugar. Gjestegard es el equivalente al término anglófono Guesthouse y Limingen es el nombre del inevitable lago local. Es un sitio encantador. Una vez más, continuando la tendencia de este viaje, está muy poco concurrido. Principios de agosto tampoco parece ser temporada alta en esta región.
El descanso me sienta genial. Soy consciente de que la semana siguiente puede ser durísima y la parte clave de este viaje así que dejadme que reponga fuerzas:
El pronóstico del tiempo es de lluvia fuerte y persistente para el día siguiente. Tomo la decisión consciente de no preocuparme. No por el momento.
Entre julio y agosto de 2023, caminé durante 4 semanas y 825 km en Noruega entre Sulitjelma, región Nordland, y As i Tydal, región Trondelag. Sobre el terreno, dividí la ruta en cuatro secciones. Ésta es la historia de mi primera semana en el sendero, en la que recorrí la distancia entre la localidad de Sulitjelma y el hotel de montaña Umbukta.

Primera semana
Sulitjelma es un enclave minero en una localización típicamente noruega, la estrecha franja de terreno llano entre la pared del valle y el lago que ocupa todo lo demás. A 67 grados norte, está medio grado más allá del círculo polar. Había llegado allí a media tarde de un sábado tras un par de buses desde la costa, la ciudad de Bodo, donde había aterrizado por la mañana en un vuelo desde Oslo.
En Sulitjelma, el ambiente era gris oscuro y el pronóstico, de lluvia pero con dos refugios a corta distancia, la opción obvia era comenzar a caminar inmediatamente, no sin antes darme un último atracón en el supermercado. Pasaría una semana antes de poder volver a hacer algo así.

Parada obligatoria antes de partir
Se puso a llover a los pocos minutos de empezar a caminar y ahí tuve mis primeros conflictos, con la meteo noruega y con mi toma de decisiones. En lugar de hacer las cosas bien, lo que hubiera implicado ponerme toda la ropa de lluvia, tiré por esa calle de enmedio del «bah, si sólo es un rato» y sólo me puse una parte. Habría sido suficiente si me hubiera limitado a los primeros 4 km hasta el primer refugio disponible pero decidí también seguir una hora más hasta otro más pequeño y remoto. Salió de aquella manera.
Menos mal que la ruta estaba bien señalizada porque la montaña se había fundido con la nube y no se veía nada.

Langvatnet y Sulitjelma

Mucha niebla
Llegué a Lomihytta mojado, congelado y muy descontento con la experiencia, al mismo tiempo que aliviado de estar bajo techo y de haber encontrado el refugio, que estaba apartado de la ruta lo suficiente para ser indetectable en la niebla. Me costó hasta con GPS.

Refugio en la niebla
Lomihytta era un refugio pequeñito pero a la altura de los estándares noruegos de confort y me rescató del malhumor que llevaba. Me fui a dormir esperando mejores condiciones para el día siguiente.
Por la mañana, sigue nublado y lúgubre pero no llueve y la niebla ya sólo cubre las cimas. No es el ambiente más acogedor posible pero, técnicamente, son buenas condiciones para caminar. Inicio mi primer día completo en el sendero.

Mañana gris en Lomi
Al sur de Lomi, la ruta atraviesa la típica zona alta noruega, muy rocosa y donde prácticamente no hay sendero físico aunque sí una correcta señalización. Claro que, para ver las señales, hace falta visibilidad. En condiciones como las de la tarde anterior, en este tramo, habría ido a tientas. Más o menos necesaria, me alegro de volver a la compañía de esos viejos amigos que son los hitos con la marca DNT1. Me voy a pasar un mes siguiéndolos.

Hito con marca DNT
La ruta desciende en un par de puntos a la zona cabecera del mismo valle en el que comencé viaje el día anterior, en ambas ocasiones alcanzando el bosque de abedules y sendos refugios DNT. Paso de largo de ambos y continúo adelante todo lo que me parece razonable para un primer día completo. Siempre hay que tener cuidado con las jornadas iniciales de viaje, cuando el cuerpo aún no está acostumbrado a las tensiones y esfuerzos de la actividad, para evitar lesiones que, aunque leves, te dan luego la lata durante todo el viaje. En el verano de Noruega, además, como tarda tanto en hacerse de noche, es fácil pasarse.
Acampo en los páramos que rodean Ballvatnet, nombre propio con la marca geográfica que denota que se trata de un lago, apenas visible al fondo de la escena. El suave relieve no da para mejores perspectivas.

Primer campamento del viaje
Mi estado de ánimo va con el gris del ambiente pero, objetivamente, puedo estar contento: todo va bien y puedo celebrar que estoy aquí, haciendo esto.
La noche es corta, no muy oscura y no parece suponer ninguna inflexión en el ambiente: cuando salgo de la tienda, todo sigue igual.

Primer amanecer en campamento
La ruta abandona el campo abierto que rodea Ballvatnet y cruza un collado somero para empezar a descender por un valle. Vegetación cortita y terreno cómodo para caminar. Por un momento, el nublado parece aclararse pero la idea no le dura mucho y pronto vuelve al gris oscuro.

Vegetación corta y terreno cómodo para caminar
Valle abajo, la vegetación es más alta y densa y eso son malas noticias: está saturada de agua y es imposible no rozarse con ella continuamente, con el resultado inevitable en estos casos: empapado de la cintura para abajo. Ni siquiera parece que haya llovido, tiene más pinta de condensación en ambiente opresivo. Es como si el propio aire fuera pesado. Con todo, el entorno es bonito, especialmente el río, al que he visto nacer y un rato antes y ya se va haciendo grande.

Skaitielva
Voy tan calado que siento que tengo la excusa perfecta para otra noche de refugio. Me viene bien porque pasaré por uno al final de la jornada y, además, tampoco sería fácil acampar en este entorno tan frondoso sin una segadora, no hay apenas suelo acampable. Que luego siempre se encuentra algo pero, como el bienestar emocional suele depender mucho de las perspectivas sobre el futuro inmediato, pensar que puedo terminar el día a cubierto, seco y cómodo, me anima mucho y camino más contento que hasta entonces.
Curiosamente, según avanzo aguas abajo, la vegetación está más seca, hasta el punto de estarlo del todo y mi ropa se va secando también. Para cuando llego al refugio Trygvebu, la sensación de incomodidad ya ha desaparecido pero seguiría siendo complicado buscar hueco para acampar y me meto dentro sin dudar. Estaría mal no poder fiarme de mis propias auto-promesas.

Refugio Trygvebu
Trygvebu es un refugio al borde de zonas habitadas, hay una pista de grava y una granja en las proximidades, incluso tiene tendido eléctrico. En una noche de lunes, hay otros montañeros ya instalados y la chimenea está encendida. Estaré muy bien allí.

Chimenea en marcha en Trygvebu
A la mañana siguiente, veo, por fin, el sol por primera vez desde que llegué a Noruega. En la vida urbana de la meseta ibérica, el sol es algo que no celebro especialmente, es algo que casi doy por descontado. La vida en el sendero es diferente y, en Noruega, más aún. En estas condiciones, me alegro por la presencia del sol y me pone de buen humor.

Cielo azul por fin
Mi valle desemboca en Junkerdalen, arteria troncal este-oeste donde cruzo mi primera carretera. Hacia el este, la frontera con Suecia está a unos pocos kms. También cruzo Graddis Fjellstue5, donde me había hecho la peli de que quizá tuvieran una cafetería donde hacerme una ronda de café y tarta, ese clásico del sendero, pero, aunque el lugar parece en funcionamiento, no veo ninguna puerta abierta ni indicio de lo que busco así que paso de largo. Siendo finales de julio, me pregunto cuándo será la temporada alta en sitios como éste.
Junkerdalen, a su vez, desemboca en Lonsdalen, el principal corredor norte-sur de la región, aunque la ruta senderista ataja por tierras altas, con estupendas vistas a las montañas de Saltfjellet hacia el oeste, antes de bajar al valle principal, con la carretera E6 y la línea de tren entre Trondheim y Bodo.

Buen camino, magníficas vistas
En Lonsdal hay estación de tren. Podría haber aprovechado para acercarme a Rognan, unas pocas estaciones al norte, para reaprovisionar pero deseché la idea desde el principio, es una línea de larga distancia en una zona poco habitada y no hay muchos servicios, probablemente habría tenido que hacer noche en el pueblo y no merecía la pena.
Pasado Lonsdal, inicio la subida hacia Saltfjellet y el punto más alto de toda la ruta mientras se va nublando. Desaparecen los árboles y la vegetación va siendo más corta. Doy por terminado el día antes de la ascensión final y de que el ratio hierba/piedra decrezca demasiado y planto la tienda en el que resultaría uno de los sitios de acampada más bonitos de todo el viaje.

Campamento en Saltfjellet
Una mañana más y las nubes, en esta ocasión, aparecen rotas, dejando mucho hueco para cielo azul. Retomo camino en un escenario magnífico.

Montañas de Saltfjellet
La zona alta es típicamente escandinava: un collado somero, amplio y muy largo. El lugar es impresionante de por sí pero, además, la luz coopera para ponerlo bonito así que dejadme que pegue no una imagen sino una serie:
El descenso es sobre un relieve también muy suave. La ruta entra en el dominio de Saltfjellet pero no se dirige hacia los picos y campos de hielo en el oeste sino que gira hacia el sur a lo largo de un valle donde pronto alcanza el límite del bosque de abedules y cruza un par de veces el Kjempaelva, el río de rigor, sobre los típicos puentes colgantes.

Kjempaelva

Puente sobre el Kjempaelva
La ruta abandona el fondo de valle para volver a zonas más elevadas donde hay más exposición pero la vegetación es menos densa y se camina mucho mejor. Con meteo tranquila, es un cambio a mejor y la luz sigue ayudando con las fotos.
Visto mapa, sé que me estoy acercando al Círculo Polar pero no tengo ni idea de si estará señalizado. Cuando veo al fondo un letrero de madera a modo de puerta sobre el sendero, intuyo que va a ser ahí. No sólo eso sino que hay franjas herbosas perfectas para acampar y, aunque no parezca que es tarde, llevo más de 12 h caminando y 38 km, más que suficiente para que sea el momento perfecto para decidir parar y pasar una última noche al lado norte de la línea esa.

Círculo Polar

Campamento del Círculo Polar
Lo de pasar la noche era un decir pero sí que hay un ciclo de cena/sueño/desayuno. No es la primera vez que cruzo el Círculo Polar pero sí la primera que lo hago a pie, lo que da más lustre al simbolismo.
La ruta me lleva de nuevo al valle principal, donde cruzo la E6 y la vía de tren una última vez. El nublado ligero de la mañana ha evolucionado hacia el oscuro pero con nubes rotas que dejan pasar el sol.
La siguiente sección en altura es muy estética y fácil de caminar, con mucho cesped y poca roca. Hacia el este, a un par de kms en línea recta, la línea extrañamente recta que marca la frontera con Suecia.

Hierba, sin roca
No hay tregua en la meteo noruega. Incluso en un día tranquilo como éste, se juntan nubes y cae un chaparrón. A veces, el fenómeno es tan local que lo puedes ver en el horizonte cercano y esperar que no te alcance. Desciendo hacia Virvatnet6

Chubasco bajo los focos
En las orillas del lago, paso por mi primer episodio, en este viaje, de apocalipsis-mosquito. Me apresuro a salir de allí, esperando que alejarme del agua, ganar altitud y una posible brisa hagan que los insectos desaparezcan pero tienen el día tonto y nada de eso parece suficiente. Tras 37 km, planto la tienda en un sitio cómodo y bonito pero no puedo estar cómodo hasta que me encierro dentro. No todo iba a ser perfecto en Noruega.

Perfecto excepto por los mosquitos
Nubes y claros al inicio de la siguiente jornada, transicionando a cubierto según cruzo un collado secundario, rocoso y con lago panorámico. Sigo rumbo al sur.

Un poco de luz

Lago sin nombre
Por la tarde, el cielo se polariza: grandes claros pero también grandes nubes con desarrollos verticales típicos de situaciones de tormenta así que no me sorprende del todo cuando, mientras descanso un rato para comer algo, suena un trueno. No voy a correr más que la tormenta pero, si la cosa se va a poner fea, mejor estar en sitios expuestos el menor tiempo posible así que recojo rápido y sigo adelante. Aún tengo que cruzar un collado elevado.
Independientemente del tiempo, tengo claro que esta próxima noche será bajo techo. El refugio Sauvas me cuadra perfecto, tanto para terminar la jornada presente como para dejar un día corto para la siguiente, final de sección, y sobre mapa tiene muy buena pinta: altitud elevada y en zona lacustre. Con esta previsión imbatible, no me enfado mucho con la meteo cuando los chubascos me empiezan a rodear.

No me cojes
Era cuestión de tiempo que me acabara lloviendo y lo hizo en la zona del paso de montaña pero fue precipitación suave y me mojé pausadamente. Luego, los claros y la luz:

Luz tras la tormenta
Para cuando llegué al refugio, ya casi me había secado, el tiempo se había tranquilizado y no tenía ninguna razón objetiva que justificara meterme dentro por delante de mi opción por defecto, que siempre es la acampada, pero está bien darse un lujo alguna vez porque sí y el sitio es muy especial:

Ostre Sauvatnet y los refugios
Me puse cómodo en la casita pequeña. El cielo se despeja y, a casi 1000 metros de altitud, la temperatura baja mucho, lo que da especial sentido al fuego de la chimenea.

Sauvasshytta
Me tuve que quedar levantado hasta muy tarde pero esperé a la puesta de sol.

Puesta de sol en Sauvas
Esta vez sí que hay diferencia entre anochecer y amanecer: por la mañana, niebla intensa y no se ve nada aunque, para cuando salgo a caminar, se ha levantado lo suficiente para despejar el suelo y poder ver a dónde voy. Serán sólo 12 km.

Sauvasskardet
A media mañana, llego a la carretera E12 a la altura de los edificios de Umbukta Fjellstue, de donde no me pienso mover hasta el día siguiente. Me he ganado un descanso.

Umbukta Fjellstue
Umbukta es un sitio acogedor, de tamaño pequeño y aspecto austero, muy lejos de la mayor parte de Fjellstue por los que he pasado en otros viajes, que solían ser más grandes y pintones. Es un sábado y el lugar está muy poco animado. Una vez más, me pregunto si la temporada alta es en algún otro momento o si esto es lo normal.
Sea cual sea el ambiente, tengo todo lo que necesito y las prioridades muy claras: comer, recoger mi envío postal, ducha, colada, comer otra vez, relax, comer algo más. La caja con provisiones que envié una semana antes nada más llegar a Bodo está esperándome en el sótano. Su no presencia es casi lo único que podría haber ido mal.
El menú no es nada sofisticado pero sobra decir que no necesito exquisiteces, me va perfecto con dos rondas de la misma hamburguesa, una para comer y otra para cenar. No dejé una miga.

Segunda ronda
Umbukta fue una estación maravillosa. Tuve ocasión de coincidir con otros dos senderistas en ruta NPL7 y comentar cosicas del sendero, un rato estupendo. Me gustan mis medios-días de descanso.
La primera parte del viaje quedaba atrás y me sentía muy bien, física y emocionalmente.
Al final de cada jornada, hago algunas anotaciones. Como mínimo, me sirven para saber en qué día estoy si la electrónica me deja tirado. Los datos que acompañan a la fecha son muy básicos pero, cuando los pongo todos juntos, salen algunas cifras interesantes.

Notas de campo
Primero, la ruta final; después, la estadística.
Ruta final
Seguí el itinerario E1 casi al pie de la letra, con variaciones en los tramos campo a través demasiado pequeñas como para que merezca la pena intentar dibujarlas. El punto de partida, como estaba previsto, en Sulitjelma, región Nordland. El punto final resultó As i Tydal, región Trondelag
Distancia: 825 km
Ésta fue la distancia efectiva de viaje si me fío de las mediciones de las aplicaciones de cartografía. La distancia caminada es de 10 km más a causa de quedarme bloqueado ante un río crecido, peligroso de cruzar, en medio de una tormenta, el día 26 de viaje. Tuve que retroceder hasta el refugio más cercano y repetir al día siguiente, ya sin problemas.
Días: 29
Días efectivos de viaje a pie. Caminé todos los días salvo los de llegada y salida del país.
Media: 28.5 km/día
Calculada en base a la distancia efectiva de viaje. Me quedé algo por detrás de mi intención de promediar 30 km/día. Si saco de la cuenta el día 1, en el que empecé a caminar a última hora de la tarde, la media llega a 29 km/día.
Distancia más larga: 38 km
Acontecida el día 5 de viaje. Hubo también varias jornadas de 37 km.
Días completos: 21
En los que no hice nada más que caminar.
Días cortos: 8
Incluyo aquí aquellas jornadas en las que caminé menos distancia de lo habitual, caminé durante menos horas o ambas cosas, desglosados así: los días inicial y final, los dos días que incluyeron una parada para reaprovisionar y cuatro en los que di la tarea por terminada pronto debido a la meteorología. Algunos de estos últimos fueron más difíciles que muchos días normales.
Días con lluvia: 19
Estos incluyen cualquier tipo y cantidad de lluvia. Dicho de otra manera, hubo sólo 10 días en los que no llovió nada. De los 19 en los que sí, la lluvia fue intensa o de larga duración en 11.
Noruega es un sitio húmedo por todos los flancos.

Lluvioso y oscuro
Acampadas: 18
Acampar era, como de costumbre, mi por-defecto y en este viaje ha sido la opción en casi 2/3 de las noches, el ratio más alto de todos mis viajes en Noruega hasta ahora. Por lo que sea.

Saltfjellet-Svartisen
Pernoctas en refugio: 7
Siempre que sentía que me hacía falta una noche en refugio, me la concedía, sin hacerme muchas preguntas. Siempre solía ser por razones meteorológicas pero a veces también porque me apetecía el confort de un refugio o me parecía que necesitaba un descanso de la exposición que supone estar ahí fuera durante mucho tiempo seguido en un sitio que no siempre lo pone fácil. Alivio instantáneo para el cansancio por acumulación.

Refugio Holden
Noches en alojamientos: 3
Dos de éstas fueron planeadas, coincidiendo con un día corto que incluía reaprovisionamiento y descanso. La otra surgió sobre la marcha al final de una jornada lluviosa.

Limingen Gjestegard, Royrvik
Reaprovisionamientos: 2
El primero, un envío por correo a Umbukta, un hotel de montaña, en el día 8. El segundo, una compra en supermercado de buen tamaño en la localidad de nombre Royrvik, día 16. Ambas localizaciones directamente en ruta.

Supermercado en Royrvik
Las provisiones para la última semana de viaje fueron saliendo de la despensa de algunos de los refugios por los que pasé, a falta de una opción mejor y habida cuenta que, en Trondelag, muchos de los refugios contaban con despensa.
Días en los que no me encontré con nadie: 1
Esto sucedió en el día 19, al norte del Parque Nacional Skjaekerfjella. Paradójicamente, ese día comencé camino desde un refugio tipo albergue, localizado en una pequeña población, pero madrugué mucho y no había nadie por allí. Nadie en los senderos ni fuera de ellos en todo el día.
Días en los que me arrepentí de estar haciendo esto
Esto no viene de mis notas, esto es un recuerdo y uno muy claro: ninguno. Que no se me olvide.
Durante el verano de 2023, recorrí la franja fronteriza entre Noruega y Suecia allí donde la vertiente noruega es más estrecha, a veces sólo unas pocas docenas de kilómetros entre divisoria y mar. He dejado reposar los recuerdos y ahora los desentierro. El resultado es esta selección.

Norge Midt
Una línea continua de pasos
Hay una especial sinergia en el hecho de seguir una línea ininterrumpida por un tiempo relativamente largo, empezando en un sitio y terminando en otro diferente con la sensación de que éste está a medio mundo de distancia de aquel.
Además, hay algo único en esto. En su aspecto más básico, se trata de que caminar no sea sólo ir de acá para allá por sitios bonitos, que está muy bien, sino que signifique algo más, el propósito del viaje. Profundizando más, me topo con esta idea, que me gusta, de afrontar lo que el terreno y sus condiciones propongan: transitar por el medio ambiente en sus propios términos.
Nada de esto es exclusivo de este viaje, aplica en cualquier sitio, pero sí hay un matiz interesante: en Noruega, puede no ser fácil. Esto le da un valor especial.
Escenario
Iba a usar como título el más obvio «Paisajes» pero, según desarrollaba lo que quería expresar, acabé poniendo este otro, un cambio sutil pero lleno de significado. La gracia de este viaje ha estado no tanto en el espectáculo de una región inherentemente espectacular como en el discurrir por el territorio normal, un escenario en que el viaje sucede.

Mesetas de Borgefjell, donde el viaje sucede
Esto no es algo que me resulte nuevo pero quizá sí en un viaje por Noruega, cuyo estereotipo es de lugar de postal permanente y así había sido en mis anteriores visitas. En esta ocasión, parte de la idea era intentar ir más allá del tópico y ver qué pasaba, lo que me hace pensar más en escenario que en paisajes y me lleva al siguiente punto.
La Noruega menos obvia
Resulta que no se trataba sólo de valles glaciales, lagos y paredes de roca, caminar por Noruega también puede ser rutinario y lo mejor es que, incluso entonces, resulta muy atractivo e interesante.
Éste era mi tercer viaje en esta parte del mundo. En los anteriores, la mayor parte de los recorridos habían sido por altas latitudes, zonas elevadas o ambas cosas a la vez. En las cifras más bajas había un mundo diferente con elementos como bosques de coníferas o de abedules, granjas, páramos infinitos y mucha más agua de la que el terreno puede asumir. Caminar por allí ha sido, de media, menos espectacular y más dificultoso que en zonas de viajes anteriores pero me ha parecido que tenía el valor añadido de lo auténtico y me he alegrado mucho de haber visitado esta otra cara del país.

Región Sylan
Fuera de los senderos
Esto está aquí sobre todo porque tiene un significado importante, ya apuntado en el comentario sobre la línea ininterrumpida de pasos: el significado de caminar por el territorio en sus propias condiciones, las que se presenten. En lo que afecta a la ausencia de senderos, no es sólo por lo obvio, que no haya traza física o señales, sino también, y casi más aún, por la disponibilidad limitada de refugio a cubierto por periodos bastante largos. En un sitio como Noruega, esto lo cambia todo.
Caminar campo a través es algo que, probablemente, no habría elegido, de haber tenido opción, pero también me intrigaba ver qué tal se daba. El hecho de que se tratara de secciones de una ruta establecida ayudaba a saber que, como mínimo, sería caminable, sin obstáculos insalvables, que es lo único realmente importante para quienes, viniendo de fuera, no tenemos conocimiento profundo del territorio como para poder saber qué esperar. El resto no es más que el incentivo adicional.

Por aquí
Me pasé la parte central del viaje, aproximadamente un tercio del total, caminando mayormente campo a través. La vuelta a la red de senderos se convirtió en mi faro, ese objetivo por el que seguir adelante cuando la cosa se ponía fea.
Todo sea dicho, el monte a través en Noruega puede no ser muy diferente de las rutas marcadas pero sí es un aspecto más, y uno de mucho peso, que añadir a la lista de dificultades potenciales. Si todos los demás factores estaban de cara (meteo estable, terreno seco, vegetación baja, sin obstáculos orográficos importantes), caminar campo a través podía ser sencillo y agradable pero esa alineación de planetas, si se da, no suele durar mucho en Noruega. Cuando la cosa se ponía complicada, si había que añadir a la lista habitual de dificultades la falta de senderos, marcas y refugios, se hacía duro. Para mí, fue difícil, a veces.
En retrospectiva, me ha parecido importante haberlo caminado todo, incluso lo difícil. Ha sido una parte integral del viaje sin la éste habría sido algo muy distinto.
Acampar
Es un aspecto clave, siempre lo es pero, en este caso, amplificado por lo bonito del entorno y por la sensación acogedora de que acampar al final de cada día es lo natural. Hacer hogar en las montañas y descansar tras de una jornada de mucho trabajo.
Un giro interesante que aplica especialmente a la acampada es el de hacerte con el lugar y, en Noruega, tiene más truco del que pueda parecer a primera vista. Para alguien nativo de regiones donde la tierra firme es algo que das por garantizado, no deja de ser un impacto inicial, aunque no sea la primera vez, caminar y acampar en un lugar donde todo parece un infinito y gigantesco fangal. A veces parece que ¡no hay tierra firme! Pero siempre hay algo y ahí viene esa pequeña parte de aprendizaje progresivo para leer el terreno, identificar los sitios buenos desde la distancia e incluso saber qué esperar a vista de mapa. Más allá de lo meramente técnico, esto es también una maravillosa forma de conectar con el lugar por el que caminas.

Buscar tierra firme
Refugiar
Sé que aquí me voy a repetir con respecto a textos similares de viajes anteriores pero dejadme enfatizar (otra vez) lo importante que es la infraestructura de refugios en un sitio como Noruega. Añadiría que «para mí» porque sé que esto va mucho con el carácter de cada cual pero me he cruzado con suficientes compas de sendero con quienes he compartido la misma sensación como para no sentirme solo en esto.
En verano, las condiciones son, en general, buenas para el viaje a pie, la acampada es maravillosa y todo lo que queráis pero es que, simplemente, había momentos en los que sentía que necesitaba estar a cubierto, fuera por algún episodio meteorológico traumático o fuera por acumulación. En tales momentos, contaba con la red de refugios de Noruega y el simple hecho de saber que estaba ahí hacía la vida en el sendero mucho más llevadera.
Pasé algunos de mis mejores momentos del viaje tomando un café caliente junto a la chimenea. Eso es mucho decir para una experiencia cuyo objetivo principal era estar ahí fuera.

Lo que sea junto a la chimenea
Diversión de Tipo 2
Viajar a pie por Noruega es duro, nada que no supiera ya, pero sigo volviendo a por más. Parece claro que me gusta el lugar. Con sus cosas.
En 2023, tendré un mes completo para caminar. Con la excepción de 2019, cuando me tomé cinco, esto de un mes entero y seguido es algo que no pasaba desde 2009, es decir, ésta va a ser una ocasión especial. Para ello, he elegido volver a Noruega.
Idea
Como con todos mis viajes, mi intención, a grandes rasgos, es hacer una ruta a pie continua, acampar por el camino, estar en la naturaleza y dejar que el viaje fluya solo. Noruega es un sitio estupendo para esto: paisajes maravillosos, buena red de senderos, posibilidad de enlazar zonas naturales sin apenas interrupción y una cultura senderista y montañera muy acogedora para la larga distancia.
| Lugar | Noruega Centro-Sur |
| Época | Julio/Agosto |
| Distancia | 464 km |
| Duración | 15 días |

Mellomfjell en Trollheimen
La idea para este viaje partía de caminar por la mitad sur de Noruega durante 2 semenas. Elegí una línea continua a lo largo de algunos de esos evocativos nombres noruegos: Trollheimen, Dovrefjell y Rondane. Luego vi, siempre sobre mapa, una línea ininterrumpida de tierras altas en dirección sur que me permitían seguir caminando y se convirtieron en la última parte de mi ruta a través de las regiones de Lillehammer y Hedmarksvidda.
Noruega es bien conocida por sus paisajes espectaculares. En este viaje, he aprendido que vistosa, la escena noruega es también diversa, al tiempo que he disfrutado de sus ambientes remotos y su cultura montañera.
Usad el menú para acceder a todo el contenido sobre mi viaje en la Alta Ruta Cantábrica.
Algunos detalles sobre técnica y material en mi viaje de 2022 en Noruega que me parecen dignos de mención.
Tienda de campaña Locus Gear Khufu DCF
Compré esta tienda con la intención de que fuera mi sistema de acampada por defecto para la larga distancia en 3 estaciones, lo suficientemente ligera como para llevarla a cualquier sitio, lo suficientemente sólida como para llevarla a sitios como Noruega. Me hice con ella unos pocos meses antes del viaje y tuve tiempo de usarla lo suficiente como para practicar con el montaje, siquiera para saber qué esperar. No tuve ocasión de usarla en condiciones difíciles.
La exposición a continuación es sobre la Khufu en el viaje por Noruega.
Durante el verano de 2022, caminé de estación de tren a estación de tren entre Oppdal, región Trondelag, y Hamar, región Innlandet, siguiendo una línea por las zonas montañosas de tres áreas protegidas: Trollheimen, Dovrefjell y Rondane, completando viaje a lo largo de las tierras altas de Hedmarksvidda.

Sección de Hedmarksvidda
Durante el verano de 2022, caminé de estación de tren a estación de tren entre Oppdal, región Trondelag, y Hamar, región Innlandet, siguiendo una línea por las zonas montañosas de tres áreas protegidas: Trollheimen, Dovrefjell y Rondane, completando viaje a lo largo de las tierras altas de Hedmarksvidda.

Sección de Rondane
Durante el verano de 2022, caminé de estación de tren a estación de tren entre Oppdal, región Trondelag, y Hamar, región Innlandet, siguiendo una línea por las zonas montañosas de tres áreas protegidas: Trollheimen, Dovrefjell y Rondane, completando viaje a lo largo de las tierras altas de Hedmarksvidda.
La segunda sección me llevó 3 días durante los que crucé Dovrefjell. Comparado con el entorno de la etapa anterior, Dovrefjell está más lejos de la costa, es más elevado y menos húmedo. No es un mundo vertical de picos y valles, tiene más aspecto de una alta meseta cruzada por montañas poco prominentes y horadada por valles abruptos en forma de perfecta U allí donde los glaciares principales se han abierto camino.

Sección de Dovrefjell
Durante el verano de 2022, caminé de estación de tren a estación de tren entre Oppdal, región Trondelag, y Hamar, región Innlandet, siguiendo una línea por las zonas montañosas de tres áreas protegidas: Trollheimen, Dovrefjell y Rondane, completando viaje a lo largo de las tierras altas de Hedmarksvidda.
La primera parte consistió en 3 días más un medio día de aproximación en un arco anti-horario a través de Trollheimen. El nombre significa Hogar de los Trolls, vaya ud. a saber por qué. Es un área de ambiente alpino, con picos escarpados, valles profundos y mucha precipitación.

Sección de Trollheimen
Si me pregunto a mí mismo por este viaje, esto es lo primero y lo que más a menudo me viene a la cabeza.
Paisajes
Casi sobra decirlo pero dejadme que me recuerde a mí mismo lo bonito que es Noruega. En prácticamente ningún sitio hace falta buscar una razón para que te guste un paisaje o acudir a detalles o matices, es todo precioso, sin margen para la discusión. Añadamos a esto la variedad que fui encontrando según regiones para que tampoco haya hueco para la monotonía. Sobre esto último, amplío información en el siguiente subtítulo.

Aguas abajo en Grovudalen, Dovrefjell
En el verano de 2022, volveré a viajar medio-lejos. Esto siempre es un acontecimiento pero especialmente tras un paréntesis de 2 años. Para tal ocasión, he elegido Noruega y he elegido el sur.
Sinopsis
Caminaré de norte a sur a través de Trollheimen, Dovrefjell, Rondane y Hedmarksvidda para una distancia total de 456 km en un máximo de 15 días. Esta es la ruta planeada:8
- Etapa inicial de mi viaje en la Via Alpina 1: El Weisstannental y mi primer puerto alpino en Suiza
- Etapa 2 de mi viaje en la Via Alpina: del Sernftal a Urner Boden, muchos kilómetros, trabajo duro y un gran puerto alpino
- Etapa 3 de mi viaje en la Via Alpina 1: Klausenpass, un largo descenso y un gran valle plano más la que, probablemente, es mi primera pequeña gran crisis de este viaje
- Día 4 en la Via Alpina: un puerto por la mañana, otro por la tarde y, enmedio, todo lo demás
- Etapa 5 de mi viaje en la Vía Alpina: la travesía Planplatten, paisajes de postal y campamento a la vera del Wetterhorn
- Via Alpina, etapa 6: las dos torres (esto es, el Wetterhorn y el Eiger)
- Día 7 en la Via Alpina: tiempo oscuro, roca oscura y la parte más dura del viaje a pie, cuando el cuerpo no funciona bien
- El octavo es mi último día en la Via Alpina: atrás queda la enfermedad y delante, los últimos puertos con nombres raros
| Lugar | Suiza |
| Época | Septiembre |
| Distancia | 268 km |
| Duración | 8 días |

La región Blümlisalp desde el collado Hohtürli
| Desde | Bundalp |
| Hasta | Adelboden |
| Distancia | 31 km |
| Puertos | Hohturli, Bunderchrinde |
Me levanto preguntándome si estaré parar caminar. Es difícil decir cuando no hay ningún dolor localizado y dado que en posición de descanso me encuentro bien. Me siento débil, desde luego, pero eso es normal. Decido ir a desayunar y ver qué tal me sienta. Resultó así de bien:

Desayuno alp
| Desde | Lauterbrunnen |
| Hasta | Bundalp |
| Distancia | 24 km |
| Puertos | Sefinenfurkke |
Por primera vez en todo el viaje, amanece nublado. Según el pronóstico, hay posibilidad de lluvia durante la mañana, disminuyendo por la tarde. Empiezo la siguiente ascención casi a la puerta del albergue para superar el escarpe glacial con vistas chulas de Lauterbrunnen.

Lauterbrunnen
| Desde | Pie de Wetterhorn |
| Hasta | Lauterbrunnen |
| Distancia | 29 km |
| Puertos | Grosse Scheidegg, Kleine Scheidegg |
Tras la tormenta de la noche previa, la mañana es freca y limpia. Toma topicazo pero es que era así. El Wetterhorn sigue ahí.

Amanecer en el Wetterhorn
| Desde | Engstlensee |
| Hasta | Pie de Wetterhorn |
| Distancia | 33 km |
| Puertos | Ninguno |
Menos mal que acampé bajo árbol, ¡los Alpes son un sitio sorprendentemente húmedo! pero amanezco con el toldo casi seco y sin haber tenido que transigir en panoramas.

Amanecer en el Engstlensee, Jochpass al fondo
| Desde | Brüsti |
| Hasta | Engstlensee |
| Distancia | 36 km |
| Puertos | Surenenpass, Jochpass |
Nueva mañana de cielo despejado con la diferencia de que, esta vez, no tarda tanto en llegarme el sol como en días anteriores, es la primera vez que paso la noche en zonas altas. Por la misma razón, en esta ocasión no he tenido condensación y todas las operaciones de campamento resultan muy cómodas. Surenenpass sigue ahí y es mi próximo hito.

Trailstar en el prado, Surenenpass al fondo
| Desde | Urnerboden |
| Hasta | Brüsti - Attinghausen |
| Distancia | 33 km |
| Puertos | Klausenpass |
Por la mañana, y como era de esperar, todo está empapado y tengo que levantar campamento mucho antes de que empiece a dar el sol así que meto en la mochila un montón de cosas mojadas y una buena excusa para un descanso, más adelante, cuando el sol caliente, para secarlo todo.
La localización no es precisamente idílica, demasiado cercano a zonas habitadas y una pequeña instalación industrial, pero el valle es bonito y merece foto de campamento:

Amanecer en Urner Boden
| Desde | Elm |
| Hasta | Urnerboden |
| Distancia | 42 km |
| Puertos | Richetlipass |
El amanecer es oscuro dentro del bosquete de coníferas en el que he acampado, a las afueras de Elm. Cruzo el pueblo ya de día pero aún mucho antes de que el sol aparezca por encima de las montañas. Tengo las piernas machacadas de los esfuerzos del día anterior, algo muy típico del inicio de ruta, cuando el cuerpo aún no está acostumbrado al nuevo ritmo de vida. Estiré, estiré y estiré para minimizar daños pero hasta ahí pude llegar. Me cuesta ponerme en marcha pero, una vez calentados los músculos, puedo caminar con bastante dignidad.

Amanecer en el bosque
| Desde | Sargans |
| Hasta | Elm |
| Distancia | 36 km |
| Puertos | Foopass |
Un aspecto interesante de una ruta por Suiza es que puedo terminar el trabajo semanal el viernes y empezar a caminar el sábado por la mañana, sin más preámbulos. Un vuelo el viernes noche para llegar a Suiza y el resto queda en manos del excelente transporte público helvético.
El sábado a primera hora el tren me lleva de Zurich a Sargans en poco más de una hora y sólo tengo que hacer una breve parada para comprar una bombona de gas según cruzo el pueblo. Todo cuadra tan bien que para las nueve y media ya estoy en el sendero. Literalmente.
Para una ruta cuyo antiguo nombre era9 the Alpine Pass Route (Ruta de los Puertos Alpinos), puedes imaginar que esos puertos significaban algo importante. Es normal que así sea, ¡es lo que pasa en terreno de montaña! Los puertos te ayudan a dividir la ruta en etapas con sentido, son los miradores de doble cara, son los que deciden si el agua va a una cuenca o a la otra. Son los puntos más importantes y este texto va para ellos. Para los de la Via Alpina 1.
Via Alpina 1 es la denominación más reciente para la ruta antiguamente conocida (en inglés, al menos) como Alpine Pass Route10. Discurre de este a oeste, a lo largo del borde septentrional de los Alpes suizos, desde Liechtenstein al lago Leman y con una longitud de unos 360 km, poco más o menos según opciones.
La Via Alpina 1, también conocida como Alpine Pass Route, recorre de este a oeste las regiones Glarner y Berner de los Alpes suizos a lo largo de aproximadamente 360 km, algo más o algo menos dependiendo del punto de partida y la elección de ruta, allá donde hay opciones. Caminé por ahí en septiembre de 2018 con la difusa y ambiciosa idea de completar el recorrido en una semana.
A partir de mediados de septiembre, caminaré por la Via Alpina 1 que cruza Suiza de lado a lado. A continuación, algunas notas sobre la historia, la motivación y el plan a grandes rasgos para este viaje.
Northumberland and The Cheviots

North Pennines

Yorkshire Dales

South Pennines

Muddy boots are welcome
Breve relato de lo que pasa durante 13+1 días recorriendo el Pennine Way y algo más. Con fotos.

Páramo, nubes y, en medio, el Pennine Way
| Lugar | Norte de Inglaterra |
| Época | Abril/Mayo 2014 |
| Distancia | 465 km |
| Duración | 14 días |
En cierto modo, aquí empezó todo; no para mí, para el viaje a pie recreativo. Caminar por Inglaterra es hacerlo por la historia de esta actividad y el Pennine Way es la ruta más emblemática. Es imprescindible probarlo e impregnarse del ambiente.
Bibliografía
Si hay un libro de Cicerone, ya no busco más. La guía del Pennine Way está a la altura de los elevados estándares de esta editorial: es informativa, fácil de leer, práctica, está bien organizada y es lo suficientemente recia y compacta como para que merezca la pena llevarla encima. En inglés.
Inicio: Kirk Yetholm
Fin: Jedburgh
Distancia: 30 km
En Kirk Yetholm, el Pennine Way coincide y se cruza con otra ruta, la de Saint Cuthbert, que une los puntos focales de la actividad monástica de dicho personaje a lo largo de la franja fronteriza entre Escocia e Inglaterra y es mi opción clara para seguir caminando. Sólo tengo que decidir entre ir hacia el este o hacia el oeste.
Inicio: Hen Hole
Fin: Kirk Yetholm
Distancia: 16 km
Mi último día en el Pennine Way va a ser muy corto y ya nada puede salir mal. Ya no tengo miedo.
En realidad, aún podría haber dificultades si el tiempo se pusiera feo: la mayor parte de la ruta es por cresta y, para variar, expuesta pero ya nada es igual cuando caminas hacia fin de trayecto y sabes que te esperan la seguridad y la certidumbre de un albergue y un pub. Sobre todo, el pub.
Inicio: Byrness
Fin: Hen Hole
Distancia: 31 km
Entre Byrness y Kirk Yetholm, final de viaje, El Pennine Way deja definitivamente de ser Penino y recorre otras montañas: los montes Cheviot son quizá lo más parecido a una cadena montañosa «de verdad» que se puede encontrar a lo largo de esta ruta. No dejan de ser poco más que colinas romas en alineación simple pero la orografía es un pelín más compleja que a lo largo de los montes Peninos. Hay más «ambiente».
Inicio: Bellingham
Fin: Byrness
Distancia: 26 km
Acabado el sistema Penino, el terreno al norte de Bellingham es una sucesión de páramos ondulados, territorio de horizontes amplios y presencia humana poco perceptible. No voy a decir «poca» presencia humana porque esto no deja de ser Inglaterra pero aquí, en el norte, quizá por primera vez en esta ruta, hay sensación de vacío.











































































































































































































































































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